Nicola Cruz

Con su debut, “Prender El Alma”, el ecuatoriano Nicola Cruz consiguió algo que parecía una quimera: hacer bailar a los clubbers occidentales con una música que mezclaba texturas electrónicas y folclore andino. El éxito de Nicola Cruz le permitió recorrer el mundo, tocar en todo tipo de festivales y clubes y conocer a músicos de otros países, con los que ampliar su visión particular. Y fruto de esos viajes ha surgido “Siku” (ZZK Records, 2019), un disco que expande y mejora los hallazgos de su antecesor. Un trabajo que es hipnótico y ritual, telúrico y cosmogónico, que diluye su rastro tecnológico entre chasquidos de metal y madera. Lo último de Nicola Cruz es un ejemplo perfecto de esa world music 2.0 que bulle en los rincones alejados del primer mundo.

Nicola Cruz forma parte del lin-up de la segunda edición del festival madrileño Paraíso, a celebrarse entre los días 14 y 15 de junio de 2019 en el Campus de la UCM en Madrid.

Tus padres son ecuatorianos, pero naciste y creciste en Francia. ¿Cómo te afectó esa mezcla de influencias a nivel musical? ¿Seguiste algún tipo de educación musical reglada, o es autodidacta?

Nací en Francia, pero he vivido en Ecuador casi toda mi vida. Comencé a estudiar música a los doce años, primero en el conservatorio, más tarde ingeniería de sonido, acústica y producción musical. En cuanto a las influencias, vivir en Sudamérica siempre ha sido una gran fuente de inspiración para mí.

La complicada relación entre la música folklórica y electrónica

La relación entre música folklórica y electrónica ha sido siempre complicada, en general se reducía a utilizar samples de instrumentos étnicos o cantos tradicionales como ornamentación para pistas ambient o de house. En tu caso, sin embargo, existe un interés genuino por mezclar lo tradicional con lo vanguardista. ¿Cuál fue el germen de esa manera de hacer música?

Estoy de acuerdo con lo primero que dices. No hubo ningún interés extraordinario, más allá de experimentar a nivel de sonido. Como creador de música electrónica, una de las cosas que más me interesan es mantener la experimentación y la composición lo más expresiva posibles. En este sentido, el uso de folclore en mis canciones intenta mostrar algo interesante de la región en la que vivo, y mi medio de manifestación es la música electrónica.

Tu primer álbum, “Prender el alma”, utilizaba sonidos de origen étnico y folclórico en un contexto cercano a la música de baile. Sin embargo, más que para hacer bailar, parecía música pensada para viajar de una manera mental. ¿Tratabas de reproducir ese carácter hipnótico y onírico que posee la música andina?

“Prender El Alma” contiene temas que pretenden despertar la consciencia, siempre dentro de una escala personal. Ahí se convocan el cuerpo, la mente y el espíritu, así que el viaje se realiza a través de varias dimensiones. Siempre me ha gustado la cualidad hipnótica en la música, es algo que tengo presente a la hora de crear mis canciones.

Mantras rítmicos y atmósferas extrañas

Muchos de los temas de aquel disco parecen construidos alrededor de la percusión: mantras rítmicos sobre los que después se añaden capas atmosféricas y melodías, armónicos extraños o incluso disonancias. ¿Forman el jazz y la música contemporánea parte de tus intereses?

No me cierro a ningún tipo de música. Pero además estudié durante mucho tiempo en una escuela de jazz, así que entiendo por dónde va y cuál es su “objetivo”. Al mismo tiempo, la música contemporánea siempre me ha interesado, y de hecho creo que lo que yo hago camina un poco en esa dirección. Más allá de eso, la música electrónica no tiene límites, va mucho más lejos que tonalidades. Juega con texturas y con sensaciones, y en ese sentido lo tonal o atonal pasa a un segundo plano.

Por último, en muchas ocasiones era también difícil averiguar dónde terminaba el trabajo del sampler y dónde comenzaban los instrumentos “reales”. ¿Cómo fue la producción y grabación de aquel disco?

Hubo bastante diseño sonoro, pero también bastante investigación de discos. Siempre sampleo directo de los vinilos, una vez que realizo el “hallazgo” en alguna tienda interesante. Nunca utilizo fuentes digitales.

La importancia de trascender con el tiempo

¿Te sorprendió el éxito obtenido con “Prender el alma”? Europa, desde luego, no es un mercado que suela aceptar con facilidad ese tipo de sonidos tan exóticos. Ni siquiera España, que está más cerca a nivel cultural.

