Plaid

Criados al calor del electro, la primera música rave y aquello que se dio a llamar “intelligent techno”, los ingleses Plaid llevan treinta años exprimiendo sintetizadores, cajas de ritmo y ordenadores. Máquinas de las que extraen una música cubista y afilada, de vocación experimental, pero que no renuncia al goce melódico y las atmósferas cálidas.

Su décimo disco, sin contar bandas sonoras y colaboraciones varias, se titula “Polymer” (Warp, 2019). Un concepto que define a la perfección la naturaleza fragmentaria de sus canciones, que están compuestas a partir de cientos de partes minúsculas. Pero que también refleja la preocupación de esta pareja por la acumulación de plásticos en el medio ambiente, y las consecuencias que esto tendrá sobre la vida humana. Añadan a lo anterior un tono arisco en algunos ritmos y texturas, consecuencia del complicado momento político que se vive en estos tiempos de Brexit, y tendrán entre las manos uno de los mejores discos que han grabado nunca Ed Handley y Andy Turner. Desde su estudio en el centro de Londres, hablan de todo esto antes de su concierto en la pasada edición de L.E.V. Festival.

 

Después de treinta años, ¿dónde encuentra Plaid la inspiración para enfrentar un nuevo disco? ¿Cuánto hay de oficio y cuánto de exploración en cada uno de vuestros proyectos?

Nunca dejamos de escribir música, así que en realidad no existe un punto de partida claro a la hora de hacer un disco, salvo que hayamos definido un concepto de antemano por algún motivo. Solemos probar ideas nuevas cuando tocamos en directo, y las que funcionan las incorporamos a las grabaciones que llegan después. Y si compramos algún sintetizador o efecto nuevo lo exprimimos a fondo, hasta encontrar algo que pueda hacer evolucionar nuestro sonido de algún modo.

Algo antiguo, algo nuevo y algo prestado

Lo pregunto porque, en cada disco de Plaid, hay siempre una mezcla de elementos “clásicos” y de nuevas estrategias. Los elementos clásicos son todos esos sonidos cromados, las campanitas, ritmos rotos y samples alienígenas que conforman vuestra paleta de sonido desde el principio. Y las nuevas estrategias son las formas en las que conectáis y manipuláis esos elementos para producir cosas frescas. ¿Existe algo parecido a un “sonido Plaid”?

Todo tiene que ver con los gustos. Nos gustan ciertos tipos de sonidos, como las percusiones afinadas, así que solemos utilizar campanas, xilófonos o vibráfonos. Por otro lado, no queremos presumir de haber creado un sonido propio, aunque muchos de nuestros oyentes piensan como tú. Somos el resultado de haber crecido escuchando música, sobre todo electro y electrónica sincopada, a la que hemos añadido una sensibilidad propia. Pero nadie sería capaz de apreciar lo que hacemos si no tuviera una base en común con nosotros.

La importancia de los detalles

Las herramientas que utilizáis para hacer música producen diferencias entre un disco y el siguiente. Cuando publicasteis “Spokes” (2003), estabais comenzando a trabajar con ordenadores, y eso provocó una complejidad inédita en vuestros temas. En los últimos tiempos, sin embargo, habéis buscado fórmulas más simples y directas. O al menos es lo que parece en la superficie, porque siempre hay puzles de sonido bullendo en el plano de fondo.

Siempre hemos creído que los detalles son muy importantes. Y también es cierto que intentamos realizar composiciones complejas, pero que sean fáciles de escuchar. La manera en la que crecen la velocidad de computación y los avances en síntesis son una bendición, pero sólo en parte. Te ofrecen el potencial de llevar a cabo cualquier cosa que pase por tu imaginación, pero también es cierto que las limitaciones de los instrumentos antiguos espoleaban la imaginación. Mira por ejemplo lo que sucedió con la TB303: su sola existencia permitió crear todo un género de música que sus creadores no habrían sido capaces de imaginar sin esa máquina.

Melodías que son como ritmos

Otra cosa que me interesa es la manera en la que en Plaid tratáis las melodías. El modo en el que conseguís que formen parte de los patrones rítmicos, o cómo hacéis que los patrones rítmicos se conviertan en melodías.

Es la razón por la que nos gustan tanto las percusiones afinadas (risas). Por supuesto, no puede haber ritmo sin tonalidad y viceversa. Pero también hay que tener en cuenta las limitaciones humanas, que nos impiden discernir un ritmo a partir de ciertas velocidades. Un bombo o un timbal tienen siempre un tono fundamental, y un tono siempre tiene un principio y un final, un ritmo. Nos gusta explorar el espacio entre esas definiciones.

Por último, me gusta lo “naturales” que parecen muchos de los sonidos que utilizáis en vuestras canciones. Por un lado, creo que se debe a que utilizáis grabaciones de campo y samples de instrumentos acústicos. Pero también es cierto que habéis colaborado con muchos otros músicos, y me pregunto si esas experiencias han moldeado vuestra manera de componer.

Nos encanta colaborar con otros músicos, y hemos tenido la suerte de trabajar con gente brillante. Por ejemplo, Benet Walsh, que toca varios instrumentos en “Polymers”, y aporta influencias que vienen del folk, el indie y la música clásica. Con él no tenemos un método de trabajo fijo. A veces nos propone un gancho melódico y construimos a su alrededor, y otras veces toca por encima de una canción que ya tenemos terminada y añade arreglos.

Polímero

Lo que nos lleva al significado del título del disco. Creo que el término “polímero” es perfecto para definir la música de Plaid: una macroestructura que está compuesta por multitud de microestructuras, algunas de origen natural y otras claramente sintéticas.

