Auténtico pionero de la escena electrónica inglesa (sus primeros maxis, con bandas como Beat Squad o Bizarre Inc, datan de finales de los ochenta), Andrew Meecham probó las mieles del éxito durante la década de los noventa y, como muchos de sus contemporáneos, entró en el nuevo milenio con ganas de cambio y renovación. Eso sí, en su caso esa evolución no pasó por abrazar la buena nueva de los ordenadores y las herramientas informáticas. Antes bien, decidió que sería una buena idea mezclar dos de sus grandes aficiones, los sintetizadores y la música de naturaleza cósmica, y de esa combinación surgió The Emperor Machine, un proyecto que ha ido cambiando de formación y de orientación a lo largo de los últimos quince años, pero que siempre ha mantenido el amor por la circuitería analógica.

Cuenta Meecham que siempre ha sido “un gran coleccionista de sintetizadores, así que llegó un momento en el que me apetecía utilizar todo ese potencial”. Corría el año 2002 y su idea “consistía en realizar algún tipo de música que no se pareciera en nada a lo que había estado haciendo con Bizarre Inc o Chicken Lips, mis bandas anteriores. Conocía desde hacía tiempo a James Dyer, el chico que dirigía DC Recordings, y decidimos grabar juntos un EP. Ahí fue donde surgió por primera vez el nombre de The Emperor Machine”. Publicado al año siguiente, Pro Mars/SH3A ya anunciaba el carácter experimental y abstracto que el proyecto llegaría a desarrollar más adelante. “Nuestra intención era concentrarnos sobre todo en modelos concretos de sintetizadores, y para ese primer EP utilizamos un Roland SH3A. Se trata de una máquina que siempre he adorado, pero en aquella época había circulando por ahí artículos que hablaban mal del sintetizador, que lo definían como una auténtica basura. Eso consiguió enfurecerme, así que decidí escribir un tema en el que todo estuviera producido con ese sintetizador, solo para demostrar que aquel tipo estaba equivocado”. El inesperado éxito de aquel primer EP llevaría a Meecham a insistir en la fórmula, rodeándose de otros músicos y perfilando un sonido más cercano al rock psicodélico, en el que las guitarras y los ritmos pesados tenían mucho protagonismo.

En su primera época, The Emperor Machine funcionaba casi como una banda convencional: contaba con músicos invitados y utilizaba una estructura típica de “canción rock” en muchos de sus temas. ¿Cuáles eran tus ideas en aquel momento? En esa época estaba escuchando mucho a bandas como Can, Hawkwind o los primeros Kraftwerk, una dieta de kraut rock y de rock progresivo a la que se añadía mucha música electrónica experimental. Mi idea era mezclar todo aquello, pero también producir temas que se alejaran a nivel de estilo de las cosas que había estado haciendo antes. Puedes llamarlo un reseteo, una vuelta a empezar.

Todas esas influencias se mezclaban con recursos propios de la música de baile. Aunque luego se convertiría en un lugar común, en aquel momento aquella combinación resultaba bastante original. Siempre he sido tan fan de la música rock como de la electrónica, así que ambas cosas debieron unirse de un modo natural en mi cabeza; una mezcla que fue creciendo de una manera orgánica. Lo único en lo que siempre he puesto mucho cuidado es en las paletas sonoras, ahí es donde radica la auténtica personalidad de la música que puedas hacer.

Si aquella primera época estaba más cercana al rock, el disco que publicaste en 2011,Monophonic Volume One, significó un giro estilístico, en el que comenzaste a mostrar una vertiente más experimental de tu música. ¿Por qué decidiste publicarlo como Andy Meecham? Porque no tuve otra opción. Estaba sometido a un contrato que me impedía publicar como The Emperor Machine, así que decidí firmarlo con mi nombre de pila.

Tres años después llegaría por fin otro disco de The Emperor Machine, Like A Machine, que ya mostraba ese cambio en todo su esplendor: los temas se volvieron más largos, los BPMs se redujeron y los sonidos de sintetizador se hicieron más pesados. ¿Qué sucedió para que te atrevieras a dar ese paso? Conocí a una vocalista brillante, Michelle Bee, con la que congeniaba muy bien. Había estado escribiendo algunas cosas en esa onda que tú describes, pero no tenía muy claro cómo rematarlas. Pero una vez que la invité al estudio, la manera que tenía de cantar y de entender los temas que le enseñaba ayudaron a materializar todas esas ideas que tenía en la cabeza y no sabía bien cómo sacar a la luz. En menos de un año teníamos un disco grabado y un nuevo contrato con Southern Fried Records, así que decidimos montar una banda a la que se añadió mi amigo Dave a las guitarras.

En ese momento las canciones comenzaron también a tener una pátina más DJ-friendly. ¿Fue una consecuencia de haber estado tocando en clubes y festivales electrónicos? Mi intención era esa: producir un disco que estuviera más enfocado a la pista de baile, pero precisamente para dar más libertad a ese proyecto que estaba comenzando a plantear. Para que a la banda resultara más sencillo tocar en directo, y que ese proyecto ayudara a llevar las canciones aún más lejos.

