Lo que esconde Silver Lake

Ha tenido que ser él, David Robert Mitchell –responsable de aquella brillante sacudida de terror juvenil titulada “It Follows” (2014)- el último en conseguir meterme en el cine en menos de cuatro meses para ver repetir la película. Con las mismas ganas que Saturno devoró a su hijo en aquel cuadro de Goya me zampé allá por octubre en Sitges su nueva propuesta,“Lo que esconde Silver Lake”. Era algo urgente para mí doblar la experiencia. Su cine rupturista me sugestiona. En concreto, esta cinta, tiene muchos delirios y capotes al cómic pulp. También al cine negro, al fantástico y de terror. Así como improntas musicales de los últimos tiempos.

Sarah, dulce Sarah, cuéntame el secreto azul

“Lo que esconde Silver Lake” (2018) parte con la premisa de ser una entelequia del mismo cineasta a los posibles secretos que se esconden tras las lujosas casas que invaden las colinas de Los Ángeles. Un repaso debidamente alterado por su propia osadía. Le sumamos el surrealismo que nos regalan las mejores pesadillas de un humano entre dos mundos. Ah, y el pitote que provoca haber mamado muchísima cultura popular. Un recreo que dura más de dos horas y pico donde es increíble que el maestro de ceremonias sea Sam (Andrew Garfield).

Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake

El actor interpreta a un joven desganado y desaliñado cuyo principal tesoro es una revista de Playboy (de julio de 1970 con Janet Wolf en la portada). Un muchacho que solo se mueve entre la habitación donde se mata a “solitarios” y el balcón de su apartamento situado en una zona donde está haciendo estragos un asesino en serie de perros. “Beware the Dog Killer” se lee por doquier. Sus mejores aliados son unos prismáticos, una botella llena de colillas y ese móvil al que suele llamarle su madre. Es precisamente tras colgar una llamada de ella cuando descubre en la piscina interior a una despampanante nueva vecina, Sarah, interpretada por Riley Keough, de la que en cuestión de segundos se enamora perdidamente.

Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake

Giros narrativos pocos convencionales y muchas referencias cinéfilas

Es precisamente al desaparecer repentina y misteriosamente “la dulce” Sarah, cuando el imaginario y las alucinaciones del personaje principal se disparan. Acto seguido, una trama de lo más extravagante y entretenida. Una carrera contrarreloj donde al principio procuraremos no perder detalle para ir asimilando el aluvión de pistas. A cada cual más incoherente. Luego, sometidos por el puro goce de, me da igual lo que venga después, nos dejaremos llevar. Seremos conscientes que es harto complicado obtener una resolución cabal. La invitación ya está hecha. Pasada la media hora de filme es como si cogieses ese ‘golden ticket’ de Willy Wonka para adentrarte en un particular mundo de fantasía, sátira, giros y tragedia.

Lo que esconde Silver Lake

En este desfile de seres fracasados debidamente maquillados por la fábula hollywoodense –actrices que son ‘estrellas fugaces’ y se venden por sexo en anuncios de periódico, la jovencilla que por otro lado quedó en un mero artilugio para pasear y hacer coreografías ridículas sujetando un globo rojo, etc.- el espectador disfrutará de febriles y descarados homenajes a clásicos como “El Gran Lebowski”, “Puro vicio”, “Chinatown”, “La invasión de los ultracuerpos”, “La mujer y el monstruo”, “Brick”, “La joven del agua”,  y por supuesto a grandes del cine de ayer, hoy y siempre como Alfred Hitchcock (“La ventana indiscreta”, “Vértigo”), Terry Gillian (“El rey pescador”) o David Lynch (“Mulholland Drive”, “Blue Velvet”). Sobre todo en esa madeja conspirativa y misteriosa de la que tanto se nutre el nuevo largometraje de Mitchell.

Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake
Lo que esconde Silver Lake

Todo tipo de guiños para satirizar la cultura popular

Para dar más empuje si cabe, leyendas urbanas como las de sectas que encaran la muerte con satisfacción, teorías sobrenaturales donde por ejemplo se demoniza el erotismo femenino (ese espectro desnudo con cabeza de búho que masacra sin piedad es para darle una película entera), entornos paisajísticos prefabricados muy familiares para los fanáticos del cine de terror de los 80 (urbanizaciones gigantescas, túneles secretos), hipsters de casi dos metros de altura, lenguajes o mensajes ocultos escondidos en canciones de música pop (para esta película se ideó una banda que tiene su miga: Jesus & The Brides Of Dracula), ronditos de vídeo-juegos para matar el tiempo (“Super Mario Bros” o “Zelda”, por ejemplo) e incluso un posible mapa del tesoro oculto ¿dónde? Donde sino en una caja de cereales.

Dentro de esta efervescente lección de cultura popular no me puedo olvidar de las alusiones a una de mis pasiones cuando niño: el cómic. Una tienda enorme con un vendedor de lo más peculiar, Sky Elobar. En su mostrador se desvela el siguiente paso a dar por Sam para encontrar al autor de la tira de viñetas que presta su nombre a la peli. Éste ‘comic-man’ está interpretado por Patrick Fischler de “Mad Men”, “Lost”.

Lo que esconde Silver Lake

Un rato de delirio donde veremos de refilón números de “The Amazing Spider-man” o “Cloak and Dagger”. Como guinda a esta orgía cultureta, la casa del no menos singular dibujante. En ella, paredes repletas de máscaras hechas con resina. Él las llama su ‘familia’, y entre sus ‘parientes’ una mescolanza imposible donde encontramos desde Grace Kelly, a Rachel Welz, Kim Kardashian o Johnny Depp.

El compositor: la ‘voz’ de toda una generación

Capítulo aparte para ese compositor egocéntrico y perturbador con un irreconocible Jeremy Bobb detrás del maquillaje viejuno. Él, sentado junto a su piano en un enorme salón repleto de instrumentos musicales y animales salvajes disecados. Pronto nos dejará perplejo asegurando ser el responsable de infinidad de éxitos musicales con los que han crecido muchos de nosotros. Nos gustasen más o menos, eso ya es otra cosa. Él sorprende con una engreída cháchara a la vez que interpreta un medley con canciones inmensamente populares. Arranca con el himno “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana. Compuesta encima, según él siempre, entre dos momentos gloriosos que prefiero no destapar. Luego se suceden piezas muy reconocibles de Foreigner, Joan Jett, R.E.M, Harold Faltermeyer, Backstreet Boys, Los lobos, o The Penguins. También aquel mítico tema que abría la serie “Canción triste de Hill Street” ¿lo recordáis?

Una bofetada en toda regla hacia los mecanismos absurdos de Hollywood

Muy aclarador lo suyo al decir lo siguiente sobre esas canciones que no han parado de sumar éxitos y pagarle las facturas de su mansión: “no sé quién se preocupa por saber cuál es el mensaje, yo prefiero que vaya pasando… son solo cosas sin sentido”. Eso, antes de regalarnos una lección de puro slasher digna de “Irreversible” (2002) o “Frayed” (2009). Y otra cita suya a lo Mago de Oz. Esta para cerrar este más que recomendable contenedor multi-referencial.

Un arsenal visual que es una bofetada en toda regla hacia los mecanismos absurdos de Hollywood. A los que sueñan con ser pequeños dioses conviviendo en un mismo suelo. “Todo por lo que esperaste, tus sueños por formar parte de algo, es una fabricación… tu arte, tu cultura, es la capa que oculta las ambiciones de otros hombres”. Éstos siempre con más mala baba y más dinero que tú, que yo, y que cualquiera de nosotros. Que lo sepas.

Lo que esconde Silver Lake

www.vertigofilms.es

Texto: Bruno Garca

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