Fasenuova

Armados con un puñado de sintetizadores y caja de ritmos que se caían a pedazos, Fasenuova aparecieron en el panorama español como un vendaval. Un dúo a caballo entre el noise, el rock y la música electrónica, con vocación ácida y maneras violentas. Quince años después, tras muchos codazos y muchos kilómetros recorridos, decidieron fichar a Óscar Mulero para que refinara y musculara su sonido. Y el resultado es “Aullidos metálicos” (Humo, 2016), un disco herrumbroso y salvaje, arisco y repleto de mala baba. Y que además, sirve para bailar perfectamente, como podrán comprobar los que asistan a la segunda edición del Ombra Festival, que se celebra los días 29 y 30 de noviembre en Barcelona.

 

Energía rebelde

Hace un par de años estuve en Asturias por primera vez, y una de las cosas que más me sorprendió fue el paisaje brutal de industrias abandonadas. Esos edificios oxidados y en ruinas que puntúan el horizonte de vuestra comunidad. Mieres es uno de los lugares que más sufrieron el proceso de desindustrialización que desembocó en todo eso. ¿Cómo resulta crecer y vivir en un entorno como ese? ¿Tiene algo que ver con el carácter radical y correoso de cierta música hecha en Asturias?

A menudo nos sorprende la imagen que se tiene de Asturies. Desde fuera parece una tierra rebelde y contestataria, pero nosotros no la vemos así. Asturies es un lugar rendido, apático, que desconoce su propia historia y cultura. Hace falta mucha energía rebelde, más allá de las apariencias, porque vivimos de ciertos mitos que pertenecen al pasado y que ahora solo son eso, mitos culturales. ¡Cuánto se necesita pasar a la acción! Dejar la nostalgia y el pasado y ponerse manos a la obra para cambiar, de verdad, el presente de esta tierra. En cuanto a la música de aquí, es verdad que hay mucha gente haciéndola bien, de eso no cabe duda.

Raíces en los ochenta

Las raíces de Fasenuova se encuentran en los ochenta, una época en la que tocar música como la que hacéis (industrial, electrónica) resultaba mucho más complicado. Tanto a nivel de la tecnología disponible, como en lo relativo a espacios para tocar o las posibilidades de desarrollar una carrera discográfica. ¿Qué queda en Fasenuova de esa época?

Pocas cosas quedan del pasado, la nostalgia es mala compañera. Trabajamos con máquinas más capaces, samplers que ridiculizan a nuestras viejas cajas de ritmos, pero los usamos para expresarnos de la forma más inmediata posible. Para que entre la idea y el resultado haya el mínimo tiempo de latencia. Luego, todo pasa por un proceso más lento, un ensamblaje minucioso que puede durar años. Es imposible ignorar el paso del tiempo. Hace un par de años vimos la nueva temporada de Twin Peaks de David Lynch. Es un hombre muy mayor, pero su salvajismo es terrorífico, ningún joven lo iguala. Invocamos esa fuerza ahora que afrontamos muchos trabajos creativos en sus etapas cuasi-finales.

Lluvia de techno sobre La Real

Por último, Asturias fue también la cuna de la explosión del techno en la cornisa cantábrica, con La Real como epicentro de ese movimiento. ¿Cómo vivisteis esa época? ¿Qué poso ha dejado en vuestra manera de hacer música?

La vivimos como parte del entorno, gente que participaba de forma bastante asidua, aunque sin ser de los que estaban cada fin de semana en pie, durante los cuatro o cinco años que duró la parte más intensa. Recuerdo estar allí de una forma un poco resabiada, porque veníamos de escuchar mucha música electrónica y aquello era como una especie de triunfo. La culminación de unas estéticas que hasta entonces estaban más apartadas. Aunque nuestras raíces más íntimas siguieron mucho tiempo en la sombra, pasaron décadas hasta que los jóvenes tuvieron una cultura musical de verdad amplia y se supieron la lección de cabo a rabo. Eso fue muy importante, y ya sucedió en la primera década de los dos miles.