Es precisamente lo que nos gusta de la palabra, que describe muy bien la manera en la que trabajamos. Pero también se trata de un material que nos preocupa, debido a su impacto en el medio ambiente y todas las noticias en las que ha aparecido mientras trabajábamos en el disco.

Utilizar la música para lanzar ese tipo de mensajes ecologistas o políticos siempre ha sido complicado, en especial en casos como el vuestro, en el que dominan las canciones instrumentales. Así que, ¿cómo se reflejan esas preocupaciones dentro del disco?

En Plaid somos un poco recelosos a la hora de hablar de estos temas, pero la verdad es que todo lo que nos rodea, nuestras preocupaciones y nuestros logros, se cuelan en el proceso de escritura de algún modo. En el caso de “Polymers”, cuando empezamos a seleccionar qué temas formarían parte del disco, nos dimos cuenta de que se trataba de un material más oscuro y agresivo que el de los discos anteriores. Y entre los factores que han influido en ese giro están nuestra preocupación por el medio ambiente y el cambio climático. También el crecimiento de los nacionalismos, por culpa de la desinformación tecnológica y un liderazgo político amoral. El disco no trata exactamente sobre esos temas, pero sin duda su sombra está ahí dentro.

La música y la conciencia política

¿Cómo os sentís acerca del Brexit y de todos los problemas que sacuden la política inglesa?

La situación es particularmente mala. Hemos tenido la suerte de viajar por todo el mundo durante las últimas tres décadas y, aparte de pasarlo siempre muy bien, nos ha servido para comprender que la gente es bastante parecida en todas partes, más allá de las circunstancias económicas y las tradiciones culturales. Hemos conocido el mismo rango de personas en todas partes: algunas son mezquinas, otras egocéntricas, otras altruistas… Así que es ridículo creer que el hecho de nacer en Inglaterra produce una personalidad definida y diferente a la de alguien de otro país. Por eso, somos incapaces de vernos reflejados en la retórica nacionalista. Una retórica que es ignorante e insalubre, aunque las mentiras sean muy persuasivas. Nos irrita la situación política, y nos irritan aquellos que la han provocado solo para satisfacer sus deseos de mayor poder y dinero.

Aire cinematográfico

También hay un aire cinematográfico en algunas de las canciones. ¿Es un reflejo de todas las bandas sonoras en las que habéis trabajado durante vuestra carrera?

Hemos aprendido mucho de las bandas sonoras, sobre todo porque se trata de una disciplina diferente, en la que nuestro trabajo consiste en apoyar la visión de un director o un productor. Eso significa que no podemos encariñarnos demasiado con el trabajo que realizamos: ideas que nos gustan o que nos han costado mucho esfuerzo pueden ser rechazadas o abandonadas en un minuto. Con nuestros discos, en cambio, somos tan afortunados que tenemos todo el control. Warp siempre nos ha dado esa libertad, y también nos ha dado los medios para mantenerla.

Lo que también hemos aprendido con la música para películas es el gusto por la simplicidad. La capacidad de construir formas sencillas que sean capaces de emocionar, sin necesidad de añadir capas y más capas, un defecto que teníamos en el pasado. Llevamos muchos años intentando componer de un modo más minimalista, y las bandas sonoras nos acercan a esa meta.

¿Cuál es la relación de Plaid con los clubs? Cuando os entrevisté hace algunos años, dijisteis que habíais intentado pinchar, pero sin demasiado éxito.

Es posible que tuviéramos un mal día (risas). A veces pinchamos, pero no todo lo que nos gustaría. Somos más conocidos por nuestros discos, y los promotores tienden a llamarnos para tocar más que para pinchar. Y es una pena, porque nunca ha dejado de publicarse música interesante, y poder compartirla, y escucharla en un buen sound system, es algo fantástico.

El revival de las raves

Desde hace algún tiempo, hay un revival de la primera música rave. Se reeditan discos de la época, artistas jóvenes rescatan las máquinas que se utilizaban entonces y los sonidos clásicos de aquel periodo vuelven a sonar en producciones actuales. Vosotros, que sois miembros de aquella generación, ¿cómo veis este “movimiento”? ¿Se trata de un ejercicio de nostalgia por parte de jóvenes que no llegaron a vivir aquel momento, o hay algo más?

Hay toda una nueva generación escribiendo y saliendo de rave, que explora lo que sucedió antes de ellos del mismo modo que nosotros explorábamos la música de los sesenta y los setenta cuando empezamos a utilizar samplers. Es algo positivo, porque siempre nos han gustado las implicaciones de la cultura rave, la posibilidad de escuchar música nueva, de bailar y relacionarse con otras personas. En cuanto a nosotros, no nos interesa recuperar esas viejas máquinas porque ya les sacamos todo el partido posible en su momento, pero nos encanta escuchar cómo suenan en canciones hechas ahora.

Para terminar, ¿qué tipo de espectáculo veremos en el L.E.V. Festival? ¿Será todo material de “Polymer”, o habrá también rescates de los discos antiguos de Plaid?

Nuestro espectáculo está siempre cambiando, pero ahora mismo el núcleo lo conforma el material de “Polymer”. También tocamos algunas canciones viejas, e introducimos piezas nuevas a medida que las vamos creando. Nuestro set de directo es suficientemente flexible para modificarlo sin demasiada antelación, y hemos construido un sistema de video que lo acompaña, para disponer de toda la libertad posible.

www.plaidmusic.co.uk

Entrevista: Vidal Romero

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