Battles

Para los neoyorquinos Battles, los conceptos de bucle y repetición han sido siempre troncales. Más que compuestas de una manera clásica, sus canciones surgen del apilamiento y superposición de elementos. Una forma de tocar tan intelectual como física, que permite entender conceptos como tiempo y ritmo de un modo elástico. El abandono de su bajista obligaba a preguntarse si un duo podría mantener esa tensión y complejidad. Y tras escuchar su cuarto disco, “Juice B Crypts” (Warp, 2019), la respuesta es afirmativa. El batería, John Stainer, explica cómo lo han conseguido.

 

Dave Konopka dejó la banda el año pasado. ¿Había divergencias artísticas, o estaba cansado del estilo de vida nómada que lleváis en Battles?

No han existido problemas entre nosotros, seguimos siendo amigos y nos vemos con frecuencia. A Dave le gusta mucho tocar, y de hecho tiene un par de proyectos en marcha, pero estaba cansado de salir de gira y de todo lo que eso significa.

La vida en pareja

El hecho de convertiros en dúo os habrá obligado a ajustar la manera en la que solíais trabajar. ¿Qué ha cambiado en esta nueva configuración?

Las cuestiones básicas no han cambiado demasiado, porque Battles siempre ha sido un proyecto colaborativo. Nunca hemos trabajado de una manera tradicional, a partir de las canciones que escribiera uno de los miembros de la banda, sino que todo se crea desde cero en el local de ensayo y se discute hasta alcanzar un consenso. Es un proceso que podía llegar a ser cansino, porque todos somos muy cabezotas y había muchas peleas (risas).

Entre dos personas será más sencillo ponerse de acuerdo, claro.

Es mucho más rápido. De hecho, es sorprendente la rapidez con la que hemos trabajado en esta ocasión. Es posible que se deba a que cada uno de nosotros tenía más espacios que rellenar, algo que también se refleja en la musicalidad de las canciones nuevas. Y también a la presencia del productor, Chris Tabron, que es una persona espléndida.

¿Ha habido cambios de instrumentos, pensando en el directo?

Evidentemente, cada uno de nosotros ha ampliado su paleta de instrumentos, pero es una decisión tomada sobre todo para las grabaciones en el estudio. En Battles siempre hemos tenido una filosofía acerca de nuestras canciones: todo lo que sonara en ellas tenía que poder tocarse en directo. Pero en esta ocasión resulta imposible, porque eso hubiera significado renunciar a cosas que queríamos hacer y probar. Y tampoco estamos dispuestos a contratar a músicos de apoyo para las giras, así que la solución ha sido no preocuparnos por el directo… Al menos hasta ahora, que estamos preparando la gira (risas).

Un estudio en la ciudad

Para mí, el sonido es más limpio. Quiero decir, hay menos capas y más espacios vacíos.

No sé si hay menos capas, pero sí sé que están las que tienen que estar. De nuevo, se trataba de no ponernos límites. Por otro lado, trabajar con espacios vacíos es una cosa lógica para nosotros desde siempre, aunque sólo fuera para poder escuchar lo que estaban haciendo los demás (risas).

Las canciones son también más cortas que en otras ocasiones; sólo hay dos por encima de los cinco minutos. Y hay menos interludios y pasajes de conexión.

No es algo premeditado y, la verdad, no sé por qué ha pasado. De hecho, teníamos una súper canción de más de diez minutos, y decidimos partirla en varios trozos, que siguen estando conectados pero también funcionan por separado. Es posible que tengas razón, y que sea algún tipo reacción a nuestra nueva situación.

Nuevas texturas y sonidos

Habéis cambiado de productor. Hasta ahora trabajabais con Keith Souza, pero en este caso el escogido es Chris Tabron, un tipo que suele trabajar con estrellas del mainstream como Beyoncé o Nicki Minaj. ¿Queríais dar también un giro al sonido, empezar de cero?

Grabamos todos los discos anteriores en el estudio de Keith, un lugar maravilloso en medio del campo, cerca de Rhode Island. Pero nuestras circunstancias han cambiado, y no sólo por la marcha de Dave. Ahora tenemos familias, y no queríamos alejarnos de ellas durante varias semanas, así que decidimos buscar un estudio dentro de Nueva York. Escogimos el de Chris en parte porque queríamos que el disco fuera diferente a nivel de texturas y sonido, y él es un productor joven y que viene del mundo del pop. Y aunque puede parecer que no pertenece a nuestro mundo, trabajar con él es maravilloso, es capaz de hacer realidad cualquier cosa que se te ocurra, y además aporta muchísimas ideas. Se ha convertido en el tercer miembro de Battles.

