Vampire Weekend

Cuando aparecieron en escena, en el año 2007, los neoyorquinos Vampire Weekend representaban a la perfección el zeitgeist del momento. Su debut funcionaba como una mezcla engrasada de influencias viejas y nuevas: el latido post-punk que triunfaba en su ciudad, el panafricanismo intelectual y domesticado de artistas como Talking Heads o Peter Gabriel, y un barniz electrónico vibrante y caleidoscópico, que avanzaba a su manera el advenimiento comercial de la EDM. Semejante revoltijo funcionaba gracias al carácter bicéfalo de la banda. Por un lado, Ezra Koenig, vocalista con el grado justo de afectación y una habilidad natural para capturar las pulsiones post adolescentes. Por otro, el productor y hombre de los mil instrumentos Rostam Batmanglij, responsable de la exuberancia y colorido que adornaban las canciones de su compañero.

Esta sociedad funcionó durante dos discos más, “Contra” (2010) y “Modern Vampires Of The City” (2013). Después, la fórmula comenzó a dar signos de agotamiento y la vida en carretera pasó su inevitable factura. Después de la gira Batmanglij dejó la banda y comenzó a trabajar como productor. Koening, por su parte, se mudó a Los Angeles para estar con su novia, la actriz Rashida Jones, y cultivar una incipiente carrera en Hollywood. Todo apuntaba a un posible final de Vampire Weekend, sobre todo porque Koening hablaba de los tres discos ya publicados como de una trilogía cerrada. Una “novela de aprendizaje”, tras la que deberían llegar cosas nuevas.

 

El peso de la madurez

Si “Father of the bride” se hubiera publicado como el primer disco en solitario de Koening, pocos se hubieran sorprendido, ya que en muchos aspectos supone un giro radical respecto al material anterior de la banda. Para empezar, por el tono de las letras, que abandonan la ligereza de otros tiempos para abrazar causas y temas relacionados con la madurez. Es inevitable pensar que su condición actual, es padre desde hace un par de años, tiene mucho que ver con sus nuevas preocupaciones. De ahí esas letras que hablan de relaciones consolidadas, responsabilidades personales, compromiso social y el desastre climático. Aunque otras cuestiones, como la omnipresencia de las redes sociales, o las reflexiones (muy tibias) sobre conflicto palestino, resultan un lugar demasiado común. El tipo de conversaciones que un adulto de mediana edad utiliza en una tertulia con los amigos.

Un giro hacia la psicodelia

Más interesante, en comparación, resulta el capítulo de la música. “Father of the bride” está construido como un collage sonoro, en el que cada canción funciona como un pequeño universo. Capítulos de un viaje imaginario por la psicodelia de finales de los sesenta: ellos mismos citan el “White Album” de The Beatles como influencia fundamental. Algo que se traduce en estallidos coloristas, progresiones instrumentales abigarradas y ecos de inspiración global (que no siempre funcionan: por ejemplo, los toques “aflamencados” de “This life”). Todo encerrado en el interior de una producción densa y orgánica, en la que ha perdido mucho peso el componente electrónico. Batmanglij todavía se ocupa de la producción de algún tema, aunque ya como mercenario.

Y eso sí, se nota que se trata de un disco para escuchar en el formato de doble vinilo. En caso contrario, “Father of the bride” funciona como una película del Hollywood actual: larga, expansiva y repleta de giros de guión. Algo, por cierto, que quizás sea premeditado, ahora que Koening parece dispuesto a ensanchar el público de su banda lo máximo posible. Habrá que descubrir si los seguidores tradicionales de Vampire Weekend han evolucionado de la misma manera, y se ven reflejados en este nuevo mundo adulto.

vampireweekendes.lnk.to
www.vampireweekend.com

Father of the bride (Sony, 2019). Cover.
Father of the bride (Sony, 2019).

Texto: Vidal Romero

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