Echo & The Bunnymen

Fuertes en la adversidad y dispersos en la gloria, lastrados por su legendaria bipolaridad, Ian McCulloch (voz) y Will Sergeant (guitarra) han sobrevivido a la muerte del siempre llorado Pete de Freitas (batería) y a miles de cambios de formación, de sello y de management. Echo & The Bunnymen podían (¿Debían?) ser la banda más grande de Inglaterra desde los mismísimos Beatles: más que U2 (que ni siquiera son ingleses), más que Oasis, más que Coldplay…

Lo tenían todo: canciones, imagen, un líder carismático dispuesto a hablar por los codos ante cualquier micrófono y, sobre todo, un sonido característico: etéreo, punzante y al mismo tiempo melódico, cortante y evocador. Todo el mundo era consciente de su grandeza, salvo quizás ellos mismos. ¿Su última ocurrencia? Un LP de autoversiones de su glorioso catálogo que no pasará a la historia, pero que parece que ha reactivado su apetito por volver al estudio y, lo más inmediato, una nueva mini gira por nuestros escenarios.

Después de diversos intentos infructuosos, conseguimos encontrar telefónicamente a Ian en casa justo cuando Liverpool y Barça se están perfilando como futuros rivales en semifinales de la Champions en lo que para Ian será la verdadera final anticipada. No os voy a dejar aquí sus predicciones sobre la Premier League, ni sus loas a Klopp, Messi y Salah, ni sus durísimos insultos hacia Sergio Ramos, pero supongo que os podéis hacer una idea de lo excitado que McCulloch estaba en ese momento. No me lo quiero ni imaginar ahora: todavía debe de estar celebrando la Champions por los pubs y las fuentes de Liverpool…

Echo & The Bunnymen en directo en España

Más le vale recuperarse rápido porque los compromisos en directo se suceden y este verano les esperamos en Valencia (10 de julio), Pollença (11 de julio) y el festival Pirineos Sur (13 de julio). El motivo de nuestra llamada es básicamente hablar de The Stars, The Oceans & The Moon (BMG, 2018), un extraño disco de autoversiones de sus grandes éxitos regrabados con nuevos arreglos con piano, violines y acordeón con el que los Echo & The Bunnymen se estrenaron a finales del pasado año en un nuevo sello discográfico en lo que me parece un pobremente disimulado intento de recuperar los derechos editoriales de sus canciones más emblemáticas. Ian ni se inmuta.

Las hemos vuelto a grabar porque son nuestras: ni de ningún sello, ni de los fans… Las canciones son mías y creímos que era una buena carta de presentación para estar en un nuevo sello coger todas esas canciones, agitarlas un poco y decir: «¿Veis?, no pasa nada: estas canciones son tan buenas que se puede hacer cualquier cosa con ellas». Cuando las publicamos por primera vez, siempre había alguien que nos decía que cambiáramos los arreglos, que mi voz sonaba muy alta o muy baja, que cantaba muy bien o muy mal… Pero triunfamos, llevamos esas canciones a lo más alto… Y las hemos vuelto a grabar y ahora nos siguen diciendo lo mismo: «Los arreglos de antes eran mejores…, ahora cantas mejor…, tu voz era más dulce antes…». Nunca vamos a contentar a todos, así que hay que contentar a uno mismo.

¿Will está contento?

Está encantado.

Cualquier excusa es buena para volver a escuchar a Echo & The Bunnymen

Me alegro entonces. Lo cierto es que cualquier excusa es buena para volver a escuchar Bring On The Dancing Horses, Lips Like Sugar, Rescue, Ocean Rain o The Cutter aunque sea en versiones edulcoradas con arreglos de cuerda que, a mi juicio, no añaden nada a lo que ya sabíamos/amábamos de los Bunnymen.

Siempre hemos querido hacer cosas nuevas, no nos da miedo que la gente vea nuestro talento. Es lo que mejor sabemos hacer, encerrarnos en un estudio y dejar brotar la magia…

Por otro lado, sorprende la versión de la legendaria The Killing Moon, sometida en este disco a un tratamiento más radical que sus hermanas: solo voz y piano…

Mucha gente me ha dicho que conoció la canción a través de esa película [se refiere a Donnie Darko, Richard Kelly, 2001] y que es una bonita balada romántica [así es exactamente como suena ahora]… Eso es una tontería, yo escribí la canción y yo decido qué es y a qué se refiere…

¿Y a qué se refiere?

[Risas] Bueno, cada vez que la canto tiene un significado diferente para mí… Mira, yo respeto a los fans y a toda la gente que quiere dar su opinión, pero ellos también tienen que respetarme a mí. Con este disco estamos dando un montón de conciertos y siempre está lleno, así que ¿quién tiene razón?

Ian McCulloch nunca ha sido consciente de su valor como artista

Este ha sido siempre el gran pecado de Ian McCulloch: pese a vanagloriarse de ser un gran compositor y cantante, nunca ha sido realmente consciente de su valor como artista.

Ni del gran legado que suponen sus canciones. Siempre ha medido su arte en función del éxito, de los discos vendidos, de los conciertos sold out, con esa socarronería monetaria tan norteña que, a mi juicio, le devalúa como creador. Una cosa que me gusta mucho del disco es la portada. No sé por qué, pero me recuerda a las de vuestros cuatro primeros discos [Crocodiles, Korova, 1980; Heaven Up Here, Korova, 1981; Porcupine, Korova, 1983, y Ocean Rain, Korova, 1984] en las que aparecía toda la banda en medio de la naturaleza como si fuerais unos exploradores…

¡¡Es lo que éramos!! Nadie hacía eso en aquella época. Ni Bono y sus U2 ni nadie… Me gusta que me digas eso. Sí que es cierto que es un guiño a aquellas portadas, pero ahora nos hemos ido a la luna [risas].