Volviendo al tema, éramos asiduos de la Real (“la Royal”, como la llamábamos entonces), nos dejaban entrar siempre a toda la pandilla. Una panda de meter miedo: era para vernos, muy cañeros, muy punks, cerrados en la electrónica pero con mucho Throbbing Gristle y Suicide a las espaldas. Pillábamos unos ciegos enormes, antológicos. También íbamos a “La Fábrica” en Xixón, al FM en La Pola, al “Química”, al “Metrolpol”, al Cristal en Lluanco. ¡Lo alucinante del caso es que íbamos a todos estos sitios, y a muchos más, de cuyo nombre no queremos acordarnos, en el mismo fin de semana! En los recuerdos también están las carreras aceleradas por la autopista “Y”, al borde de día y de la noche, o ya a pleno sol, al borde también de la muerte.

Siempre nos dio la impresión de que esa, podemos llamar escena, era especial. Que en otros lugares del estado existía, pero que aquí tenía especial virulencia. Venía Jeff Mills cada poco, Óscar Mulero ni te cuento, sesiones históricas, gente de aquí, Higino, Eulogio. Gente que nos enseñó muchas cosas, mucha música, rápidamente aparecieron los más jóvenes: Guisa, Álex. Muy buenos. Ahí siguen, a un nivel altísimo, tenemos compañeros aquí que están para dar lecciones, no para recibir ninguna. Como resultado rastreable en nuestra música está toda la temática del baile, todos nuestros pasajes dance, que siempre tenemos muchos, la idea de ciudad, de urbe infinita, la idea de las autopistas. Y más que por una razón puramente estética, esas ideas están ahí por haberlo vivido. A veces como en sueños, debido a los estados alterados de conciencia.

 

Mezclando electrónica y rock

Cuando comenzasteis con Fasenuova, hace unos quince años, el formato de dúo con máquinas era muy poco habitual en España. También era poco habitual mezclar electrónica y rock de la manera en la que vosotros lo hacíais. ¿Supuso eso tener que inventar algún tipo de circuito propio? ¿Fue una ventaja o un inconveniente?

En España, los circuitos se van creando de generación en generación. No existe ningún rastro del circuito anterior, aquí nada permanece, todo el mundo empieza de cero. Es una pena, se trata de un contexto donde la cultura vive en la precariedad y en el abandono más triste. Nosotros fuimos parando por cada garito del circuito del rock con desigual resultado, pero ampliando poco a poco el horizonte. Nos beneficiamos de ese circuito, y algunas veces íbamos ganando público a nuestra causa.

Creo que coincidió con un momento donde había cierto aperturismo, cierto cansancio del rock de siempre. No se puede dar la matraca con lo mismo, todas las bandas iguales, los mismos clichés, las mismas tonterías. Éramos una anomalía, y todavía lo somos en parte, pero una anomalía que se propuso existir y que fue de una forma u otra aceptada, permitida. Queda mucho camino por recorrer, sobre todo a nivel creativo, o al menos esa es nuestra impresión. Nos da la sensación de que todavía no hemos hecho nada.

Minimalismo en las formas y agresividad en el fondo

Desde el principio, vuestra música ha sido minimalista en las formas y agresiva en el fondo. Lo primero, ¿es una decisión estética, o tiene que ver también con el hecho de manejar un equipo reducido, en plan guerrilla?

Queremos expresarnos con pocos elementos y no llenarlo todo demasiado, nos gusta así. Luego hemos tenido que avanzar con el mismo equipo durante décadas, no podíamos permitirnos mejores instrumentos. Tendrías que ver cómo está el MS20 o la 606, parecen de papel. Es increíble que todavía funcionen. Viajamos como un comando, como una expedición. Es la vida del artista guerrillero.

Y en cuanto a lo segundo, ¿es una consecuencia de pensar antes en cómo sonarán los directos que los discos?

Trabajamos en los discos y en los directos de formas muy distintas, separamos esos procesos. En los discos siempre contamos con algo más de equipo, pero para el directo lo compactamos, que sea portátil y ligero.

Los directos de Fasenuova son también bastante minimalistas: algo de iluminación (generalmente escasa) y mucho volumen. ¿Es, de nuevo, algo premeditado, o si las circunstancias lo permitieran trabajaríais más la puesta en escena?

