Lo que comenzó como un divertimento, el resultado de juntar a varios amigos en un estudio para ver qué sucedía, ha terminado por convertirse en un abestia tan grande que incluso amenaza cin devorar la carrera de sus componentes. Moderat, el proyecto al que Modelselektor y Apparat dieron forma en 2009 (después de una primera intentona, a modo de maxisingle, en 2003), alcanza su mayoría de edad con un tercer disco pensado antes para la escucha casera que para el disfrute en el club. Una colección de canciones introspectivas y delicadas, en las que el formato de canción pop se estira para alcanzar territorios desconocidos, dentro del vocabulario habitual que manejaba el trío hasta la fecha.

“Al principio no sabíamos muy bien cómo sacar adelante nuestra colaboración y probábamos cosas diferentes, así que Moderat I (2009) consiste en gran medida en Modeselektor y Apparat remezclándose entre sí” . Desde su estudio en Berlín, en un descanso de los ensayos para la gira de la banda, Sascha Ring explica cómo ha cambiado la manera de trabajar de Moderat desde aquellos primeros días: “Fue después de tocar juntos durante algún tiempo cuando comenzamos a sentirnos como una banda auténtica, y eso nos permitió dar forma al segundo disco de una manera más colectiva, pero ha sido con Moderat III (Monkeytown Records, 2016) cuando por fin hemos alcanzado la confianza suficiente como para escribir canciones de una manera más ‘tradicional’. Por supuesto, para llegar hasta aquí hemos tenido que grabar mucha música de un modo más espontáneo, con jam sessions e improvisaciones que nos han permitido descubrir nuestras virtudes y nuestras carencias”.

Después de escuchar Moderat III, lo primero que me ha llamado la atención es que no contiene muchas canciones de baile. Se trata, más bien, de una colección de canciones de tono íntimo, mucho más apropiadas para escucha casera que para bailar en un club. En realidad, Moderat nunca ha sido exactamente un ‘proyecto de club’, pero es cierto que este disco ha terminado por convertirse en una criatura muy introvertida, al menos desde mi punto de vista. Y digo esto porque no todos dentro de la banda comparten esa percepción, y eso es lo interesante, que al final somos tres caracteres diferentes que se unen para trabajar juntos. Y, bueno, también nos preocupa que la música que hacemos sea capaz de revolver algo en el interior de la gente, algo profundo.

¿Ha tenido algo que ver, en ese cambio de estado emocional, el hecho de que cada vez tocáis menos en clubes y más en festivales, con el necesario sentido del espectáculo que este salto conlleva? Teniendo en cuenta el tipo de locales y festivales en los que estamos tocando, creo que lo último que deberíamos hacer es discos con sonido íntimo. Pero la verdad es que no nos paramos demasiado a pensar en qué sucede con nuestras canciones una vez que abandonan el estudio y llegan a la calle. Cuando haces música tiendes a meterte en una burbuja que te aísla del mundo exterior, algunas veces demasiado.

También tengo la impresión de que existe una sensación de continuidad a lo largo del disco, con algunas de las canciones creciendo de manera natural a partir de las anteriores para establecer un cierto sentido de la narrativa. ¿Era esa la idea, trabajar en algún tipo de concepto a nivel sonoro-literario? Siempre nos ha interesado trabajar el formato de álbum desde una perspectiva narrativa, que sirviera de algún modo para contar una historia. Y no quiero decir con esto que seamos gente superconceptual, porque lo que hacemos suele venir antes del vientre que del cerebro, sino que mientras estamos grabando siempre aparece una especie de línea roja que te marca la dirección hacia la que tiene que dirigirse el disco. Es en ese momento cuando te das cuenta del tipo de material con el que estás tratando y la manera en la que tienes que dejarte llevar para darle una forma apropiada.

La pregunta anterior se refería, en parte, a una cosa que comentáis en la nota de prensa: que entrasteis al estudio sabiendo exactamente lo que queríais hacer. Y ese “exactamente lo que queríais hacer” es lo que me inte resa, sobre todo porque tu voz tiene tanta presencia en el disco que en muchas ocasiones funciona como un auténtico centro de gravedad. En realidad, lo que teníamos claro es que necesitábamos mejorar la forma en la que están estructuradas nuestras canciones. Queríamos que fueran más complejas, pero también que al mismo tiempo resultaran más desnudas, sobre todo en los arreglos y capas de sonido. De algún modo, queríamos alcanzar el núcleo de cada canción y quedarnos solo con eso. Y creo que esa obsesión es el motivo principal de que hayamos tardado un año en grabar el disco: dedicamos muchos meses a buscar maneras de decir lo mismo con menos.

