Javier Mendizával nació en Leioa el 18 de enero de 1977. Su pasión por el skate y sus múltiples proyectos artísticos relacionados con el mundo de este deporte lo han llevado hasta Barcelona, donde reside desde hace años. Aunque su pasión por viajar hace que sea difícil encontrarlo por la Ciudad Condal, nos hemos reunido con él para hablar de su nueva incorporación al team de Converse y para seguir descubriendo nuevos proyectos artísticos unidos al skateboarding. 

 

¿Cuándo empezó tu pasión por el skateboarding? Debía de tener unos 12 años cuando descubrí y empecé a diferenciar el skateboarding de todas las demás actividades de cualquier niño de esa edad. Imagino que sería el placer de deslizarse, la velocidad y su adrenalina, la inexistencia de reglamentos o árbitros, la libertad, en definitiva. También tuve la suerte de crecer muy cerca de Algorta, pueblo pionero tanto en el surf como en skate, y esto me influyó muchísimo, ya que estaba rodeado de gente que patinaba de la ostia, y luego se activó una escena muy potente con la construcción de la Kantera y otras pistas vecinas.

Llevas desde los 12 años montado en un patín y todos te conocemos por ello, pero dejando a un lado el Mendizábal skater, eres un apasionado de la fotografía y de los viajes. ¿Cómo surgió la idea de unir todo esto y sacar proyectos interesantes? Creo que empecé a viajar un poco por lo mismo que todo el mundo: por curiosidad, por ver algo más que la plaza de tu pueblo, por conocer a otra gente. Fui conociendo a otros skaters con los que compartía inquietudes y así conocí a gente mayor que hacía fotos, hasta que decidí probar y retratar mi escena local o mis pequeños viajes. Así empezó el rollo de la fotografía y los viajes para mí, al principio con cámaras prestadas e improvisando todo. Más tarde mi buen amigo Fernando me regaló una Nikon FM2, y hasta hoy.

¿Cuál fue el primer proyecto que desarrollaste? La primera vez que fui a Estados Unidos a patinar con Alain sacamos nuestras primeras fotos y después escribí un articulo del viaje para la revista Tres 60, tendría 19 años y fue algo grande para mí.

¿Crees que seguirías encima de un skate si no fuese por todos estos proyectos artísticos? ¿Esto ha hecho que nunca lo hayas dejado? Es difícil imaginar una cosa sin la otra, porque así es como concibo el skate y así es como soy yo. Pero sí, claro que seguiría patinando sin todos estos proyectos artísticos. El skate en sí mismo sigue siendo mi pasión, mi medio de transporte en la ciudad, mi válvula de escape.

¿Se puede vivir solo del skate? Quizás ahora mismo están las cosas más complicadas, pero es como en todo. Hace años, cuando yo empecé a patinar, era inimaginable vivir del patín en Europa. Toda la industria estaba en Estados Unidos y el nivel del skate estaba muy por encima del de aquí. Pero gracias a unos pocos, a revistas que cubrían la escena de aquí y gente emprendedora que comenzó las primeras marcas a nivel europeo, se hizo que la escena cogiese muchísima más fuerza y que el nivel de los patinadores europeos subiese.

Te acabas de unir al team de Converse, ¿qué ha significado para ti? Pues unirme a un nuevo proyecto con el cual me siento muy a gusto y desde el que me apoyan en gran parte de mis proyectos personales. Estoy muy contento, me gusta la gente que hay en el equipo patinando, me gusta el producto y creo que están haciendo las cosas muy bien en marketing y comunicación.

