Floating Points

Después de dos discos densos y complejos, en los que tuvo que asumir los papeles de líder espiritual y director de orquesta, Sam Sheperd ha decidido darse un respiro y volver a los primeros tiempos de Floating Points. A esos tiempos en los que le bastaba con enchufar las máquinas y tocar unos cuantos botones para levantar himnos como Peoples Pontential, capaces de sacudir la pista de baile.

La nueva criatura de Floating Points, Crush (Ninja Tune, 2019), parte de esa energía primitiva y esencial, pero también contiene pasajes experimentales y un cuidado trabajo de texturas, fruto de su reciente obsesión por los equipos modulares y los sintetizadores analógicos. Esto significa que nuestro hombre puede haber aparcado de momento a su banda, pero sigue empeñado en construir piezas de naturaleza compleja y orquestal, aunque sea de un modo virtual. Desde su casa en Londres, y tras comentar que la entrevista girará acerca de su nuevo disco y de su próxima actuación en el festival MIRA 2019 SON Estrella Galicia, Sheperd me pregunta si vivo en la ciudad de Barcelona.

 

Floating Points y el gazpacho

En realidad llamo desde Sevilla, en el sur de España.

Ah, me encanta tu ciudad y Andalucía. El año pasado pasé allí una semana, después de que se cancelara a última hora un festival en el que iba a tocar, Into The Valley. Tenía que volar unos días después a Barcelona, así que no me compensaba volver a casa en Londres. Decidí quedarme y hacer un poco de turismo, algo que no me puedo permitir muy a menudo. Todavía me acuerdo de un gazpacho de naranjas que comí en Antequera.

Conozco muchos tipos de gazpacho, como los de fresas, sandía o remolacha, pero creo que nunca he probado uno de naranjas. ¿Estás seguro de que era un gazpacho y no un remojón?

Sí que lo era, estaba hecho con aceite, ajo y pan. Había ido a conocer El Caminito del Rey y el Torcal, y paré a comer en un lugar que me habían recomendado, Arte de Cozina. Tío, aquel sitio es espectacular, tienes que ir.

Te aseguro que lo haré. En aquella época debías de estar trabajando en Crush. Según parece, la semilla del disco germinó durante una gira que hiciste con The XX hace un par de años.

Durante algún tiempo estuve obsesionado con un disco de Harmonia, Live 1974. Me fascina la sencillez con la que está hecho, que con unas cajas de ritmos tan sencillas como las que había en esa época,un puñado de delays y algunos arpegios básicos fueran capaces de conseguir un resultado tan hipnótico. Mi intención era probar algo parecido, con poco equipo y mucha improvisación, así que cuando The XX me ofrecieron acompañarlos en su gira como telonero vi la oportunidad perfecta.

Música loca y libre

Entonces, ¿saliste de gira con sintetizadores de los 70?

No estoy tan loco [risas]. Llevaba un pequeño Buchla, que había comprado poco tiempo antes, un sintetizador Yamaha y un par de cajas de ritmos. Un equipo fácil de transportar, perfecto para improvisar sonidos extraños, una música loca y libre, muy divertida de hacer. Imagino que para el público habitual de The XX aquello sería terrible, pero para mí tocar delante de tanta gente es siempre un subidón de energía.

Imagino que tocar de ese modo tendría también algo de liberación, después de haber salido de gira con una banda de quince músicos.

Tocar con una banda es mucho más complicado a todos los niveles, pero tiene también muchas compensaciones. Por supuesto, están la complicidad y la camaradería con otros músicos, el hecho de no sentirte tan solo cuando estás de gira. Pero, sobre todo, si tocas solo tienes que llevar muchas partes del espectáculo pensadas y grabadas de antemano. No puedes improvisar con tanta facilidad como cuando tienes a un montón de gente a tu alrededor.Parece un contrasentido, pero tocar con una banda te da más libertad que hacerlo por tu cuenta.

Floating Points

 

El espíritu de la improvisación

¿Cómo trasladaste toda esa energía al entorno del estudio de grabación, donde no existe el subidón del público?

En el estudio utilicé el mismo equipo que había llevado en la gira, y algunos aparatos más que no son fáciles de llevar de gira, como un Rhodes Chroma. Y la verdad es que tardé mucho más tiempo en controlar bien los aparatos que en grabar las canciones definitivas. Estuve meses aprendiendo a programar y a entender cómo funcionan esas máquinas. Incluso tuve que llamar a un ingeniero para que me programara un interfaz con el que controlarlas. Pero una vez que me puse a grabar todo fue muy rápido: solo necesité cinco semanas. O sea, que ese espíritu de improvisación de los directos está presente en el resultado final. Varias de las canciones son improvisaciones, algunas incluso son primeras tomas que se quedaron tal y como las grabé.

