Cuenta el líder de Little Cub, un trío de londinenses que acaba de aterrizar en la arena del pop independiente y ya huele a banda de éxito, que muchas de sus canciones tratan sobre un problema común en la sociedad inglesa: la falta de sinceridad. Un problema con el que ellos lidian de dos maneras: en lo lírico, radiografiando el mundo que les rodea mediante grandes dosis de ironía y (sí) sinceridad; y en lo musical, sumándose a la larga tradición del pop británico hecho con guitarras y sintetizadores, esa que va uniendo puntos desde New Order hasta Hot Chip, pasando por Pet Shop Boys o Pulp.

“La banda tiene sólo dos o tres años, pero en realidad nos conocemos desde hace mucho más tiempo”. Dominic Gore, cantante y autor de las letras de Little Cub, explica de ese modo el grado de complicidad y madurez que se intuye en las canciones que componen Still life (Domino, 2017), un disco de debut por el que muchas bandas veteranas venderían a sus abuelas. “Duncan (Tootill) y yo nos conocimos cuando nos presentamos a las pruebas para una especie de banda de jazz en el pueblo en que vivíamos. Éramos los dos únicos adolescentes allí, así que estábamos condenados a hacernos amigos. Algún tiempo después Duncan se fue a vivir a Estados Unidos, pero siempre hemos estado en contacto a través de internet, y cuando volvía por vacaciones solíamos quedar para tocar juntos, casi siempre cosas instrumentales y música improvisada”. Una dinámica que se rompió hace apenas tres años, cuando Gore escribió Snow, “mi primera canción en un sentido tradicional del término. La escribí para el funeral de mi madre, y más allá de su significado a nivel personal me sirvió para darme cuenta de que podía hacer música desde parámetros más convencionales. En esa época Duncan había vuelto a Inglaterra y resultó que, por su cuenta, había estado trabajando en sus propias canciones, desde una perspectiva parecida a la mía. Así que todo pareció encajar de manera perfecta”.

A la tercera pieza del puzle, Ady Acolatse, lo conocieron en Fabric, el mítico club londinense. “La banda es de algún modo el resultado de unir a tres personas con visiones de la música muy diferentes, que se intercambian influencias de manera continua. De hecho, el background que aportamos cada uno al conjunto sirve para introducir giros inesperados y arreglos interesantes en las canciones; canciones en las que muchas veces importan más las conversaciones que tenemos acerca de lo que hemos grabado que la propia grabación en sí”. Una manera de trabajar que les lleva a entender sus producciones “como universos abiertos. De hecho, solemos grabar versiones diferentes de cada canción, en las que pueden cambiar completamente los instrumentos o el tipo de sonidos que utilizamos”. Un know-how que también utilizan para producir a otros artistas. “Tenemos un estudio muy bien montado, y nos gusta llevar a gente allí para ampliar nuestra visión de la música”. Y no precisamente a desconocidos. “El año pasado Duncan estuvo ayudando a George Fitzgerald a producir su primer disco, y también hemos colaborado con gente como Wild Beasts o Nzca Lines. En nuestro Soundcloud puedes encontrar enlaces a muchas de nuestras producciones y remezclas”.

Vuestro disco de debut se ha publicado a través de Domino, una historia que sería el sueño de cualquier banda primeriza. ¿Cómo llegó a suceder algo así? Pues la verdad es que fue pura cuestión de suerte. Habíamos estado trabajando mucho, pero no nos habíamos preocupado de colgar cosas en internet, así que éramos virtualmente unos desconocidos. Pero un día el dueño de Domino, Laurence Bell, apareció por la librería en la que trabajo. Tenía puestas en el equipo de la tienda algunas de las maquetas a las que estábamos dando vueltas en aquel momento, sólo para escucharlas en un entorno diferente, y se acercó a preguntarme por lo que sonaba. Hablamos un rato y la cosa pareció quedarse en eso, pero luego fue por su cuenta a un par de conciertos de la banda, y también mandó a gente de su equipo a que nos echaran un ojo. Laurence es muy directo cuando quiere algo, así que nos ofreció un contrato y lo aceptamos, claro. ¿Cómo podríamos habernos negado? Domino es el sello de algunos de mis artistas favoritos: Bonnie “Prince” Billy, Four Tet, Magnetic Fields…

Vuestro disco suena a la suma de muchas bandas, pero casi todas ellas inglesas. ¿Os sentís parte de una especie de tradición local? No es algo que hayamos buscado de manera intencionada, pero es cierto que muchas de las bandas que me gustan, que muchas de las bandas con las que he crecido, son profundamente inglesas. Así que imagino que se trata de algo que flota en el ambiente (risas). Y también sucede que gran parte del disco intenta lidiar con un problema que tiene la sociedad inglesa, y es su relación con la sinceridad. No sabemos muy bien cómo enfrentarnos a la verdad, y de ahí salen tradiciones como las de la comedia satírica, la manera en la que tratamos las cuestiones políticas o la forma en la que planteamos nuestras relaciones personales. Como vivimos en Londres, todas estas cuestiones nos influyen de manera especial, y es algo que se refleja en las letras, que son todas muy específicas. No podría haber sido de otro modo.