El año pasado presentaste el film Cuatro sueños pequeños, en el que además de ser actor trabajaste en el proceso creativo. Ahora, tras unirte al team de Converse, estrenáis el clip de Txabolism. ¿De qué forma has participado en este proyecto? Con el proyecto de Txabolism me dieron total libertad. La idea era un poco la de hacer un clip para introducirme en Converse, así que llame a Fred, con el que llevo trabajando los últimos diez años y con quien venía de trabajar en el film Cuatro sueños pequeños, un autentico máster de las visuales, y entre los dos le dimos forma: localizaciones, nombre, música…

El nombre del clip hace referencia a Txabolo, un mote que te puso tu amigo Fernando Elvira. ¿Qué puedes contarnos acerca de esto? ¿Cómo era aquella época? Todo esto viene de cuando Fernando medio vivía en Hawái. Andaba viajando por aquí y por allá, llevando una vida bastante nómada, pero pasaba largas temporadas en Hawái, así que recibía bastantes cartas suyas desde allí, con fotos y contándome su estilo de vida isleño, que era bastante improvisado. Hasta que no aguanté más y me fui para allá a verlo con mis propios ojos. Allí pasamos un par de meses patinando, pero sobre todo recorriendo la isla, conociendo gente, escalando cocoteros y durmiendo donde podíamos, y es de ahí de donde viene el mote. Era un nombre que teníamos entre nosotros para echarnos unas risas y con el que Fernando aún me llama de vez en cuando. Así que el nombre de Txabolism es una manera de agradecer a Fernando la inspiración para hacer lo que aún sigo haciendo: patinando, viajando y haciendo fotos.

Estás escribiendo el libro La Kantera. Cuéntanos de qué se trata exactamente. La Kantera es el skatepark no solo más antiguo de España, sino también el más emblemático de la escena europea. Un lugar legendario, en un emplazamiento de ensueño, construido entre las ruinas de un antiguo caserón sobre la playa de Arrigunaga, en Algorta, Getxo. Este año se cumplen 25 años de su construcción y lo que hemos estado haciendo, Fernando Elvira, Jon Amiano y yo, es recopilar todo el material, desde fotos, carteles de campeonatos, multas o dibujos que cuentan la historia no solo de los 25 años de vida de este skatepark, sino también la escena anterior que dio lugar a la construcción del mismo. Un proyecto muy apasionante y personal para nosotros tres, porque es allí donde crecimos patinando y conocemos a todos los protagonistas.

Sabemos que consideras la ciudad condal como la mejor de España para patinar. A día de hoy, ¿lo mantienes? Barcelona a nivel arquitectónico fue de alguna manera pionera en la reconstrucción del espacio urbano a través de los Juegos Olímpicos, lo que la convirtió en casi una nueva ciudad llena de plazas con planos inclinados, bordillos, escaleras y otros elementos de diversión para el skater. Esto, junto al buen tiempo y el inicial pasotismo por parte de la policía, la convirtió en el auténtico paraíso. Si es verdad que, como siempre pasa, en los años siguientes comenzaron a venir skaters de todo el planeta, hasta que llegaron las multas por patinar en la calle sin ningún skatepark. Ahora, el tema se ha relajado, ya que vienen muchos menos skaters de visita y se patina más tranquilo.

El año pasado te vimos involucrado en el Cons Space 001, en Barcelona, y después te hemos visto patinando en el 002, en Berlín, y el 003, en París. Sabemos que son espacios efímeros, pero ¿volverán a traerlo a nuestro país? ¿Tal vez se piensa en un espacio de skate fijo de la mano de Converse? Sí. Estamos preparando un evento parecido para Madrid en el que se une música, arte y skate, pero trabajando más con la escena local y sus necesidades.

Tras más de 20 años encima de un patín, ¿te seguiremos viendo patinar durante mucho más tiempo? Yo voy a seguir patinando, profesionalmente o no, mientras me siga sintiendo bien encima del patín: es lo que me gusta hacer y también sigo con mis proyectos personales, muchos de ellos relacionados con el patín directamente y otros no.

¿Próximos proyectos que puedas adelantar? Una vez acabado y presentado el libro La Kantera, para lo cual quedan unos pocos meses aún, me centraré en el evento de Madrid en el que estoy ayudando a Converse. También comienzo junto a mi novia una nueva empresa, Sugarcane, donde juntamos todos estos proyectos creativos con el mundo de la sostenibilidad, que es el mundo donde ella trabaja.

converse.es

Entrevista: Ocimag
Foto: Converse

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