Uno de los grandes cambios del nuevo LP es la manera de cantar de Ian, menos explosiva, más reposada, acorde a un registro mucho más bajo y limitado. Cuando nos dieron las cintas definitivas del nuevo disco grabé un casete y se lo llevé a mi exmujer… Sí, ya sé que suena extraño, pero seguimos teniendo muy buena relación y ella es quien mejor conoce mi voz. Me dijo que le gustaba mucho y que nunca había cantado mejor. Y tiene razón, porque no es que mi voz haya mejorado: reconozco que he fumado y bebido demasiado, pero ahora mi voz tiene la madurez de los grandes, de Bowie, de Sinatra… Cuando canto noto cómo el sentimiento que quiero interpretar se filtra a través de las palabras, del sonido. Cuando era más joven nunca pude hacer eso…

Un cambio en su carrera de Echo & The Bunnymen

¿Y crees que eso va a significar un cambio en vuestra carrera?

Sin duda. Si pudiera volvería a grabar todos los LP anteriores: nunca me gustó cómo quedaba mi voz. En los primeros LP éramos unos jovencitos arrogantes que no teníamos ni idea de grabar un disco, y ahora tenemos la experiencia, pero ya no tenemos la energía. Por eso nuestro mejor disco está justo en medio: What Are You Going to Do with Your Life? (London, 1999)…

Buufff, un gran disco, pero también aquel en el que el ego de Ian devoró a su bajista de siempre, Les Pattinson [que abandonó el grupo], y del que Will Sergeant decía que habían sido los peores meses de su vida…

Pero todo eso da igual, porque ya estamos preparando nuestro nuevo disco, que será como nuestros primeros LP: duro, agresivo, completamente diferente a The Stars… Tenemos una canción, que muy posiblemente dé título al disco, en la que mi voz está en primer plano y Will va dibujando todo un paisaje a mi alrededor…

Un momento, ¿el disco ya está grabado?

No, pero está casi hecho. Tenemos maquetas de un montón de canciones que son excelentes… Son tan buenas que casi se podrían publicar: somos Will y yo y toda la banda trabajando muy duro. Nunca habíamos ensayado tanto. Cuando salga el disco a principios del año que viene ya estaremos hartos de esas putas canciones [risas].

Un sonido mucho más duro, pero no sucio

Entonces, ¿nada de cuerdas y pianos esta vez?

Nada, puedes creerme. El sonido es mucho más duro, pero no sucio. Es un disco austero y crudo con muy pocos elementos, nada sobreproducido, muy funky y con unas letras en las que básicamente estoy enviando a todo el mundo a la mierda [risas]. Es que en nuestros primeros discos las letras eran tan crípticas que ya no recuerdo lo que quería decir cuando las escribí [risas]. Por eso me pone nervioso que la gente me diga lo que significa cada canción, ¡¡si ni siquiera yo mismo lo sé!! [risas]. Por ejemplo, Bedbugs and Ballyhoo [una alegoría animalis- ta con Ray Manzarek de The Doors a los teclados, pero ¿una alegoría de qué?] es totalmente incomprensible… Aun así creo que es una muy buena letra [risas].

McCulloch está en su salsa cuando, indisciplinado, se salta las instrucciones de todo músico en promoción y no solo no habla del disco en cuestión, sino que contradice todos los argumentos que te ha dado anteriormente para defenderlo.

Ya no se hacen letras así, ¿quién las va a hacer? Ya no tenemos a Bowie, ni a Cohen, ni a Lou Reed… No veo a nadie capaz de escribir canciones de ese nivel. No se trata solo de la música o de saber o no cantar… estarás de acuerdo conmigo en que Cohen y Reed no eran grandes cantantes, pero esas letras… ¡¡Son novelas!! ¡¡Son películas!! Puedes ver a los personajes moviéndose a lo largo de la canción, tú los ves y ellos te ven a ti… El mundo cambia cada vez que esas canciones se escuchan, es un lugar mejor…

«Cuando escucho a Bowie, a Cohen, a Reed sé que me están hablando a mí»

Quizás ya solo quede Dylan.

Lo de Dylan es diferente. Lo del premio Nobel está muy bien, pero eso a mí no me importa… Su música no es de mi mundo… Cuando escucho a Bowie, a Cohen, a Reed sé que me están hablando a mí, sé de lo que están hablando… Eso no me pasa con Dylan.

Nos despedimos rajando de la mala temporada de Coutinho y esperando su inminente minigira española…

A ver si mejoro mi castellano… ¿sabes que tengo una casa en Menorca y apenas sé castellano? Cerveza [risas] y cuatro tonterías más… Los ingleses somos unos vagos.

www.bunnymen.com

Entrevista: Half Nelson
Foto: Roger Sargent

ECHO & THE BUNNYMEN EN ESPAÑA
Miércoles 10 julio de 2019
Concerts de Vivers, Valencia
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Jueves 11 julio de 2019
Sons de Nit. Pollença, Mallorca
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Sábado 13 julio de 2019
Festival Pirineos Sur, Huesca
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