LEV Matadero continúa ampliando su propio lenguaje. Es lo que uno puede sacar en conclusión de su edición de 2026, celebrada del 17 al 20 de septiembre. El festival madrileño vuelve a demostrar que su evolución no pasa tanto por aumentar el volumen como por ensanchar las posibilidades de aquello que puede suceder entre música, imagen, tecnología, danza y espacio. La principal novedad de LEV Matadero 2026 ha sido también una declaración de intenciones: llevar las actuaciones principales a la Nave 11, un espacio de mayor capacidad que ha permitido ampliar la convocatoria y que, durante los cuatro días del festival, acabó colgando el cartel de todo vendido.

El regreso al formato de butacas condiciona inevitablemente la experiencia. Aquí no se viene tanto a bailar como a mirar, escuchar y dejarse llevar. Las propuestas que necesitan del bombo para funcionar pierden parte de su sentido en un contexto en el que el público permanece sentado, mientras que las piezas audiovisuales, las arquitecturas sonoras y las experiencias inmersivas encuentran un terreno especialmente fértil. Puede que algún pie se mueva discretamente, pero LEV Matadero volvió a reivindicar que la electrónica también puede contemplarse como una forma de arte digital. Una edición que aunque arrancó con cierta contención, termina creciendo hasta ofrecer algunos de los momentos más estimulantes de esta edición.

“Last and First Men” de NEON DANCE: una inauguración de cine y danza

La inauguración tenía poco de convencional. La compañía NEON DANCE presentó “Last and First Men”, la obra de Jóhann Jóhannsson y Yair Elazar Glotman con la narración de Tilda Swinton y acompañada de una propuesta de danza, era una apuesta de considerable ambición que encontró en la Nave 11 el espacio adecuado para desplegarse. El resultado fue un éxito de convocatoria, con todas las localidades agotadas, confirmando desde el primer día que el cambio de escenario había funcionado.

Más que un concierto al uso, “Last and First Men” se plantea como una experiencia audiovisual total en la que música, imagen, palabra y movimiento construyen un relato de ciencia ficción de enorme densidad. La voz de Swinton actúa como hilo conductor de una pieza deliberadamente hipnótica, mientras la danza añade una dimensión física a una obra donde la electrónica se sitúa al servicio de una atmósfera cinematográfica. Es precisamente este tipo de propuestas las que explican la idiosincrasia de LEV Matadero: aquí la música no tiene necesariamente que reclamar el protagonismo absoluto, sino formar parte de un dispositivo artístico mayor. Aunque personalmente la propuesta, impecable en intenciones, no me llegó a tocar del todo la fibra.

“Last and First Men”
“Last and First Men”

Y si la inauguración ya marcaba el camino, el resto del festival confirmó que la fórmula tenía público. Todos los espectáculos de estas cuatro jornadas terminaron agotando entradas, un crecimiento que ha permitido a LEV Matadero 2026 ampliar su alcance sin renunciar a su personalidad.

LEV Matadero 2026: el ambient como territorio común

El ambient fue uno de los grandes protagonistas de esta edición. No un ambient necesariamente plácido o contemplativo, sino una etiqueta lo suficientemente amplia como para acoger diferentes formas de entender la electrónica experimental. El maestro en este género como es Suso Saiz ofreció una de las propuestas más particulares con una sesión silenciosa y gratuita en la Plaza de Matadero, trasladando su universo sonoro a un contexto abierto y desprovisto de las convenciones habituales del directo. Si buscaba relajar, conmigo lo consiguió quedándome en un duermevela muy saludable.

LEV Matadero 2026
Silent Session por Suso Saiz
LEV Matadero 2026
Público. Silent Session de Suso Saiz

Más exigente resultó el estreno mundial de Kyria Libia con “El arrobamiento”, una propuesta de ambient sacro, recargado de sintes y con una clara vocación espiritual. La pieza encontraba sus mejores momentos cuando aparecía el órgano modular, capaz de aportar una dimensión física y orgánica a un sonido que, por momentos, podía resultar excesivamente denso. Cuando el instrumento tomaba el mando, la experiencia adquiría una profundidad diferente y encontraba un equilibrio mucho más interesante entre lo sintético y lo ceremonial.

En ese mismo territorio, aunque desde una perspectiva mucho más lisérgica, se situó el A/V de DREW McDowall y Pedro Maia. La colaboración entre ambos convirtió la Nave 11 en un espacio de inmersión donde el sonido parecía expandirse al mismo tiempo que las imágenes. El resultado fue una experiencia de ambient psicodélico en la que las visuales no funcionaban como mero acompañamiento, sino como una pieza fundamental para entender la propuesta. Aquí sí se cumplía una de las grandes premisas del festival: la imagen no ilustra la música, sino que dialoga con ella hasta hacer difícil separar una de la otra.