Tus dos últimas referencias, los EPs 2500 vol.1 (Internasjonal, 16) y EM voltage controlled EP (Vertical Tones, 17), parecen haber tomado de nuevo una senda más experimental. ¿Es la consecuencia de utilizar un equipo determinado, o se trata de un nuevo giro en tu estilo particular, menos interesado en la música de baile? El EP 2500 vol.1 se titula así porque programé y grabé todos los temas que contiene utilizando un secuenciador Akai MPC 2500. Este aparato produce de manera natural una atmósfera muy diferente a la que se consigue con programas informáticos como Logic Pro, y además es mucho más divertido de utilizar. Aunque tengo que reconocer que, una vez que tuve todas las pistas terminadas, las volqué a Logic para poder mezclar de una manera más detallista.

Como tú mismo has reconocido al principio de la entrevista, el sonido de The Emperor Machine ha estado siempre basado en los sintetizadores analógicos, aparatos que se han hecho muy populares en los últimos años. ¿Cuáles crees que son las razones para que ese retorno a lo analógico? ¿Tiene que ver con el deseo de obtener un sonido más personal, o quizás es una reacción ante este medio ambiente que nos rodea, cada vez más gobernado por la tecnología digital? Creo que el motivo principal es que a los músicos les gusta tocar los instrumentos con las manos; algo que siempre resulta más interesante y divertido que programar sintetizadores virtuales. Además, es también más atractivo de cara a tocar en directo, y en los últimos tiempos han aparecido aparatos que son mucho más económicos y estables que los viejos sintetizadores analógicos, con lo cual puedes tener la confianza de que te subirás a un escenario y no tendrás problemas porque tus cacharros se recalienten o se desafinen a mitad de concierto.

¿Cómo produces tus temas? En muchos de ellos parece haber una línea de sintetizador que actúa como centro de gravedad, un eje alrededor del que van creciendo el resto de los elementos. Esa es exactamente la manera: comienzo jugando con algún sintetizador hasta que doy con un riff o una línea melódica que me gusta. Luego compongo un ritmo básico, voy añadiendo más capas de sintetizador y vuelvo a reescribir la pista de ritmos, para que parezca que viene de la misma fuente de sonido. Habitualmente dejo descansar el tema un par de días, para escucharlo con oídos frescos y comprobar qué cosas le faltan y cuáles le sobran, y si merece la pena seguir dándole vueltas o es mejor enviarlo al archivo. Soy muy rápido escribiendo, así que tengo cientos de temas a medio hacer, esperando a que los desempolve y los termine. De hecho, esa es la razón por la que he montado mi propio sello, Vertical Tones: para terminar y publicar las más interesantes de esas viejas ideas.

También parece que la improvisación es un factor importante en muchas de tus canciones, especialmente en las más largas. ¿Eres uno de esos tipos que utiliza el estudio como un instrumento más, grabando jams y luego seleccionando los mejores trozos? Sí, soy de los que piensan que el estudio es mi instrumento. Habitualmente escribo canciones que se van más allá de los quince minutes, a veces incluso más allá de los cuarenta y cinco minutos, y luego escojo los mejores trozos y los edito para que encajen entre sí. Por suerte, los días en los que todo esto había que hacerlo cortando y empalmando cinta han quedado atrás, los ordenadores son una gran ayuda en este sentido.

¿Cuánta importancia tiene para ti el proceso de síntesis sonora? ¿Qué papel tiene en el resultado final? Puedo tirarme días enteros diseñando sonidos o programando secuencias hasta que consigo quedarme satisfecho. Algunas veces puedo conseguirlo rápidamente, especialmente si estoy trabajando con un nuevo sintetizador que no he tocado con anterioridad. También tengo aparatos específicos; por ejemplo, un sintetizador que suelo utilizar para las líneas de bajo porque es rápido de manejar, tiene pocos osciladores, y al disponer de menos parámetros conlleva menos distracciones. Por último, diseñar capas de sonido es algo que suelo realizar una vez que ya he definido el riff básico: ese es el momento en el que puedo comenzar a crear harmónicos. Algunos sintetizadores se llevan muy bien entre sí, y crean una paleta de sonidos estupenda, un tipo de afinidad que siempre estoy buscando.

Una pregunta nerd: ¿cuál es tu sintetizador favorito? Depende de cómo me sienta cada día, así que cambia con cierta frecuencia. Pero ahora mismo creo que es mi Roland SH7. Es un aparato versátil, lo suelo tener cerca mía, y siempre cumple con las expectativas. De todos modos, me gusta cambiar la posición de los sintetizadores dentro del estudio cada cierto tiempo, para mantener las ideas frescas, y eso también influye en mis preferencias.

Para terminar, estarás tocando en el Alfresco Festival ¿Qué tipo de espectáculo podremos ver allí? En esta gira estaremos solos el Emperor y sus máquinas. Llevo una selección pequeña pero muy poderosa: no habrá portátiles en el escenario, solo sintetizadores y cajas de ritmos con secuencias programadas. Un equipo que me permita modificar cualquier aspecto sobre la marcha.

 

 

www.verticaltones.co.uk/studio

Entrevista: Vidal Romero

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