El cuerpo áspero del satélite terrestre, el movimiento irregular de Venus, las manchas en el Sol, todo lo que se tenía por incorruptible y quieto cambió de orden cuando Galileo publicó su Sidereus Nuncius. Conmoción en el ánimo de quienes anhelando un mundo de esferas de éter encontraron que la sustancia de las Nebulosas era, cuando menos, muy diversa a lo que hasta entonces se había creído. Y ese cielo alterable, esa Nébula casi orgánica y a la deriva es la que Murcof & Lakatos nos han presentado en esta nueva edición del LEV.

Un año más, y ya en su decimo segunda edición, el Laboratorio de Electrónica Visual ha congregado en Gijón (Asturias) a nuncios estelares, astrónomos de los cielos alterables y de sus sonidos cósmicos. En las instalaciones Diapositive 1.2 (Children of the Light) y Synspecies (Elias Merino & Tadej Droljc) se han mostrado interesantes piezas de experimentación sonora y visual. Amalgama de arte y tecnología manufacturada por artistas tan polivalentes como Murcof: capaz de ambientar con destreza profesional tanto una sesión entre árboles y arquitectura popular, como el cine experimental de Patrick Bernatchez o la instalación con la que abríamos este artículo; Nébula.

Tan gran y devastador espectáculo dejó Galileo, que quienes habitaban la Tierra ya no pudieron buscar armonía en las estrellas sino en el orden matemático que expresaba sus flujos. Lentes y aritmética se apartaron de los astros y se volvieron hacia el escenario primero de la corrupción; la Tierra y sus infinitas partículas indivisibles. Telescopios y microscopios, también estos últimos en el LEV de la mano de Martin Messier & Yro. En el escenario del Teatro de la Laboral relataron con precisión el sonido y la luz de las cenizas; Ashes. En el LEV conocíamos a Messier por su orquestación para máquinas de coser, también como solista de los campos electromagnéticos y como compositor del espectro blanco de la luz. Tras tales aventuras no nos cabía duda de que saldría bien parado de este nuevo proyecto; hacer sonar el principio generador, autoformado e inmanente a todas las cosas.

La pasión por los primeros elementos no sólo estuvo presente en el fuego y las cenizas de Messier sino también en el nuevo proyecto de Uge Pañeda; Arkhé. Principio del que todo surge, al que todo vuelve y del que todo está formado que la artista interpretó en cuatro tiempos: hibridación de techno, electro, ópera y sonido de minas abandonadas en estas tierras del norte. Pero también el sonido primigenio del cuerpo, la danza interpretada por los espectadores reunidos en las naves de Laboral.

El cartel del LEV siempre ha compartido una mirada de género combativa contra el hecho de que, siendo muchas las mujeres presentes en el terreno de la electrónica y el arte visual, su visibilidad sea menor y su crédito no siempre justo. Nadie más representativo de este discurso que Sussanne Kirchmayr, adalid de female:pressure y presente en el LEV abriendo la noche del viernes. Electric Indigo nos dejó su sonido en evolución, de la abstracción al concepto, y un extraordinario buen hacer con el que transitamos de la ética a la estética.

En esas mismas naves actuó dos noches consecutivas el polifacético Uwe Schmidt. Sus más de veinte alias y proyectos tan dispares como Señor Coconut y Atom, hablan de la creatividad y diversidad de intereses  necesarios para generar nuevos modelos de experimentación electrónica. En su première mundial de Deep state nos propuso sonidos heterogéneos, oscuros, y quiméricos e imágenes que  hablan del desorden en el orden, de la psicopatología en la oficina, de las calles como campos de batalla, del sistema represor y la distorsión de la realidad cotidiana. El artista alemán, como el mensajero de las estrellas, ha elegido desvelar el escenario de la corrupción y su sonido así lo expresó.

Incomoda saberse habitante de un mundo en decadencia y, tal vez por esa misma razón, incomoda el arte que lo desvela. En una entrevista reciente con Rabit, el artista oriundo de Houston afirmaba: “Kim Kardashian y Donald Trump son las flores del mal”. Y con audacia, retoma la voz baudeleriana del desgarro moderno y la acompaña de chelos y estridentes risas infantiles o, tal vez, agudos maullidos de gatos. Experimento sonoro tan innovador, subversivo y atrevido como el sello Halcyon Veil y que pudimos disfrutar como colofón a las actuaciones del Lev en el Teatro de la Laboral. Cada época debe traducir a los grandes, reinterpretarlos desde otros lenguajes artísticos para revivirlos y sentirnos vivos y así lo hace Rabit mestizando a Baudelaire con Throbbing Gristle y Coil, convirtiendo en desasosiego carnal lo sacro de Tim Hecker y transformando el anhelo eufónico de Meta concrete en el desgarro de una deambulante Cecilia que, sobre el escenario, recita: “Vengas tu del infierno o del cielo, ¿qué importa?, ¡Belleza!, monstruo enorme e ingenuo, mas temido”.

Performance, música en directo, arte visual y, por supuesto, danza. Todas las artes reunidas en el LEV y, a su vez, aunadas en un solo espectáculo: Intensional Particle. La danza de Umeda congregó el volumen y la masa con los que tradicionalmente interactúan los escultores; reunió los elementos cromáticos y geométricos de la pintura; sumó tiempo y acústica propios de la música. Por segunda vez el LEV nos ha permitido acercarnos a este extraordinario artista multimedia y, también por segunda vez, Umeda ha conseguido homologarse al concepto wagneriano de arte total.

Síntesis de artes por cuya senda nos ha permitido transitar el LEV durante estos cuatro días. Días de alianzas con la vanguardia y noches de la mano de los Sidereus Nuncius del siglo XXI: Loscil, Michela Pelusio, Norwell, Lucrecia Dalt, Schnitt… Obstinados mensajeros de las estrellas como custodia del destino humano.

www.levfestival.com

Texto: Susana Carro
Foto: Piru de la Puente

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