¿Y cuáles son esos temas de los que habláis en vuestras letras? Me gusta pensar en las letras como instantáneas capturadas en algún momento muy concreto de nuestras vidas, casi siempre en el último año y medio. Los temas varían mucho, abarcan desde la religión o la política al fútbol, la televisión o las relaciones de pareja, pero en general el punto de vista es cómo toda esa sobrecarga de información afecta a nuestras vidas, cómo interactuamos o sobrevivimos a ella (risas). Lo que sí intento es mantener siempre la narrativa a un nivel personal, porque cuando intentas hablar de grandes temas desde un punto de vista global es fácil que las cosas se te vayan de las manos. Además, muchas de mis canciones favoritas lo son precisamente porque emplean un tono cercano, porque son capaces de reproducir la comunicación íntima entre dos personas. Y no nos engañemos, la manera en la que se siente la mayoría de la gente, la manera en la que expresan sus sentimientos, son completamente alienígenas para mí.

¿Esa es la razón por la que muchas de tus letras suenan tan narrativas? Llevo escribiendo desde muy pequeño, y siempre me salía una especie de poesía muy narrativa. Algunos de esos temas, o de esos textos, han ido transformándose a lo largo del tiempo, a medida que yo mismo crecía y mis opiniones acerca de los temas que estaba tratando cambiaban conmigo. Me siento muy identificado con algo que dice Nick Cave al respecto: que existen canciones que llevan años rondándole y que, de algún modo, terminan encontrando su camino hacia el papel cuando menos lo espera. Esta manera de trabajar tiene también sus desventajas, algunas veces me da la impresión de que estoy cantando desde el punto de vista de alguien desconocido, una versión de mí mismo que ya no existe.

También hay una cierta intencionalidad política en algunas de las letras. Pienso por ejemplo en Hypnotise. Como te he dicho antes, los ingleses no sabemos lidiar bien con la sinceridad, y eso es algo que se nota especialmente en las cuestiones políticas. Estamos en un momento muy complicado y el partido laborista está tomando decisiones que afectan a la sociedad, hay mucha gente pasándolo mal, y parece que sólo sabemos responder a esos ataques con ironía y chistes. Parece que lo mejor que podemos hacer es dibujar a los políticos como villanos de alguna película de dibujos animados, así que la intención última de una canción como Hypnotise es conseguir que la gente piense. Que se dé cuenta de que la situación es crítica y da bastante miedo.

Los recursos electrónicos tienen mucho peso en vuestras canciones. Aunque no se puede decir que hagáis exactamente música de baile, antes has hablado de tu afición a salir de clubes. ¿Es una influencia importante dentro del sonido de Little Cub? Absolutamente. Tenemos el estudio lleno de cacharros de todo tipo, incluyendo unos pocos de sintetizadores analógicos, y los utilizamos todo el tiempo para crear texturas extrañas y sonidos difíciles de catalogar. Hay también muchas referencias particulares; por ejemplo, trabajar en el disco de George Fitzgerald nos ayudó mucho a controlar ese tipo de referencias y a integrarlas dentro de nuestras canciones. Últimamente nos hemos atrevido también a realizar remezclas para otros artistas, y también solemos pinchar en clubes pequeños, así que se puede decir que sí, que la música de baile es una influencia muy importante.

¿Y cómo ves todo lo que está sucediendo en la escena de clubes de Londres? Hubo una época en la que iba todos los fines de semana al Fabric, pero hace ya tiempo que dejé de interesarme por esos clubes grandes. Ahora vivimos en el barrio de Hackney, que está repleto de locales más pequeños; sitios con equipos de sonido que no son tan espectaculares, pero que a cambio ofrecen una programación más fresca y divertida. Pero para responder a tu pregunta, creo que los clubes en general están sufriendo ataques muy injustificados, y no sé si es a causa de la gentrificación o de políticas de sesgo cada vez más reaccionario. Al final, el auténtico problema es que no se valora la cultura de club, no se comprende cómo afecta a la personalidad de Londres. Y el resultado es que estamos en guerra perpetua: todos los fines de semana cierran sitios. Menos mal que, por otro lado, siempre surgen alternativas y lugares nuevos donde la escena sigue viva.

www.wearelittlecub.com

Entrevista: Vidal Romero

 

Entrevista selección Jägermusic.

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