El proceso era siempre el mismo: le daba al botón de grabar y me ponía a tocar a ver qué pasaba. Hay fragmentos que están editados, porque las improvisaciones podían durar horas,pero solo tenían alguna parte aprovechable. Y también hay añadidos, arreglos y canciones construidas de una manera más tradicional. La última canción, por ejemplo, surgió alrededor de una melodía de piano con la que intentaba resumir todo el resto del disco.

La búsqueda de sonidos que no existen

La mayoría de las canciones son cortas, por lo menos comparadas con tus dos discos anteriores ¿Es el resultado de grabar con un equipo tan reducido o hay también una voluntad de eliminar todo lo superfluo y buscar un resultado más minimalista?

Hay un poco de las dos cosas. En los discos anteriores el proceso de composición era siempre laborioso y muy complejo. Entre la primera improvisación al piano y el resultado final podían pasar varios años. Cuando por fin terminaba una canción había pasado por tantos estadios de edición, escucha y producción que sentía un cierto odio por ella. En plan «no quiero volver a escuchar esto nunca más». En este caso, la intención ha sido diferente por completo. Se trataba de hacer todo lo más rápido posible, de capturar la emoción de cada momento. Y por ahora no me he aburrido de escuchar el disco, algo que creo que es positivo [risas].

Imagino que por eso hay tantos experimentos encerrados en el disco, tanto con los ritmos como con las texturas.

Siempre me han interesado las texturas, me gusta buscar y diseñar sonidos que no existan o que, al menos, yo no haya escuchado antes. Como te he dicho, dediqué mucho tiempo amontar y dominar el equipo con el que decidí grabar el disco. Trabajar con sintetizadores modulares es algo complicado, porque cada elemento que añades afecta a los demás de maneras insospechadas, y muchas veces llegas a callejones sin salida. Pero al probar y forzar sus posibilidades se producen casualidades que pueden ser maravillosas. Es un trabajo arduo, porque puedes dedicar horas, incluso días, para obtener un par de minutos que te sirvan; pero también es muy gratificante.

 

Floating Points exprimiendo con aparatos y sonidos

¿Es entonces a esa manera de trabajar, exprimiendo los aparatos y los sonidos, a la que se refiere el título del disco, Crush?

No se me había ocurrido verlo de ese modo, aunque podría utilizarlo en alguna entrevista[risas]. La verdad es que tiene que ver con la situación política que estamos viviendo. Cada día que pasa vemos cómo todo a nuestro alrededor se complica más y más; el tornillo no deja de apretarse, a pesar deque la gente está muy mal y la vida cotidiana se ha vuelto insufrible. Escucho las noticias y me asaltan sentimientos aplastantes: por un lado tengo la esperanza de que algo mejore, pero por otro lado sé que todo estallará por los aires tarde o temprano.

Desde luego, esa energía explosiva parece haberse filtrado a varias de las canciones, en particular las más cercanas a la pista de baile, me recuerdan a los maxis que publicabas hace seis o siete años.

Es una sensación que también comparto, y que tiene cierta lógica, porque he vuelto a trabajar como lo hacía al principio: enciendo unas cuantas máquinas y grabo con mucha rapidez. Esa libertad de movimientos es algo con lo que disfruto mucho,y que echaba de menos después de los discos anteriores.

Solo en el escenario, con un puñado de aparatos

¿Y qué tipo de espectáculo vas a llevar en tu gira, ahora que no eres el telonero, sino el artista principal?

En realidad, será muy parecido a lo que hice en la gira con The XX. Estaré solo en el escenario, con un puñado de aparatos, aunque ahora los conozco más a fondo y espero que el resultado sea mejor. En cuanto al apartado audiovisual, seguiré colaborando con Hamill Industries. Llevamos diez años desarrollando un sistema que responde a la música que hago en cada momento, pero que también reacciona al comportamiento del público y lo traduce a imágenes e iluminación. Es muy interesante, porque evoluciona junto al espectáculo, aprende a la vez que yo lo hago.

Crush se ha publicado en Ninja Tune. Es una decisión interesante, si tenemos en cuenta que siempre has tenido tus propios sellos para evitar imposiciones en tu carrera.

Casi siempre me he ocupado de todo el proceso yo mismo, y la verdad es que se trata de un trabajo excesivo para una sola persona. Organizar los viajes y las grabaciones, ensayar con la banda, preocuparse de los pedidos y de la promoción. Está bien poder liberarme de todas esas ocupaciones y concentrarme solo en la música. Y más con la tranquilidad que me da estar en un sello como Ninja Tune, en el que comprenden a la perfección la música que hago, y que dispone de un equipo humano impresionante. Recuerdo épocas en las que sentía alivio cuando era capaz de arañar un par de horas sin tener que atender obligaciones laborales.Creo que por eso fui tan feliz en Andalucía, con toda una semana para visitar lugares tan bonitos como Ronda y sin más preocupaciones que pensar en dónde iba a comer cada día.

floatingpoints.co.uk

Entrevista: Vidal Romero
Foto de Floating Points: Dan-Merhurst

 

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MIRA

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