Dead Can Dance

Tras casi cuarenta años de carrera, después de sobrevivir a una ruptura sentimental y a todas las etiquetas que han intentado adjudicarles (las que van desde gótico a new age, para entendernos), los dos miembros de Dead Can Dance han conseguido eso tan raro de convertirse en clásicos. Unos clásicos que habitan un mundo propio. Ajeno a los caprichos de las modas y a los vaivenes de la industria. Su noveno disco de estudio, “Dyonisus” (PIAS, 2018), es un luminoso crisol de ideas y sonidos. En él, caben fiestas de la cosecha, coros de inspiración griega, chamanes, formas musicales del siglo XVI, decenas de instrumentos mediterráneos y hasta el sonido de la naturaleza. Un fantástico babel, cuyos secretos desvela la mitad masculina de la banda, Brendan Perry, desde su refugio en Francia.

Leyendo los créditos del disco, en los que apareces como compositor, arreglista y productor, da la impresión de que “Dyonisus” iba a ser una aventura tuya en solitario. ¿Cuándo y por qué decidiste convertirlo en un disco de Dead Can Dance?

En realidad, siempre estuvo pensado como un disco de Dead Can Dance. Desde los tiempos de “The serpent’s egg” (1988) hemos funcionado de esa manera: yo soy el encargado de buscar los arreglos y la instrumentación, de definir el concepto central del disco y crear las líneas sobre las que se desarrollará. En este caso, como se trata de uno de los discos más conceptuales que hemos grabado nunca, el proceso se ha dilatado mucho más y por eso mi papel parece tan grande.

Dead Can Dance como un intenso trabajo colaborativo

Es interesante esto que cuentas. Hace algunos años entrevisté a Lisa Gerrard y me hablaba de los discos de Dead Can Dance como de un trabajo colaborativo.

Y así es. Lisa no interviene hasta que las bases del disco están ya asentadas, pero su papel es fundamental, tanto a la hora de reconducir algunas de las canciones, o incluso desechar parte del material, como en sus aportaciones instrumentales. “Dyonisus” está inspirado en una tragedia griega clásica, así que las voces constituyen un elemento central, y Lisa es la única persona capaz de catalizar todas esas ideas y llevarlas a un plano más elevado.

Investigando el mundo de los espíritus

La inspiración es griega, pero luego el disco toma la forma de un oratorio. Me parece una elección formal interesante.

Teniendo en cuenta el papel protagonista que tienen las voces, la omnipresencia de las masas corales y el tipo de imágenes que queríamos contar, nos parecía la mejor opción. Además, aunque durante el siglo XVI la mayor parte de los oratorios que se escribieron tenían connotaciones religiosas, también existían piezas de inspiración pagana, que investigaban el mundo de los espíritus desde un punto de vista secular. Algo que tiene mucho que ver con los temas que trata el disco, con el mito de Dionisio en sus diferentes encarnaciones a lo largo del Mediterráneo.

Potente carga conceptual

Esa construcción también añade al disco una potente carga conceptual, a pesar de su corta duración.

Otra de las razones para utilizar una forma cerrada es que queríamos ajustarnos al formato del vinilo. Para mí, esa es la forma de escucha ideal. En parte porque muchos de los recuerdos que tengo como oyente están vinculados a este formato, pero también porque la manera de enfrentarse a un disco se sale de lo casual, te obliga a mantener una relación física con la música. Es algo parecido a un viaje, una experiencia que puede llegar a tener tintes místicos.

Desde luego, es una decisión que va en contra del modo de consumir música en la actualidad, mucho más enfocado a canciones cortas y vídeos en Youtube.

Ahora mismo tendemos a cambiar de un estímulo al siguiente con mucha rapidez. La atención se desvanece porque hay muchas distracciones, estamos contaminados con el virus de internet y las redes sociales. No vemos, no olemos, no escuchamos, y este disco necesita ser escuchado con sensibilidad y paciencia, así que el vinilo es el formato perfecto.

El mito de Dionisio es el eje que articula todo el disco. ¿Cómo llegaste hasta esta figura?

En realidad, se trata de un mito que me ha interesado desde que era niño. Hace unos años cayó en mis manos un libro de Nietzsche, “El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música”, en el que dividía a los artistas y pensadores griegos en dos tipos: los apolíneos y los dionisíacos. Estos últimos eran más profundos y caóticos, buscaban inspiración en la naturaleza y los sueños, y eso los convertía en personajes impredecibles, algo con lo que me siento identificado.

Ritos asociados a las estaciones o a las cosechas

Comencé a investigar las implicaciones de Dionisio en la música y el teatro griego. Su traslación hacia fiestas que generalmente tenían que ver con ritos asociados a las estaciones o a las cosechas. Con la llegada del cristianismo la vertiente pagana de estos ritos tendió a diluirse, lo que significó perder contacto con la naturaleza en muchos de los casos. Pero no en todos: todavía existen festivales y fiestas en pueblos del Mediterráneo que están enraizadas en esta idea, en este mismo mito, aunque su forma haya evolucionado.

Tu idea de Dionisio está circunscrita al Mediterráneo, y eso se traduce en la paleta sonora que has escogido, que incluye muchos instrumentos tradicionales de esta zona. ¿Era una forma de añadir un componente geográfico a las canciones?

