Como si un tren de mercancías me hubiera pasado por encima. Así acabé tras el visionado de “Oasis: Don’t Look Back in Anger”, el documental dirigido por Dylan Southern y Will Lovelace y con un guión a manos de Steven Knight, creador de Peaky Blinders. La película narra el regreso de la banda mancuniana 16 años después de que Noel Gallagher, compositor principal del grupo, tras la enésima bronca con su hermano pequeño Liam, frontman de la formación, donde éste destruyó una guitarra antes de salir al escenario del festival Rock en Seine en Francia un 28 de agosto de 2009.
“Oasis: Don’t Look Back in Anger”, un reencuentro marcado por la emoción y la música
Dieciséis años de separación, en el sentido más literal posible de la palabra, entre hermanos hasta que en 2024 se anunció un regreso para una gira para buena parte de 2025, primero en UK e Irlanda y más tarde en diferentes países fuera de Europa. Un fenómeno que para sus fans más irreductibles, tanto los de los 90 como las nuevas generaciones que han crecido con sus canciones manteniendo el legado vivo, ha sido como la segunda venida de Cristo. Se remarca es tanto una reconciliación y aceptación de uno con el otro, como el gran peso de su obra y su impacto a nivel mundial en la gente. Y en esa doble vertiente se maneja un film, que con sus pequeñas taras y ritmo por momentos repetitivo consigue convencer con la emoción siempre por delante. Seas dan o no.
Tras un breve contexto de la trayectoria de los años dorados de la banda, para esto recomendamos el visionado de “Supersonic” (2016), y posterior separación. El documental arranca con el primer día de ensayos, donde se palpa cierta tensión por la incertidumbre del reencuentro. A partir de ahí el film se sostiene en tres pilares, los testimonios de ambos hermanos sobre su relación y su descripción de lo que supuso esta gira, los momentos musicales con diferentes himnos tocados en diferentes conciertos de la gira y pequeñas historias de fans que ponen el énfasis en la importancia del lenguaje universal que los Gallagher han creado a través de sus canciones.

Noel, cuando perdonar es sanar
Noel Gallagher no perdona. Es lo primero que escuchamos de él. Fue quién siempre se negó a un regreso y quien siempre mantuvo la puerta cerrada. En ese sentido Don’t back in anger es su película. El arco narrativo del creador de temas como ‘Live Forever’, ‘Acquiesce’, ‘Hello’, ‘Stand by me’ o ‘Slide Away’ es el motor de la película cuando se centra en la relación entre hermanos. Sus dudas en los ensayos respecto a la actitud de su hermano, sus nervios y la tensión hasta casi llegar al colapso antes de la primera actuación en Cardiff Está metido en esto pero no sabe si va a salir bien. El miedo a la incertidumbre que tiene todo hijo de vecino con un elemento desestabilizador en el pasado como fue su hermano menor.
Su evolución hasta que comprende lo que significa Oasis para la gente y sus reflexiones de conciencia de clase y de pertenencia son oro molido. En ese sentido es su película porque le ves padecer y también disfrutar. Porque entiende que perdonar es sanar y que por suerte ha tenido tiempo para darse cuenta de lo que es recuperar, no solo a posiblemente la banda más exitosa del momento, sino también a un hermano y a unos sobrinos. En definitiva, a su familia.
Liam, cuando madurar es cuidar
Liam Gallagher es el gran dinamizador del film. El más polvorilla de ambos hermanos sigue siendo un showman con intervenciones divertidas, lúcidas y hasta sensatas. Él ha sido el que más ha insistido durante los últimos años para este regreso. Su actitud escrupulosamente profesional en los ensayos -no me cabe duda que influenciado por Eric Cantona cuando rodó el videoclip de su canción ‘Once’- y su manera de percatarse de cómo su hermano mayor está emocionalmente noqueado en el momento de salir a su primer concierto de la gira manejando la situación para darnos la foto que ilustra el documental, da los mejores momentos del film.
Es más que recomendable ver su documental “Liam Gallagher: As It Was” (2019) para entender su grado de madurez profesional, aunque continúe vociferando que él es el fucking Liam Gallagher. Quizá el último rockstar genuino que nos queda y quien mejor sabe colocarse una pandereta sobre su cabeza.

Oasis y el poder de la gente
La relación de los Gallagher y un perdón que jamás nos es mostrado, pero tampoco se necesita porque se siente, es el gran leitmotiv del film. Pero su alma reside en la gente. Oasis y su legado es del pueblo al que ellos mismos pertenecen y con los que se reconocen. Se nos documenta una gira y todo pivota sobre esos conciertos y cómo se vive en diferentes partes del mundo con historias de particulares. Desde un superviviente de los atentados de Manchester hasta un hincha de San Lorenzo, desde una pescadora nipona hasta un policía en Cardiff encargado de la seguridad. Todo ello aderezado con decenas de tomas de gente cantando, llorando y en definitiva sintiendo todo lo que le provoca el regreso de la banda en diferentes generaciones.
Esto último algo que por momentos puede hacerse pelín reiterativo a partir de la segunda hora del film, donde se guarda el gran plot-twist del mismo. El segundo lunar que se le puede achacar es la falta de testimonios de otras personas cercanas a la banda, el caso más sangrante es el de Paul ‘Bonehead’ Arthurs, al que el mismo Noel considera responsable del sonido de Oasis, tanto en este documental como en “Supersonic”, y su participación llega a ser casi testimonial para su importancia. Sobre todo teniendo en cuenta que en medio de la gira superó un cáncer de próstata y es algo totalmente obviado). Casi llega a la anécdota como el acertado homenaje que ambos hermanos rinden a Gary «Mani» Mounfield, legendario bajista de The Stone Roses y Primal Scream.
El mundo necesita amor
Aún así lo que queda claro con “Oasis: Don’t Look Back in Anger” es que además de ser una treta comercial para que a partir de hoy lunes 14 de septiembre nos volvamos locos para conseguir una entrada en su esperada gira de 2027, nos radiografía un evento único. Con la pasión de un partido de fútbol. Con un fervor casi religioso. Y con un mensaje final a ritmo de ‘What the World Needs Now Is Love’ del compositor Burt Bacharach. Más directo imposible.
Dos horas de emoción a raudales hecho para los que siempre tuvieron fe en esta vuelta, para los que la vivieron y para quien quiera acercarse por primera vez a quien podrían ser los herederos naturales de The Beatles.

Texto: Sergio Bifeis
Fotografía cabecera: Simon Emmett








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