Si tuviésemos más medios trabajaríamos más en la iluminación y el escenario. Hace poco diseñamos y confeccionamos unos elementos para poner sobre la escena y todo fue lamentable. En muchos festivales no dejaban que lo pusiéramos, en muchos garitos no había infraestructura, tiempo o ganas para ponerlos. Es un país difícil para cualquier cuestión que no sea inmediata.

Un universo lleno de referencias

A diferencia de lo que sucede con muchos grupos, que no son capaces de mirar más allá de la música, las referencias de Fasenuova abarcan la literatura, los cómics, el cine, la filosofía y hasta los ensayos científicos. ¿Cómo se filtran estas referencias en la música y las letras de Fasenuova?

Escuchamos mucha música, y lo que nos parece más importante, mucha música actual. Nos gusta lo que se hace ahora, ninguna música del pasado es mejor que la actual. Por lo demás, el hecho de leer, de pasar tiempo en una exposición, de amar el cine, es algo que nos ha convertido en lo que somos. Es nuestra manera de vivir, nuestra estrategia vital para estar bien, o al menos para estar lo mejor posible.

He leído varias veces que Fasenuova sois un proyecto colaborativo y democrático. Así que, ¿cómo escribís vuestras canciones?

Enchufamos el equipo y nos ponemos a tocar. Así van saliendo los temas, las letras, todo sobre la marcha. Lo llamamos “All up test”, que es un término de la NASA, de la era del proyecto Apolo.

La bendición del maestro

Vuestro último disco, “Aullidos metálicos”, supuso un gran avance en cuanto al sonido de la banda. Por un lado, tenía más desarrollos y partes instrumentales (era, en ese sentido, menos “bofetada en la cara” que los dos anteriores). Por otro, el sonido en sí era mucho más afilado y definido. ¿Cuánta importancia tuvo en esta evolución la figura de Óscar Mulero?

Toda la importancia, nos enseñó muchas cosas, incluso adoptamos parte del equipo que utilizamos para la producción del disco. Aprendimos nuevas formas de componer, nuevas tecnologías. Por ejemplo, empezamos a usar una MPC, se abrió un mundo nuevo. Todo eso se va a ver ahora, en lo que sigue.

¿Por qué decidisteis trabajar con él?

Es fácil querer trabajar con Óscar, cualquiera querría. Se nos ocurrió, se lo dijimos y aceptó. Las cosas de este tipo suceden de una forma sencilla y directa. Fue muy fácil trabajar con él y nosotros le dimos muy poca guerra. Cuando das con gente de mucho conocimiento las cosas son más fáciles.

Un paso hacia el futuro

En el sonido de Fasenuova siempre ha existido una cierta influencia de estilos propios de los ochenta, como la EBM o la música industrial. Estilos que, en los últimos cuatro o cinco años, parecen haberse vuelto a poner de moda. ¿Os ha beneficiado eso, después de tanto tiempo de predicar en el desierto? ¿Os sentís pioneros de algún modo?

No queremos ser pioneros, y nunca nos planteamos ni siquiera haberlo sido. De hecho, antes que nosotros había mucho camino andado, allí y aquí. Queremos pertenecer a este tiempo, a este momento del mundo, ser del ahora, ni tener demasiadas raíces ni querer ir delante de nada. Dar con nuestras creaciones, terminarlas bien, enseñarlas, subirnos a los escenarios. Ese es nuestro propósito.

La última pregunta es inevitable: han pasado casi tres años desde que se editó “Aullidos metálicos”. ¿Estáis trabajando en un disco nuevo? Si es así, ¿qué podéis avanzar sobre él?

Respondemos a estas preguntas justo antes de entrar a ensayar nuevos temas. Será un disco maravilloso, lo decimos convencidos. Amamos nuestra música, tenemos mucho que contar, quizás tanto que lo más difícil es ordenar la cantidad de material que estamos manejando. Nos morimos por sacar todo esto que tenemos delante y nos quema en las manos.

fasenuova.bandcamp.com

Entrevista: Vidal Romero

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