El decimotercer disco de Low, “Hey What” (Sub Pop, 2021), mantiene aspectos reconocibles, como el tono litúrgico de algunas canciones o los maravillosos duetos vocales, pero también despierta un leviatán de ruidos y texturas digitales cercano al ambient más crudo.

Con treinta años de carrera a sus espaldas, la mayoría de los artistas intentan pisar territorio conocido: tienden a vivir de las rentas, a exprimir sus éxitos pasados, a repetir las fórmulas que los hicieron famosos. Por suerte, también existen bandas como Low, que con cada disco nuevo se lanzan a explorar nuevas vías de expresión, que buscan maneras de dar una vuelta de tuerca a su lenguaje particular. Desde Duluth, Alan Sparhawk intenta explicar cómo han logrado con Low tan asombroso equilibrio entre lo arisco y lo candoroso.

«Hey What» lo último lo Low es pura evolución

La primera vez que escuché “Hey What”, la sensación fue a la vez de familiaridad y de sorpresa. Pensé en que se trataba de un disco de Low, pero de uno procesado a través de algún tipo extraño de artefacto electrónico.

Me tomaré eso como un cumplido (risas). En los primeros tiempos de la banda, nuestro objetivo era que los discos sonaran de un modo muy parecido a lo que hacíamos en directo o en el local del ensayo. En ese sentido, éramos muy naíf. Sin embargo, a medida que ha pasado el tiempo y hemos grabado más discos ha cambiado nuestra manera de pensar.

En gran medida se ha debido a la gente con la que hemos trabajado; hemos tenido la suerte de tener productores muy buenos, y con ellos hemos entendido que los discos pueden servir para mostrar otro tipo de ideas, para experimentar y utilizar recursos que no estarían a nuestro alcance de otro modo.

En cierto modo, se trata de una evolución de “Double Negative”, vuestro disco de 2018. Allí ya aparecían capas de ruido y algunos experimentos electrónicos, aunque bastante más tímidos.

Es cierto, “Double Negative” nos ayudó a desbloquear algunos prejuicios que teníamos. En las primeras sesiones nuestro productor, BJ Burton, se ponía a juguetear con todos esos cacharros y aparatos que tiene en el estudio.

Al principio no lo entendíamos muy bien lo que hacía, “¿pero qué diablos es esto?” (risas), pero luego nos dimos cuenta de todas las posibilidades que nos abría. Las opciones a la hora de experimentar eran enormes, todas esas maneras de procesar los instrumentos, de expandir nuestro sonido.

Armonías y estribillos monumentales

Sin embargo, y al mismo tiempo, las canciones de “Hey What” son más clásicas que las de “Double Negative”. O al menos, clásicas en el sentido que puede ser una canción de Low: repletas de armonías y estribillos monumentales.

Creo que eso se debe a la pandemia. En general, solemos llegar al estudio con las canciones a medio hacer, o incluso con esbozos. Pero esta vez, al tener que pasar tanto tiempo en casa, hemos trabajado mucho más en las canciones y quizás eso se traduzca en estructuras más convencionales. Por ejemplo, hemos empezado la grabación con las voces, cuando lo habitual es que las dejemos para el final.

A cambio, eso nos ha permitido dedicar mucho más tiempo a experimentar con BJ y a seguir probando esas cosas que tanto nos gustan, como hacer ritmos de batería sin utilizar baterías o exprimir las posibilidades de la guitarra.

Confieso que la elección de BJ Burton me sorprendió en un primer momento; después de todo, hablamos de un productor acostumbrado a artistas mucho más comerciales que vosotros, como Taylor Swift o Bon Iver. Sin embargo, este es ya vuestro tercer disco con él.

Se ha convertido en una pieza muy importante para la banda. Su manejo de la tecnología y del software de grabación es increíble, pero lo que más nos gusta es su capacidad para convertir nuestras canciones en algo nuevo, en algo capaz de sorprendernos incluso a nosotros mismos (risas). A veces aparece por el estudio con algún cacharro que se ha comprado, o intenta exprimir algún efecto o herramienta mucho más allá de lo razonable.

Se pasa la vida buscando y buscando, probando cosas nuevas, y para nosotros eso es fantástico, porque nos encanta trabajar con gente abierta a la experimentación. Sobre todo cuando se trata de un proceso tan interactivo; porque otra de sus virtudes es que te escucha con atención y se implica a fondo en sacar adelante tus ideas.

Low

Producciones mucho más experimentales

La verdad es que las producciones que hace para vosotros son mucho más experimentales que las de otros artistas con los que trabaja.

Creo que es porque somos muy abiertos de mente, no queremos repetir lo mismo que ya hemos hecho. Otros productores con los que hemos trabajado tenían miedo de hacer algo que no sonara como se supone que debemos hacerlo. En el fondo, estaban más preocupados por el resultado, o por quedar mal, que nosotros mismos. Pero BJ no tiene miedo de llevarnos a lugares extraños, y de excavar más y más profundo una vez que estamos allí.

Uno de los aspectos más radicales del disco es la manera en la que suena tu guitarra, continuamente fracturada a través de efectos digitales. ¿Es una manera de buscar nuevas vías de expresión, después de haber probado con todo tipo de pedales y amplificadores?

Encontrar el modo de hacer que mi guitarra suene de maneras interesantes es algo que me obsesiona, me aburre tocar siempre la misma música. La tecnología digital ofrece unas posibilidades increíbles.

Te permite, por ejemplo, comenzar una canción de una forma limpia y después ir añadiendo capas y más capas de significado. O jugar con los ecos y los reflejos de lo que has tocado, perderte en el reflejo de un reflejo (risas). No sé muy bien cómo explicarlo, es el tipo de magia que es capaz de conjurar BJ.

¿Y cómo piensas tocar esas cosas en directo? ¿Vas a llevar un portátil?

¡No sabría qué hacer con él! (risas). Sí que somos un grupo chapado a la antigua, nos gusta utilizar nuestras manos y nuestras voces, que todo lo que suene lo podamos controlar de un modo muy básico.

Así que parte del desafío es ese: intentar transformar las canciones del disco en algo que podamos tocar con nuestros medios habituales. Y te aseguro que es tan interesante y divertido como grabar el disco: a veces, llegamos a sitios aún más raros de los que habíamos estado.

Los ritmos exigentes de Low

Otro aspecto importante de “Hey What”, que puede haber influido en su sonido, es que lo habéis grabado Mimi y tú a solas, ya que Steve Garrington, el bajista que llevaba con vosotros más de diez años, dejó la banda hace un año. ¿Qué le ha sucedido?

Estaba cansado de la vida en la carretera y quería pasar más tiempo con su familia. La verdad es que, en ese aspecto, hay que reconocer que llevamos un ritmo muy exigente.

¿Puede haber tenido la pandemia algo que ver? Antes me has dicho que en cierto modo os había venido bien a Mimi y a ti.

El confinamiento llegó justo cuando íbamos a empezar a una gira, así que tal vez sí tenga algo que ver. Al principio fue duro, pero en realidad ya vivimos de manera habitual en un sitio aislado, así que la situación tampoco nos afectó demasiado. Lo único negativo es que mi madre murió de coronavirus y no pudimos despedirla como nos hubiera gustado. Creo que ese fue el momento más complicado.

¿Hay algún reflejo de esa época en las letras? Nunca han sido demasiado claras, pero en esta ocasión parecen especialmente oscuras.

No sabría decirlo con seguridad, pero es posible. Nunca me siento a escribir las letras, sino que dejo que vayan aflorando recuerdos e ideas y las voy engarzando de modo que tengan sentido. Pero si hay una cuestión que flota alrededor de todo el disco, puede ser la de la confusión: cómo es posible que estemos todavía aquí, después de tanto tiempo, y no hayamos aprendido nada.

www.chairkickers.com

Entrevista: Vidal Romero
Fotografía: Nathan Keay

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