A vueltas con los cantantes

Como ya es habitual, también hay varios cantantes invitados, de la talla de Shabazz Palaces, Xenia Rubinos o Tune-Yards. ¿Cómo realizáis estas colaboraciones? ¿Escribís las canciones pensando en los cantantes, o son ellos los que se adaptan a vosotros?

Escribimos las canciones, y cuando ya las tenemos bastante avanzadas empezamos a pensar en quién podría cantarlas. Alguna vez hemos probado a trabajar de la manera opuesta, intentando escribir una canción que se adapte a una voz determinada. Pero no ha funcionado, lo que sale es un refrito que no se parece a Battles.

¿Qué grado de libertad le dais a los cantantes?

Cada caso es diferente. Algunas veces vienen al estudio mientras grabamos, otras veces la canción está tan cerrada que les guiamos y les explicamos más o menos por dónde tienen que tirar, y alguna vez hemos enviado la música y hemos recibido a vuelta de correo las colaboraciones. Pero en general llamamos a esos cantantes y no a otros porque nos gusta cómo cantan y las canciones que hacen, así que les damos la máxima libertad posible.

Colaboración con Jon Anderson

Me llama la atención de manera particular la presencia de Jon Anderson, antiguo cantante de Yes, y de Sal Principato, de Liquid Liquid. ¿Cómo entrasteis en contacto con ellos?

Jon me escribió hace nueve años para que colaborara en un disco suyo, pero por desgracia estaba de gira con Battles y no pude aceptar. Aún así, se ofreció a cantar si alguna vez lo necesitábamos. Tuve que buscar su correo en las catacumbas de mi Gmail, pero por suerte no lo había borrado y pude retomar el contacto. ¡Y lo mejor es que se acordaba! En cuanto a Sal, Craig había trabajado con él y le llamó. Somos muy fans de Liquid Liquid, así que estábamos muy nerviosos pensando en qué le parecería nuestra canción y si sería capaz de adaptarse. Pero llegó al estudio, la escuchó un par de veces y la clavó.

Una auténtica banda de rock 

Parece que el disco está construido alrededor del tema de la tecnología y su influencia en la vida actual. ¿Cómo le transmitís un tema tan complejo y específico a los cantantes, para que escriban sus letras?

El concepto original de Battles ya giraba alrededor de la tecnología, y de su papel como herramienta capaz de expandir las posibilidades de la música. Es algo bastante común, sobre todo para las nuevas generaciones, pero es evidente que ahora que somos solo dos ese papel será más importante que nunca. De todos modos, y a pesar de ello, seguimos considerándonos como una banda de rock.

Un disco lo más neoyorquino posible

El diseño gráfico de “Juice B Crypts” y de los dos videos que habéis sacado (“Titanium 2 step” y “A loop so nice… /they played it twice”) es también muy interesante. Hasta ahora, este trabajo lo realizaba Dave Konopka, pero en esta ocasión habéis confiado en Andrew Kuo. ¿Qué ha supuesto tener que delegar este aspecto en manos de alguien ajeno a la banda?

Era una decisión inevitable, y al final hemos seguido el mismo criterio que en el resto de los aspectos del disco. Es decir, si queríamos que este disco fuera lo más neoyorquino posible, entonces el diseñador tenía que ser neoyorquino, y alguien cercano a la banda. Andrew es amigo nuestro desde hace algunos años y su trabajo nos encanta, así que no fue muy difícil decidirnos.

El directo siempre ha sido uno de los puntos más fuertes de Battles. ¿Cómo vais a resolverlo ahora que sois solo dos músicos en escena?

Tendrás que esperar y verlo con tus propios ojos, en parte porque ni siquiera nosotros lo tenemos claro (risas). Lo único que sabemos es lo que he dicho antes, que no queremos contratar a músicos, y eso supone un problema a la hora de adaptar el material más antiguo. Después de varios meses trabajando, todo llegará a buen término. Pregúntame de nuevo dentro de un año, a ver qué tal ha ido.

www.bttls.com

Entrevista: Vidal Romero

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