Algunas de vuestras letras tienen espíritu político. ¿Os preocupa todo lo que está sucediendo en Europa? De hecho, hay una canción del disco, Reminder, que estuvo a punto de titularse Europe, y es una de las canciones más oscuras que hemos escrito. Así que sí, por supuesto que nos preocupa todo lo que está sucediendo. Son tiempos muy duros, y todo apunta a que serán aún más duros en el futuro. Sobre todo porque hemos tenido la extraña suerte de vivir durante varias décadas en un mundo en el que no existían grandes tensiones ni preocupaciones. Solo tienes que fijarte en lo increíble que fue la década de los noventa, al menos para los europeos.

En este sentido, tengo la sensación de que muchos de los instrumentos y sonidos escogidos están ahí para subrayar las emociones que transmiten las letras, como si se tratara de ‘espejos sónicos’ o de las distintas escenas de una misma película. Es cierto que existe una mayor atención a lo que dicen las letras, y que eso se refleja en la música de algún modo. Aunque si le preguntas a Gernot te dirá que no es su caso, que él intenta abstraerse por completo del mensaje. Por ejemplo, The Fool comenzó siendo una canción totalmente distinta, con una letra mucho más larga y una melodía diferente, pero Gernot se limitó a coger una única frase y a construir desde allí una canción completamente nueva. Es algo que no podríamos haber hecho si primáramos el mensaje por encima de todas las cosas, y me parece algo positivo e intrínseco a la manera que tenemos de trabajar: cada uno de nosotros percibe cosas distintas en cada canción.

Otro aspecto que me interesa mucho de Moderat III es el cuidado que habéis dedicado a la dinámica del disco. En una época como esta, en la que parece que todo el mundo intenta sonar más fuerte que las demás bandas, se agradece que alguien dé más importancia al detalle sonoro que a la pura fuerza física. Sin embargo, ¿no crees que esta decisión os pone en desventaja en un universo dominado por el streaming y las escuchas a través de aparatos de mala calidad? La verdad es que hemos hecho tres másteres diferentes, con idea de sonar potentes en los distintos formatos, pero sin perder ese aire introspectivo del que hablábamos antes. Por desgracia, hoy es prácticamente imposible grabar un disco ‘silencioso’ si tienes expectativas de sonar en la radio, así que hemos intentado buscar una vía intermedia. Algo que ha sufrido en particular nuestro masterizador, Bo Kondren, al que le pedimos que el disco sonara íntimo, pero que al mismo tiempo pudiera competir con toda esa ‘guerra del sonido’ que existe ahí fuera.

Por último, la nota de prensa habla de Moderat III como del cierre de una trilogía. ¿Se refiere a que es la culminación de un viaje desde la música electrónica hacia el pop o es que existe algún tipo de nexo que me ha pasado desapercibido? Dejémoslo en que la próxima vez que hagamos un disco el título ya no será un número. La verdad es que no se trata de una trilogía en un sentido conceptual, sino en el sentido de que todo este tiempo hemos estado explorando a nuestro alrededor hasta dar con un espacio común en el que los tres nos sintiéramos cómodos trabajando, y que puede servir de base para nuestros próximos discos.

Sé que en vuestros espectáculos tiene mucha importancia el aspecto visual, y que habéis estado trabajando con vuestros colaboradores habituales, Pfadfinderei, en ese aspecto. Así que, como estaréis tocando en el Primavera Sound, ¿puedes avanzarnos algo al respecto? ¿Tendrá algo que ver con la atmósfera sombría y distópica del vídeo que habéis grabado para Reminder? El espectáculo va a ser muy diferente a todo lo que hemos hecho antes. De hecho, el vídeo va a tener muy poca presencia: el protagonismo lo van a acaparar las luces, que vamos a utilizar para dar forma a una especie de ‘arco dramático’. Es algo que tiene que ver con cómo estamos enfocando los aspectos musicales; queremos sentirnos más libres para interactuar y hacer crecer las canciones, y esa actitud resulta complicada si tienes que estar sincronizado con lo que está sucediendo en una pantalla de vídeo.

Los tres sois personas que habéis estado involucradas en la escena de clubes de Berlín desde hace muchos años. ¿Cómo lleváis los cambios que están sucediendo en la ciudad, y en otras como Londres o Madrid, debido a la presión de las empresas inmobiliarias sobre los locales? ¿Es un punto de no retorno o existe una voluntad política real por atajar el problema? Hace ya tiempo que los grandes clubes, las marcas, se han convertido también en negocios. Al principio todo era más espontáneo y nadie tenía muy claro lo que estaba haciendo, incluso nosotros tres intentando sacar adelante nuestros sellos. Pero lo cierto es que la ciudad ha crecido, algo que no es necesariamente malo, porque nos facilita mucho el trabajo, y con ese crecimiento una parte del espíritu del antiguo Berlín se ha quedado atrás. Pero tampoco es un drama: los clubes pequeños e interesantes funcionan durante un par de años y luego desaparecen o reaparecen en otro local, así que todavía es posible encontrar a ese viejo Berlín. Solo tienes que saber dónde buscar.

moderat.fm

Entrevista: Vidal Romero

Foto: Flavien Prioreau

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