Convertir los datos, los algoritmos y la geometría en una experiencia física. Esa es una de las ideas que atraviesan el trabajo de Milian Mori, compositor y artista digital afincado en Suiza que lleva años ampliando el lenguaje de la música electrónica desde una mirada en la que la tecnología nunca funciona como un fin en sí misma. Su obra conecta música de club, imagen, danza y estructuras matemáticas para construir experiencias donde la máquina y el cuerpo, lo racional y lo emocional, conviven sin necesidad de resolverse.
Una búsqueda que adquiere una dimensión especialmente inmersiva en sus directos audiovisuales, donde los graves, las imágenes estroboscópicas, los píxeles y la geometría construyen un espacio físico que invita a dejar de observar para formar parte de la experiencia. Milian Mori llega a Volumens, el festival valenciano dedicado a la creación audiovisual y la experimentación tecnológica que se celebra en varios espacios de la ciudad del 13 al 18 de octubre. Hablamos con el artista sobre el cuerpo como punto de conexión con la música, el papel de los algoritmos, la espiritualidad, la imagen y esa frontera cada vez más difusa entre máquina y ser humano.
Milian Mori: «Podemos experimentar mucho más de lo que podemos comprender»
En tu trabajo conviven elementos aparentemente opuestos: máquina y ser humano, algoritmo y emoción, geometría y cuerpo. ¿En qué momento dejan de ser opuestos y empiezan a formar parte de un mismo lenguaje?
Estas oposiciones siguen interesándome, pero actualmente describiría mi enfoque de una manera más sencilla: mediar entre los mundos material y espiritual. Creo que el trabajo del artista consiste en recordarnos aquello que existe más allá de la materia. No creo que la propia obra tenga que resolver estas oposiciones. Puede ser todas esas cosas, o ninguna de ellas. Depende de la persona que la experimenta. La experiencia le pertenece.
La música de club está muy presente en tu universo, pero la llevas hacia terrenos mucho más abstractos y experimentales. ¿Qué te sigue interesando de la pista de baile como espacio de creación?
La conexión física. Me interesa la música con la que puedes bailar sin necesidad de entender cómo está construida. Al mismo tiempo, no quiero limitarme a las formas que la gente espera de la música de club. Me gusta trabajar con ritmos poco familiares: algunas personas se sienten confundidas, otras escuchan con más atención y otras ni siquiera lo notan. Puedes ampliar el vocabulario sin perder la conexión con el cuerpo.
«La música me interesa porque abre espacios que no puedo describir con palabras»
Tus directos audiovisuales no funcionan como una simple suma de música e imagen, sino como una experiencia física. ¿Qué papel juega el cuerpo del espectador cuando construyes una pieza?
Me encantan las experiencias que implican todo el cuerpo. Me interesa lo que sucede cuando el sonido, la imagen y el espacio en el que te encuentras se convierten en una misma experiencia. La gente puede bailar, sentarse o tumbarse; no necesito que todo el mundo responda de la misma manera. El público no está fuera de la obra, mirándola. Forma parte de ella. Lo que más me importa es estar presente en esa experiencia.
Trabajas con algoritmos, píxeles, datos y estructuras matemáticas, pero también hablas de espiritualidad, plenitud o contemplación. ¿Puede la tecnología convertirse en una herramienta para conectar con algo que va más allá de lo racional?
Sí. No veo por qué una herramienta racional debería conducir únicamente a experiencias racionales. La música me interesa porque abre espacios que no puedo describir con palabras. Podemos experimentar mucho más de lo que podemos comprender. Los algoritmos son una de las formas con las que trabajo para acercarme a eso, pero no necesitas entender el algoritmo para experimentar la obra. Necesitas sensibilidad y apertura.
Tu lenguaje visual suele estar marcado por el blanco y negro, la estroboscopia, la geometría y una cierta sensación de intensidad física. ¿Cómo decides qué imágenes necesita una determinada pieza musical?
Cuando creo, escucho imágenes y observo sonidos. Desde que empecé a hacer música, siempre he tenido imágenes en mente al mismo tiempo. El blanco y negro, la oscuridad y la luz son simplemente decisiones estéticas. No son lo más importante para mí. Lo que importa es la experiencia que crean juntos el sonido y la imagen.
En septiembre has pasado por L.E.V. Matadero y ahora llegas a Volumens, dos festivales muy vinculados a la experimentación audiovisual. ¿Qué buscas en estos contextos que quizá no encuentras en un escenario de música electrónica convencional?
Busco las condiciones que permitan experimentar la obra en su totalidad: el sonido, la imagen, el espacio y la atención que aporta el público. La parte visual no es para mí un añadido opcional. Quiero que se tenga en cuenta desde el principio. Pero tampoco establecería una frontera rígida entre un festival audiovisual y un club. Depende del espacio y de lo que podamos hacer con él.


«No me interesa mostrar lo que una máquina puede hacer simplemente porque puede hacerlo. Quiero crear una experiencia»
Volumens cumple diez ediciones y plantea la tecnología no como un fin en sí mismo, sino como una forma de explorar nuevas maneras de crear y percibir. ¿Qué significa para ti formar parte de un festival que entiende la música de esa manera?
Esa forma de entenderla está muy cerca de la mía. No me interesa mostrar lo que una máquina puede hacer simplemente porque puede hacerlo. Quiero crear una experiencia. Por eso es positivo estar en un contexto en el que la conversación va más allá de las herramientas: no se trata solo de cómo se ha creado algo, sino de qué sucede cuando lo experimentamos.
Cada vez vemos más artistas electrónicos utilizando herramientas digitales y sistemas generativos. ¿Crees que estamos ante una transformación profunda de la forma de componer y actuar, o simplemente ante nuevas herramientas para preguntas que ya existían?
En mi propia práctica, son ambas cosas. La música generativa no comenzó para mí con la actual ola de IA. Los secuenciadores siempre me han resultado más cercanos que los instrumentos acústicos. A veces digo: no toco música, la genero. En casi todos mis lanzamientos he desarrollado un sistema para crear y dar forma al material. Lo que me interesa ahora es cómo eso se convierte en un intercambio entre la máquina y yo. Quiero que me sorprenda, pero no quiero ceder la responsabilidad sobre el resultado. Las nuevas herramientas me llevan de nuevo a esas preguntas sobre la autoría y el control.
Después de tantos proyectos interdisciplinares, ¿qué territorio todavía no has explorado y te gustaría llevar a tu lenguaje sonoro y audiovisual?
Me gustaría trabajar más con música acústica. Ya he empezado a avanzar en esa dirección con “Zooming into Presence”, mi colaboración con Shō Quartet Mitakadai. El proyecto reúne cuatro shō —órganos de boca tradicionales japoneses— y una electrónica sutil, situando el sonido frágil y respirado de estos instrumentos en un nuevo contexto. El álbum se publica el 16 de octubre a través de Präsens Editionen y Raster Media. Para mí, este proyecto es la base para seguir explorando la música acústica. Me interesa descubrir cómo evoluciona mi lenguaje musical al trabajar más estrechamente con instrumentos acústicos y con las personas que los tocan.
Milian Mori actuará en el festival Volumens de Valencia el viernes 16 de octubre. Información y entradas en volumens.es
Entrevista Pili Rodríguez









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