Desde luego, esa es una de las razones. Me interesa el hecho de que en países con una cultura y una evolución tan diferentes existan todavía ritos y costumbres comunes, que son anteriores al cristianismo. Con los instrumentos sucede algo parecido: aunque provengan de lugares que en apariencia no tienen nada en común, conservan ciertas características sonoras que los emparentan y que permiten combinarlos con facilidad. Me interesaba introducir esa cualidad en las canciones, utilizar esas dinámicas tan particulares como un punto de partida.

Sin demasiado apego a las letras

Teniendo en cuenta la cantidad de instrumentos que pueden llegar a sonar en un disco de Dead Can Dance, imagino que en muchos casos tu manera de tocarlos no será muy ortodoxa.

Hay algunos que sí puedo tocar, porque se parecen más o menos a otros que conozco. Pero tienes razón, se trata de un territorio donde entra en juego la tecnología. En muchas ocasiones me limito a grabar sonidos y notas que luego manipulo y modifico a mi antojo. Al final se trata de una combinación entre tocar y programar. Por otro lado, somos una banda que no tiene demasiado apego a las letras. La mayoría de las voces están compuestas a partir de sílabas sueltas o de arreglos corales. Eso nos permite establecer un diálogo más profundo con los instrumentos que escogemos en cada momento. No existen imágenes literales, solo un flujo continuo de sensaciones y emoción pura.

En “Dyonisus” también suenan muchas grabaciones de campo. ¿Son referencias a lugares que te han inspirado?

En algún caso es así, pero la gran mayoría son grabaciones realizadas por otras personas que me parecían interesantes. Quería introducir elementos sonoros reales en el disco porque los ritos a los que hace referencia están muy vinculados con la naturaleza. Debemos suponer que la gente escucharía la música que sonaba en esas fiestas al aire libre. Mezclada con el sonido del viento y la lluvia, de los ríos y los insectos. Por supuesto, hay mucho de trampantojo en esta decisión. No se trata de una reproducción del ambiente real, sino de una recreación controlada. Aunque también tengo que decir que en todos los casos se trata de grabaciones que suenan con continuidad. No hay loops o efectos aplicados sobre ese material. Eso significaría atentar contra su lógica interna y sus significados ocultos.

Expandiendo la mente hacia un plano musical

En las notas del disco hablas del uso de drogas por parte de las sociedades dionisíacas. Un uso que en este caso parece reflejarse en la manera alucinada con la que se superponen las distintas capas de sonido.

He tenido experiencias con este tipo de drogas hace muchos años, si es lo que preguntas. Aunque no para grabar este disco. Pero es cierto que las drogas han tenido un papel importante en las sociedades antiguas. Sobre todo como instrumentos para el conocimiento espiritual. Hay muchas culturas que las utilizan, casi siempre dejándolas en manos del chamán o sacerdote, que es el encargado de inducir hacia el trance al resto de la población. A mí me interesan porque ayudan a expandir la mente. Aunque es cierto que resulta complicado trasladar ese tipo de conceptos a un plano musical.

Es curioso que digas esto, porque precisamente el sonido parece tener un protagonismo muy grande en “Dyonisus”. Al mismo nivel, o incluso por encima que la estructura.

En realidad, muchas de las partes están construidas como si fueran cantos rituales. Con las voces sublimadas en el interior de la música, por eso produce esa sensación de hipnosis. El disco es una celebración de la naturaleza, un canto a la metamorfosis y el cambio de de las estaciones. Algo particularmente necesario en un momento en el que estamos perdiendo los vínculos con la tierra que nos rodea. La mayoría de la gente vive en ciudades y no comprende los ciclos de la naturaleza. Me parece muy triste.

El peyote como una manera de trascendencia

En la portada del disco aparece una máscara tradicional mejicana. Es una elección curiosa, si tenemos en cuenta que la inspiración del disco es mediterránea.

Tienes razón. Creo que refleja a la perfección el poder de Dionisio y de las fuerzas de la naturaleza que están implicadas. Es una máscara muy delicada y difícil de encontrar. Exige mucho trabajo por parte de los artesanos y tiene un uso religioso, no es para turistas. Me regalaron esta hace más de veinte años, y siempre ha tenido un lugar de honor en mi casa. Como sabrás, hay ciertas religiones en aquel país que utilizan el peyote como una manera de trascendencia. Los chamanes utilizan máscaras como esta durante la ceremonia. Representa ese momento en el que la mente explota y la sensibilidad aumenta. Permitiendo que el chamán entre en contacto con la naturaleza y los espíritus que le rodean.

Dead Can Dance estáis preparando una gira para presentar “Dyonisus”. Imagino que el carácter conceptual del disco afectará a la forma de esos conciertos.

Tenemos que tocarlo por completo, no tendría sentido de otra manera. De hecho, ya hemos tocado un par de veces y funciona bastante bien. Para la segunda parte del espectáculo estamos recuperando canciones antiguas, de nuestros primeros discos, aunque con nuevos arreglos. Será una celebración de los ochenta, un regalo para los seguidores que han estado ahí desde siempre.

www.deadcandance.com

Entrevista: Vidal Romero

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