La verdad es que nunca pienso en esas cosas, para mí componer música es un hábito que he realizado durante muchos años. Así que tan pronto como acabo algo, empiezo algo más. En realidad, lo que me interesa es descubrir si logra trascender con el tiempo.

Y hablando de este tema, ¿qué diferencias ves entre América Latina y Europa, a nivel de público y de industria, respecto a la música electrónica?

Quizá la manera de moverse, unos bailan más que otros. No quiere decir que no lo disfruten igual.

La inclusión cultural como un acelerador de partículas

Hace poco se ha producido una polémica alrededor del festival Dekmantel, al que se acusa de “colonialismo cultural” porque no programa artistas de América Latina, a pesar de que realiza eventos en ciudades como Sao Paulo, Medellín, Lima o Bogotá. ¿Crees que existe realmente ese ejercicio de “colonialismo” por parte de los programadores europeos?

Desde mi punto de vista, la integración es cada vez mayor. Por supuesto, cada uno tiene derecho a programar lo que quiera. Pero una de las cosas más interesantes, en todos los sentidos, es la inclusión cultural. Dejar que choquen entre sí diferentes culturas y ver los resultados, como si fuera un acelerador de partículas.

Hablemos ya de “Siku”. Desde mi punto de vista, supone una apertura a nivel sonoro respecto a “Prender el alma”. Por un lado, porque existen muchas referencias a culturas diferentes de la ecuatoriana. ¿Tiene esto algo que ver con el hecho de que has estado viajando por todo el mundo, expuesto a diferentes sensibilidades? ¿O se trataba de buscar una evolución para evitar repetirse?

Tiene que ver con las dos cosas. Por supuesto, la vida sobre el camino tiene mucho que ver, el hecho de conocer nuevos lugares y culturas, de poder documentarlos e interpretarlos a mi manera. Por otro lado, no me interesaba hacer algo similar a “Prender el Alma”; cada vez que empiezo algo nuevo pienso en qué otro rincón puedo explorar. No está bueno repetirse, las repeticiones en el inconsciente se anulan.

Evolución musical natural

La electrónica parece tener menos protagonismo. ¿Es algo planeado, y que tiene que ver con el hecho de que aparecen muchos colaboradores en el disco? ¿O se trata de una evolución natural, ahora que dispones de más medios técnicos y humanos?

En cada entrevista recibo diferentes observaciones sobre este tema; unos sienten que hay más presencia de máquinas, y otros que esa presencia es menor. La verdad es que no existe nada planeado en lo que hago. A veces quisiera planearlo un poco más, pero me gusta que las cosas resulten, y así observarlas después.

También se trata de un disco en el que la voz humana tiene mucha más presencia. Pienso por ejemplo en temas como “Voz de las montañas”, en el que la voz actúa como hilo conductor y, casi, como armazón rítmico. ¿Cómo fue la producción de este tema, y cuál era tu intención?

“Voz de las Montañas” se compuso con los amigos de Minük. La idea era combinar nuestras cabezas y almas, pero también quise darle un tratamiento que apuntara más hacia la tierra, que la gravedad tuviera más presencia y no dejara flotar mucho al tema. Por eso se percibe un tanto monocromático, con distorsión y peso en frecuencias graves.

Nicola Cruz explora espacios acústicos para experimentar con la grabación

Tengo entendido que otra de las canciones, “Arka”, se grabó en el interior de un volcán. ¿Puedes contarnos esa historia? ¿Cómo de importante es la elección del lugar de grabación a la hora de conseguir un sonido determinado?

Arka se grabó en unas cuevas, que están en el interior de un volcán inactivo, cerca de mi casa. Me interesa mucho explorar diferentes espacios acústicos y experimentar con la grabación, me parece que otorga mucho carácter a la música.

Para terminar, ¿estás pensando en algún tipo de espectáculo especial para la gira de “Siku”? ¿Tal vez algún tipo de banda en un sentido tradicional? ¿Que va a mostrar Nicola Cruz cuando toque en Madrid, en el festival Paraíso?

Me gusta la idea de tocar yo solo. La opción “típica” sería armar una banda, pero no me gusta caer en clichés. Sigo disfrutando con el hecho de salir al escenario y defender mis creaciones en solitario. Las colaboraciones en vivo las dejo para muchos proyectos que realizo durante el año en Quito, la ciudad donde resido.

nicolacruz.com
Entrevista: Vidal Romero

PARAÍSO FESTIVAL 2019
14 y 15 de junio 2019
Campus de la UCM – Madrid
Comprar entradas.
paraisofestival.com

Paraíso Festival

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *