Los demonios no pintaron apenas nada en el desarrollo de Bohemian Rhapsody, el biopic dedicado a la mítica banda QUEEN, pero sobre todo a uno de sus componentes, ese que a día de hoy sigue siendo uno de los mayores genios de ha parido la música: Farrokh Bulsara alías Freddie Mercury. Los directores (el neoyorkino Bryan Singer hasta que lo echaron, el londinense Dexter Fletcher después) y el plantel de guionistas (Peter Morgan entre ellos) optaron por traer a la gran pantalla una historia muy apta para todos los públicos en vez de batir el avispero de las desdichas, los rumores y las polémicas. Todas las generaciones vibrarán esta vez con las dos horas y cuarto de un entretenido filme, y su emocionante banda sonora.

 

Una gran historia

Es y debe ser así. Tras un talento de la magnitud de Freddie (designado además uno de los héroes asiáticos de los últimos sesenta años y por la misma ciencia como el mejor vocalista de siempre) debe existir siempre una gran historia. Queda patente en esta cinta que un exótico chaval nacido en Zanzíbar practicó boxeo alentado sobre todo por el carácter firme de un padre, para luego –ya en el Reino Unido- modelarse finalmente poco como un excelente pianista y cantante.

Una mente creativa que creyó en la libertad a la hora de componer, así como tenía siempre presentes las habilidades de gente como Little Richard o Cream, y como no la Ópera. Todo esto, y bastante más, como por ejemplo su enrolamiento nada más arrancar los 70 a Smile, aquella banda de rock juvenil de Brian May y Roger Taylor, que luego derivaría en la que ya todos sabemos. Pues todo eso lo disfrutaremos de un modo bastante llevadero en Bohemian Rhapsody (20th Century Fox, 2018).

Respeto al protagonista

Una de las grandes noticias de este tributo cinematográfico en honor de QUEEN y su alma mater fue sin duda la elección del actor que interpretase al reconocido cantante. Rami Malek (Mr. Robot, Old Boy en la versión por Spike Lee, u otra película recuperada Papillon) lo borda. Y eso que el reto era de aúpa. Se supone que la película debía ser protagonizada por Sacha Baron Cohen, quien se rumorea abandonó el proyecto porque quería un enfoque más cañero y adulto. Lo pienso, y ahora no lo veo.

Volviendo a Malek, los esfuerzos y energías puestos en este papel le honran. Ya no solo procurando clavar los gestos cotidianos, movimientos sobre el escenario… sino también cuando agarraba el micro. Sabemos que se sometió a clases intensivas de canto en los legendarios estudios londinenses de Abbey Road. Luego, a la hora de la verdad, ésta fue mezclada con las reales de Freddie Mercury (incluyendo varias pistas de demos) y la del cantante canadiense Marc Martel.

El resto del reparto tampoco cojea

Se da por hecho que el gran peso del resto del reparto debía recaer en las interpretaciones de sus compañeros de banda: Brian May (Gwilym Lee), Roger Taylor (Ben Hardy) y John Deacon (Joseph Mazzello). Todos ellos bastante correctos, destacando Brian May y su colección de gestos respetuosos pero desconcertados con las extravagancias o caprichos de Freddie. Y no digo del ‘líder de la banda’, porque ellos mismos quieren dejar muy claro en cierto momento de la historia –uno crítico- que QUEEN debía funcionar como un solo ente. De no ser así, podrían correr el peligro de disolverse, e incluso tentados por el dinero abrirse caminos en solitario. Que vale, pasó. Fue una tentativa equivocada, y gracias a la sensatez, fallido tal como se nos plantea en la película.

Grandes anécdotas reales

La verdad es que el talento de todos los músicos queda retratado positivamente en Bohemian Rhapsody. Ocurre de un modo cordial y bastante simpático. El minutaje en este sentido funciona muy bien, cargado de anécdotas sobre cómo se crearon muchos de sus grandes éxitos (Radio Ga Ga, Another One Bites The Dust, We Will Rock You o como no, la que presta su título a la película y que fue grabada ¡en tres semanas!), la experimentación tras A Night at the Opera (EMI, 1975), la pertinente explicación de Mercury sobre su cavidad bucal, esa pasión suya por rescatar gatos de la calle, etc. Todo funciona sin atropellos. Las piezas se unen con agilidad y chispa (el disparate en torno a los Galileos, se lleva la palma).

En todo caso, lo que romperá un poco el ritmo será su idilio personal con Mary Austin (Lucy Boynton) no al principio, porque como conectaron y secuencias tipo la de la cabecera de la cama-piano es algo hermoso, más bien después cuando Freddie orienta definitivamente hacia otro lado su sexualidad pero la quiere tener cerca (el jueguecillo de la lámpara, uf, sobra tanto). Su conexión con Mary incluso aparca a un segundo plano su otro gran amor, quien definitivamente le recondujo, Jim Hutton (Aaron McCusker). Del resto del reparto destacar igualmente a Tom Hollander y Mike Myers, en las pieles de Jim “Miami” Beach y Ray Foster respectivamente.

Lo que bien empieza, mejor acaba

Lo digo por lo que veremos en pantalla durante los primeros minutos, pero sobre todo por el tramo que corona el filme. El hilo conductor es nada más y nada menos que ese conciertazo inolvidable de 1985 en Wembley con motivo del LIVE AID organizado por Bob Geldof (Dermot Murphy en la peli). La recomposición de prácticamente los veinticuatro minutos que duró el concierto es admirable. Reconozco se me escaparon un par de lágrimas reviviendo aquello. Sin más artificios que los acaecidos ese día, es todo un lujo resucitarlo desde dentro (una visión desde el mismo escenario) y otras muchas perspectivas. Como alguien entre el público ondeaba escrito en una bufanda: Queen Works.

 

Una banda sonora para siempre

La música es magia presente. En esta ocasión hablaríamos de otro tesoro-recordatorio para los seguidores acérrimos de Queen, que también para nuevas generaciones con ganas de descubrirlos un poco más. Se trata de una colección de hasta veintidós canciones que han resucitado desde Virgin EMI (Universal) y donde se retoman títulos como Doing All Right o Don’t Stop Me Now, vibraremos de nuevo con las versiones en directo del Keep Yourself Alive, Radio Ga Ga, Hammer to Fall, We Are the Champions o Love of My Life

También con una mezcla especial para la película del We Will Rock You, y la famosa fanfarria de la 20th Century Fox recreada a posta por el mismísimo Brian May. Una pintoresca forma de introducir la historia en el cine, que también el disco que la acompaña. Como apuntes extra. Al menos para mí no pasaron por alto, así que me gustaría apuntar que durante el filme se escuchan también composiciones ajenas de artistas o compositores como Rick James, Cream, Dire Straits, e incluso Maria Callas y Giacomo Puccini.

Recomendación: elegir bien la sala

Tan claro como el agua que Bohemian Rhapsody no solo hay que verla, hay que escucharla. Y bien. Definitivamente respaldará tus sensaciones. Tengo en mi caso la suerte de vivir en Barcelona, ciudad donde disponemos de una sala de Cinesa con tecnología Dolby Cinema (Vision y Atmos de la mano). Allí la vi. Creo encima que es la única en España con este desarrollo tecnológico… El caso es que, y me repito porque te merecerá la pena, un buen sonido acompañando este tributo cinematográfico a Queen, lo cambia todo.

www.foxmovies.com

Texto: Bruno Garca

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