Feroz, sí, pero también más terrenal y afilada que nunca. En “Hacha” (Casa del Árbol, 2026), la artista nacida en Buenos Aires -aunque afincada en París desde 2012- Natalia Doco deja atrás cualquier atisbo de misticismo complaciente para entregarse a un disco que corta, sacude y, sobre todo, transforma. Libera. Un trabajo -el cuarto largo en su carrera- que dialoga tanto con la raíz como con la ruptura, situándose en ese territorio donde conviven la sensibilidad de Natalia Lafourcade, la intuición pop de Julieta Venegas, la actitud desbordante de Nathy Peluso y la pulsión experimental de Lido Pimienta.
Deconstrucción musical desde lo sensorial
Desde el primer golpe de “Intracha”, el álbum se plantea como invocación y ajuste de cuentas. La figura de Kali no es aquí un mero recurso estético, sino el eje simbólico de un discurso que abraza la destrucción como paso necesario para la reconstrucción. Doco no suaviza el mensaje: lo encarna. Y lo hace desde una producción que, junto a Lilian Mille, dinamita las estructuras más reconocibles de la música latinoamericana para reconstruirlas desde lo sensorial.
En este disco, “Hacha”, vamos a encontrar desde cumbia, electrónica, ritmos urbanos o chachachá. Estos funcionan más como materia prima que como destino. Más concretamente, su coqueteo con los códigos de la música urbana, no desde la adopción literal, sino desde la apropiación conceptual, es donde más nos vamos a sorprender. Doco entiende lo urbano como lenguaje de poder, como espacio de afirmación identitaria, y lo filtra a través de su imaginario ritual. El resultado no es un disco encorsetado en el género, aunque sí dialoga con esa energía contemporánea desde el principio y con identidad propia.
Natalia Doco firma en “Hacha” su obra más valiente
En lo lírico, ese gesto se traduce en un discurso de empoderamiento que evita caer en consignas fáciles. Temas como “TM”, “Animal” o “Hacha” escupen rabia y afirmación con teatralidad que por momentos recuerda a la intensidad de Nathy Peluso, convirtiendo la voz en herramienta de confrontación. En este sentido hay ajuste de cuentas, pero también reapropiación del cuerpo, del deseo y del relato.
No es casual que la figura de Kali sobrevuele todo el álbum: la destrucción aquí es política. Frente a esa contundencia, Doco también abre grietas. En “BB” o “Gatitude” —junto a Johan Papaconstantino— aparece una sensualidad sin filtros, mientras que “Gatita Blanca” recupera cierto melodrama elegante con ecos de Juan Gabriel. Finalmente, en cortes como “Que vuela”, “Casa” o “A la mar”, la artista se permite habitar la fragilidad sin artificios, conectando con una tradición más confesional. Canciones que dejan huella. Hay que catarlas de otro modo, despacio hasta que hagan chup chup en tu cabeza. El cierre con “Portal” funciona como epílogo y purga. Una especie de mantra final.
Un álbum que no solo invoca el poder: lo ejerce. Y en ese cruce entre raíz, experimentación y pulsión contemporánea, encuentra una voz que no pide espacio —lo toma. Conciertos en España Y estamos de suerte. Tendremos a la artista muy pronto, esta misma primavera, presentando el nuevo trabajo en España. Las fechas más cercanas son: 23.04 en La Nau (Barcelona), 24.04 en la Sala Villanos (Madrid) y el 25.04 en el Teatro CajaGranada (Granada).
Escuchar “Hacha” de Natalia Doco.





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