Con veinte años de carrera a sus espaldas, y tras haber mantenido residencias en algunos de los clubes más importantes de Europa, Jennifer Cardini puede presumir de auténticos galones en esto de la música de baile. Claro que no es la habilidad tras los platos lo único que brilla en su biografía: también es autora de algunos de los cd-mixes más interesantes de los últimos años –recomiendo empezar con el estupendo Feeling Strange (Kompakt, 2008), que sigue sonando igual de fresco que el primer día- y productora de un puñado de maxis notables. Y todavía le queda tiempo para dirigir Correspondant Records, uno de los sellos más personales e inclasificables que han surgido en esta década, y que cuenta en su catálogo con maxis y discos de artistas como Man Power, Vox Low, Red Axes o The Hacker.

Comencé a pinchar en 1994, cuando tenía veinte años –cuenta Cardini desde su estudio en la ciudad de Colonia–. En aquella época escuchaba a bandas como Joy Division, Coil, Depeche Mode, D.A.F., Fad Gadget, Sisters of Mercy o The Cure… pero también otras cosas más atípicas, como Autechre o Aphex Twin. En aquel momento la música electrónica no era tan popular como ahora, y la única manera de comprar aquellos discos era en vinilo. Echaba de menos escuchar aquellas cosas en los clubes a los que iba a bailar, así que decidí comprar una mesa de mezclas y un par de platos, que, por cierto, todavía sigo utilizando, y comencé a coleccionar discos. Poco después, una tienda de discos me ofreció mi primer bolo, y antes de que me diera cuenta estaba pinchando en L’Anfer, en Dijon, y en el Rex Club, en París. Laurent Garnier era residente de los dos clubes en aquella época.

Diste tus primeros pasos como Dj en Montecarlo, que es un sitio sin apenas tradición en música electrónica. Crecer en un sitio tan aislado, al menos en ese sentido, ¿te ayudó a encontrar una voz personal? Desde luego, todo el aburrimiento que tuve que soportar cuando era una adolescente seguro que influyó. En ese lugar todo estaba demasiado normalizado, no había espacio para ningún tipo de subcultura y creo que esa circunstancia me despertó el hambre por descubrir ‘alguna otra cosa’. Todo eso, unido a que soy una persona gay, me empujó desde muy pronto a buscar una familia en la que pudiera encajar. Una familia que al final encontré en el ambiente queer underground de París, en lugares como Le Pulp.

Después de esa etapa de formación te mudaste a París durante varios años y, por último, has terminado en Colonia. ¿Por qué Colonia y no Berlín, que es la elección habitual para mucha gente en tu situación? La razón principal es el amor: mi chica es de Colonia. Pero también influye el hecho de que París siempre ha sido y siempre será el sitio en el que está mi hogar, y aunque ya no podía seguir viviendo allí durante más tiempo, tampoco quería irme demasiado lejos. Colonia está apenas a tres horas en tren, así que si echo de menos la ciudad puedo plantarme allí de un salto en cualquier momento.

Te he visto pinchar unas cuantas veces y lo que siempre me ha atraído de tus sesiones es la libertad que demuestras. Quiero decir, no te asusta cambiar el estado de ánimo, el estilo o la velocidad entre un tema y el siguiente. ¿Es una manera de mantener despierto al público? Me gusta pinchar canciones sin pararme a pensar en el estilo, en la velocidad o en si están de moda en ese momento. Cambiar el ritmo, buscar espacios para que suenen cosas más ligeras o emotivas, ayuda a que la sesión resulte más emocionante y me permite además establecer una relación más íntima y espontánea con mi público. Además, llevo ya más de veinte años pinchando, y eso significa que he pasado por épocas en las que estaba enganchada al techno de Detroit, al house de Chicago, el shuffle cálido de Colonia y otras mil cosas más. Y nada me gusta más que utilizar todos esos recursos a la vez y mezclarlos con otras cosas más modernas.

¿Sigues alguna estrategia particular a la hora de preparar tus sesiones? Suelo prepararlas pensando en la última canción, esa en la que todas las personas del público terminan bailando juntas, y me pregunto cómo llegar hasta ella. Es un camino en el que, por supuesto, influyen mucho las características del sitio al que vaya a pinchar. También debo confesarte que antes tendía a prepararme mucho las sesiones y eso me provocaba una cierta ansiedad, así que desde hace algún tiempo me las tomo con mucha más libertad.

También la tecnología influye mucho en cómo ha cambiado la manera de pinchar. ¿Eres de las que viajan con un disco duro con cientos de temas cargados o prefieres trabajar del mismo modo que en los días del vinilo, seleccionando un puñado de temas y plegándote a ese material específico? Tengo un disco duro repleto de temas hasta los bordes, pero solo lo llevo encima a modo de respaldo. Prefiero utilizar un USB en el que cargo discos de los ochenta y los noventa que yo misma he ripeado de mi colección, además de algunos de los temas que pincho de manera más asidua en cada momento. El tamaño es limitado, pero eso me permite centrarme más en la sesión. Es muy fácil perderse cuando tienes demasiada música entre la que elegir.

