Lorenzo Senni

En una época como la actual, dominada por el reciclaje continuo y en paralelo de modas, géneros y estilos, es refrescante encontrar artistas que se enfrentan a ese fenómeno con una actitud respetuosa y humorística. Es el caso de Lorenzo Senni, un productor italiano que vivió la explosión del trance en su adolescencia. Un género que, veinte años después, deconstruye y resignifica en producciones de aspecto abigarrado y trasfondo explosivo, a medio camino entre la academia y la pista de baile. Lorenzo Senni será uno de los artistas que se subirán al ya mítico escenario Sónar Dôme by Red Bull -viernes 19 julio 18:15h-, junto a aquellos que están llamados a revolucionar el futuro de la música.  

Descubriste la música electrónica en tu adolescencia, cuando frecuentabas los clubes de la Costa Adriática. ¿Cómo era esa escena a finales de los noventa para Lorenzo Senni?

Es cierto que iba a los clubes, pero no me enteraba muy bien de lo que sucedía. Iba sobre todo para divertirme, porque era lo que le gustaba a mis amigos, pero yo estaba mucho más interesado en el punk y el hardcore. Tocaba la guitarra desde los doce años y formaba parte de varias bandas. En aquella época había una escena de hardcore muy interesante en Rímini.

Debía ser un contraste curioso, un punk infiltrado en la cuna del italo disco.

Era un contexto opuesto al que me interesaba, y de hecho lo vivía de un modo muy particular, como si fuera un voyeur mirando desde el exterior. Mis amigos estaban muy implicados, se vestían según la moda disco de la época y tomaban muchas drogas. Yo, en cambio, seguía la estética straight edge del hardcore, así que iba de negro y no bebía ni tomaba ningún tipo de drogas. Y tampoco prestaba mucha atención a la música. Sólo cuando empecé a interesarme por el trance, muchos años más tarde, me di cuenta de que reconocía todos los temas clásicos de la época.

Del hardcore a la electrónica

¿Cómo hizo Lorenzo Senni el tránsito desde el hardcore a la electrónica?

Aunque suene raro, es un paso bastante habitual. Hay mucha gente que está en el hardcore porque le interesa la música extrema, y termina por acercarse a la electrónica porque tienen muchos puntos en común. En ambos casos se trata de chicos jóvenes que prensan discos, publican fanzines y hacen camisetas para intentar crear una escena. Es decir, que a nivel cultural e intelectual son actitudes muy parecidas. En mi caso, me di cuenta de todo esto cuando empecé a estudiar musicología en la universidad. Trabajar con ordenadores y sintetizadores me permitía abundar en mi educación sin cambiar de ideales. Me permitía seguir hablando de las mismas cosas, aunque en la superficie pueda parecer que los sonidos están a un universo de distancia.

Se te conoce por haber dado la vuelta a un género tan denostado como el trance, pero tus primeros discos eran mucho más experimentales. ¿Qué tipo de epifanía te decidió a dar ese giro?

Estudiar en la universidad te empuja a pensar en la música desde un punto de vista muy cerebral, pero la verdad es que gran parte del arte conceptual que se produce está vacío de vida. Yo quería hacer algo que fuera conceptual, pero que al mismo tiempo tuviera la capacidad de emocionar. Y el trance es perfecto para eso, porque posee muchas connotaciones negativas, pero también maneja una paleta de sonidos muy melódicos y emotivos.

Un tipo (no tan) serio

Desde luego, tus exploraciones del género escapan de la copia, incluso tienen un aire hauntológico. No sé si conoces el trabajo de Mark Fisher.

Conozco a Fisher, y de hecho hay un componente filosófico en mi trabajo que podría encajar con sus ideas. Pero al mismo tiempo, siempre intento hacer música sin pararme a pensar en quién la va a escuchar. Si hay alguien que conecta con lo que hago a través de las melodías y los ritmos me parece estupendo. Y si hay quien es capaz de entrar desde un plano más intelectual, también me alegra. Jugar con esas dos vertientes y encontrar un equilibrio es lo que me interesa.

Tu manera de acercarte a la música es así, en parte seria y en parte humorística, como demuestra el título de tu último EP, “The shape of trance to come” (Warp, 2017). ¿Es una broma acerca de Ornette Coleman y lo serio que suele tomarse el jazz a sí mismo?

La música que más respeto es seria, pero con un punto irónico en su interior. Y de hecho, creo que tomarse las cosas demasiado en serio resulta dramático. El EP del que hablas es un homenaje a Ornette Coleman, un músico que me encanta, y que supo introducir elementos humorísticos e irónicos en el jazz de su tiempo. Por supuesto, no soy el primero al que se le ocurre la idea de realizar un homenaje de este tipo. Ahí tienes “The shape of punk to come”, de Refused, o “The shape of rock to come”, de Lasse Marhaug. Quería añadir mi propio eslabón a esta cadena, pero grabar todo un álbum con ese título me parecía demasiado atrevido.

El Roland JP-8000

Tu sintetizador favorito es el Roland JP-8000. Imagino que se debe a que era el más utilizado en la época del trance.

Era el auténtico diamante del trance y un aparato pionero en su momento. Había muchos otros sintetizadores que intentaban imitarlo y que copiaban sus sonidos, pero ninguno le llegaba a la suela del zapato. Para mí era una elección natural, era importante disponer de la misma fuente de sonidos que utilizaban los pioneros del género. Pero tengo que reconocer que se ha convertido en una obsesión, ahora mismo tengo seis en casa. Me gusta montarlos en cadena, para arpegiar y modificar los sonidos de un modo más radical.

Tus temas están repletos de capas, drops y subidones, hasta el punto de que conforman auténticos laberintos sonoros. ¿Cómo organiza Lorenzo Senni todo ese material?

Me considero un músico poco técnico, pero puedo dar forma más o menos a todo lo que tengo en la cabeza. Comienzo escribiendo las melodías en el piano y luego las toco con algún sintetizador, para decidir si esa melodía pega más en un contexto pop o en otro más agresivo. Después las manipulo con el JP-8000 y voy probando diferentes posibilidades dentro de ese pequeño campo de juegos que el trance. Y siempre intento dejar reducida la paleta a los mínimos elementos: intento descomponer la melodía, para que sus partes se transformen en elementos de percusión, o hago que los elementos de percusión formen parte de la melodía.

De camino al Sónar

En Sónar estarás tocando con Stargate, la banda que compartes con el guitarrista Eddy Current. ¿Qué tipo de espectáculo podremos ver?

Básicamente, una banda de directo haciendo mucho ruido. Yo iré con sintetizadores y guitarras, y el resto de los músicos añadirán electrónica, baterías y más guitarras. Casi todo el material forma parte de un disco que hemos grabado durante el último año, será una buena ocasión para testarlo en directo.

También llevas un par de años anunciando un disco en solitario que no acaba de llegar. ¿Cómo lleva el trabajo Lorenzo Senni?

Estoy más centrado en Stargate, coordinar una banda con tres músicos siempre supone mucho trabajo. En cuanto a mi disco, todavía no sé cuándo estará terminado. A la hora de hacer música soy muy crítico conmigo mismo, me cuesta mucho estar seguro de que algo que he grabado merece ser publicado.

www.lorenzosenni.com

Entrevista: Vidal Romero

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