LEV Matadero 2026
Kyria Libia
LEV Matadero 2026
Kyria Libia
A/V de DREW McDowall y Pedro Maia
A/V de DREW McDowall y Pedro Maia

De la sobriedad de Raster-Noton al cierre del LEV Matadero 2026 con Kelly Moran

La programación fue ganando enteros conforme avanzaban las jornadas y alcanzó algunos de sus mejores momentos en su tramo final. Milian Mori representó la vertiente más cruda, minimalista y rigurosa de la electrónica. Su actuación parecía directamente salida del catálogo de Raster-Noton: precisión, silencio, texturas reducidas a su esencia y una contundencia que no necesitaba artificios. Una demostración de que la sobriedad, también visual, puede ser también una forma de potencia.

NAO presentó “THE CLUSTERs” ofreciendo, por su parte, una de las propuestas más singulares del festival. Ocho robots y unas sandalias tradicionales japonesas conformaban un espectáculo que, como el propio LEV Matadero, fue claramente de menos a más. La pieza iba construyendo progresivamente su lenguaje hasta encontrar un punto de mayor interés visual y sonoro, aunque dejó una sensación inevitable de brevedad. De la quietud a la tormenta sonora. Cuando empezaba a resultar realmente fascinante, parecía que ya tocaba terminar.

Milian Mori
NAO

El cierre corrió a cargo de Kelly Moran, y fue probablemente donde mejor se entendió la capacidad del festival madrileño para transformar la escucha en experiencia. Su propuesta puso el broche a una edición que había ido creciendo progresivamente en intensidad, desde la narrativa cinematográfica de la inauguración hasta un final capaz de combinar sensibilidad, experimentación y una notable dimensión física.

Moran representa además esa zona intermedia que tan bien funciona en LEV Matadero: una música capaz de resultar accesible sin dejar de ser experimental y suficientemente emocional como para conectar con un público que quizá no necesita un beat constante para sentirse involucrado. Su delicadeza y pasión al piano, su pelo al viento y sus amaneramientos, con unas visuales envolventes dejaban con la boca abierta. Quiso cerrar con un speech a favor de Palestina y presentando un tema nuevo y tocar “Merry Christmas, Mr. Lawrence” de Ryuichi Sakamoto solo a piano, sin utilizar capas sintéticas. Obviamente, nos sangraron las manos de aplaudir a la estadounidense.

LEV Matadero 2026
Kelly Moran
LEV Matadero 2026
Kelly Moran

Jugando con la tecnología

Pero reducir LEV Matadero a sus espectáculos principales sería quedarse a medias. Buena parte de la personalidad del festival se encuentra también en sus actividades e instalaciones gratuitas, donde el público puede relacionarse con la tecnología desde una perspectiva mucho más participativa.

Entre ellas destacó “Puppet”, de 1024 architecture en colaboración con Vitalic. La instalación convierte una marioneta digital en una especie de sintetizador humano a través de un mando de Xbox. Cada movimiento del personaje genera melodías, ritmos o efectos, transformando al visitante en intérprete. Su mayor virtud está precisamente en su sencillez, ya que consigue borrar la distancia entre público, juego y creación musical. Los más pequeños fueron quién lo más disfrutaron.

LEV Matadero 2026

A ello se sumaba “Playground”, una instalación interactiva de INTI Playground capaz de convertir cualquier pared en una superficie multitáctil de gran formato. Diseñada para el juego colectivo y dirigida también al público infantil, demostraba que la experimentación tecnológica de LEV no tiene por qué ser solemne ni estar reservada a especialistas. Y aquí sí que no había edades. Disfrutaban tanto los niños como sus padres. También “H U M I”, del artista audiovisual, compositor y físico italiano Riccardo Giovinetto, proponía otra aproximación a la relación entre imagen, sonido y tecnología. Cuatro pantallas mostraban fotografías-satélite manipuladas junto a grabaciones de campo procesadas algorítmicamente, construyendo geografías imaginarias donde las fronteras dejaban de ser líneas rígidas para convertirse en territorios en transformación.

También interesante resultó la propuesta “[“Á”1653 “gora” 23035]”, de Carles Castaño, una instalación inmersiva e interactiva en Realidad Mixta que proponía un viaje a través de los restos de un experimento olvidado en la Tierra. Bosques surgidos sobre las ruinas de una civilización extinta, inteligencias luminosas y fragmentos de una memoria ancestral componían un universo en el que cada movimiento y cada decisión del visitante abrían nuevos interrogantes sobre el pasado del planeta. La obra convertía así la tecnología en una herramienta narrativa y de exploración, planteando una experiencia en la que descubrir qué ocurrió realmente en la Tierra era también preguntarse quién heredó su futuro.

LEV Matadero 2026
“Playground” de INTI Playground
LEV Matadero 2026
“H U M I” de Riccardo Giovinetto

La evolución de una cita que sigue mirando al futuro

Así, LEV Matadero 2026 vuelve a crecer, pero lo hace manteniendo clara su dirección. Más público, espacios mayores y cuatro jornadas completas no han convertido al festival en algo diferente, sino que han permitido que su propuesta llegue a más gente. De menos a más, entre ambient, máquinas, imágenes, robots, órganos modulares y sintetizadores, LEV Matadero sigue defendiendo que la electrónica puede escucharse, verse y, sobre todo, experimentarse. Hasta el año que viene.

Texto: Sergio Bifeis

 

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