Has publicado varios cd-mix, algunos particularmente interesantes. ¿Cuál es tu estrategia a la hora de grabar? Me gusta ponerme en la piel de los posibles oyentes: gente que va conduciendo su coche, que está atrapada en un embotellamiento en la autovía, que está cocinando con los amigos o que sencillamente ha salido a correr. Un buen cd-mix es aquel que puedes escuchar en cualquier situación y que además puede resistir el paso del tiempo.

¿Cuáles son las sesiones que te gustan más como oyente? Toda la serie Immer es imprescindible. Todas las sesiones que puedas encon- trar de Ivan Smagghe o Andrew Weatherall lo son también. Me gusta casi todo lo que hacen en Beats in Space y deberías escuchar las mezclas que hacemos en la Correspondant Podcast Series.

A lo largo de tu carrera has publicado varios maxis, la mayoría en colaboración con otros productores. ¿Por qué no visitas más a menudo el estudio? ¿Es un problema de falta de confianza, tal vez de perfeccionismo? Es una mezcla de las dos cosas, pero la razón principal es que viajo mucho y últimamente todo el tiempo libre se lo come la gestión de mi sello. Pero tengo algunas semanas reservadas en 2016 para dedicarlas a producir nuevos temas.

¿Será para trabajar de nuevo con David Shaw? Me gustó mucho In the Ballroom EP, ese maxi que grabasteis a medias. Sí, eso es precisamente lo que está planeado. Tenemos prácticamente terminado nuestro segundo EP, pero necesitamos algo de tiempo para darle los últimos retoques. Estamos muy ocupados, pero nos encanta trabajar juntos.

En 2011 fundaste tu propio sello, Correspondant. ¿Qué te empujo a tomar esta decisión? ¿Querías construir una especie de legado? Siempre quise tener un sello, y de hecho llevaba años coleccionando demos y sesiones que la gente me pasaba en los clubs, así que todo se reducía a una cuestión de tiempo. El empujón que me faltaba lo encontré cuando me mudé a Colonia; estando allí pude contar con Michael Mayer y los chicos de Kompakt, que me echan una mano con todo el proceso.

Uno de los aspectos de Correspondant que más me interesan es que muchos de los artistas provienen de países que no son ‘habituales’ en la escena electrónica, como España o México. ¿Es más fácil encontrar cosas interesantes en los lugares donde nadie más busca? Para ser honesta, no es algo que tenga que ver conmigo, sino con el grado creciente de popularidad que está adquiriendo la escena electrónica en todo el mundo. Ahí tienes el ejemplo de México, un país en el que cada vez suceden más cosas interesantes. Además, los artistas jóvenes siguen haciendo lo mismo que han hecho toda la vida: enviar maquetas a los sellos que les gustan, aunque esos sellos estén en EE.UU., en Francia o en Colonia.

¿Encuentras a tus artistas siempre a través de maquetas? Recibo muchas maquetas y correos electrónicos, y siempre intento escuchar todo lo que me mandan. Por supuesto, siempre suelo preguntar a los artistas que me interesan si estarían dispuestos a trabajar conmigo, y los músicos que graban para el sello también me ponen en contacto con otros conocidos suyos. En los próximos meses publicaremos maxis de Massimilano Pagliara & Benoit Gagnon, Bird of Paradise y Patrice Baumel, este último con un remix alucinante que ha grabado Voiski.

Estoy seguro de que como Dj habrás comprobado que la actitud de las personas que van a los clubes ha cambiado en los últimos años. Quiero decir que si en el pasado iban a descubrir nueva música y aprender, ahora parece que siempre están exigiendo escuchar los mismos hits que suenan en todas partes. Mi teoría es que se trata de una consecuencia de la sobredosis de información con la que nos inundan servicios como Spotify o Youtube, que han terminado por convertir a los oyentes en pequeños dictadores. Es cierto que eso que cuentas sucede, aunque también hay mucha gente que sigue siendo curiosa y educada. Es una realidad en la que tienen mucho que ver el espíritu de cada club y la política de programación que sigan, pero por supuesto siempre hay alguien dispuesto a realizar estupideces. Hace poco me tiraron por encima una copa de ron con cola mientras me preparaba para comenzar mi sesión. Andrew Weatherall estaba pinchando su último tema, una pista maravillosa que no tenía ritmos, y supongo que al chico del ron no le gustaban demasiado aquellos arpegios… Es un fenómeno nuevo, que me sorprende como amante de la música que soy, y que espero que no llegue a generalizarse, porque para mí resultan muy tristes esas sesiones en las que la gente conoce la mayoría de las canciones que pinchas y el efecto sorpresa desaparece.

www.jennifercardini.net

Entrevista: Vidal Romero
Foto: Katja Ruge

 

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