Un furioso ejército de almas perdidas, atrapado en una cacería eterna, que deja a su paso un reguero de plagas y catástrofes. Esa es la imagen que sirvió de inspiración a Die Wilde Jagd, un proyecto que se encuentra a medio camino entre la kosmische más planeadora y la música de baile comatosa. Su segundo disco, Uhrwald orange (Bureau B, 2018), es un canto al trabajo de estudio meticuloso; una colección de canciones que parecen desvelarse sin prisas, de manera parsimoniosa, mientras levantan alrededor del oyente un laberinto fascinante, repleto de sonidos puntillistas y texturas volátiles.

 

Al otro lado del teléfono, Sebastian Lee Philipp cuenta que conoció a su compadre Ralf Beck “en el año 2006, cuando fui a Dusseldorf para tocar en el club Salon Des Amateurs con mi antigua banda, Noblesse Obligue. Un amigo común nos presentó y conectamos rápidamente, pero lo que de verdad me conquistó fue el estudio que se ha construido”. Beck resultó ser un auténtico obseso de la tecnología, que “lleva coleccionando todo tipo de máquinas e instrumentos desde los años noventa, y los tiene a mano en su estudio, preparados para conectarlos y empezar a utilizarlos en cualquier momento”. Decidido a exprimir las posibilidades de aquel lugar, Lee Philipp convenció a su nuevo amigo para montar un proyecto a medias, que se llamó primero Der Räuber Un Der Prinz, y que ya en 2015 quedó rebautizado como Die Wilde Jagd, cuando quedó claro que el timón tendría que ser cosa de nuestro interlocutor. “Beck es una persona muy ocupada y siempre tiene cosas que hacer, así que en un momento determinado me dio las llaves del estudio, para que lo utilizara cuando quisiera”.

Así que Die Wilde Jagd es en realidad tu proyecto personal. En gran medida sí, aunque el papel de Ralf es fundamental. Me ayuda en aquellas cuestiones que escapan a mis conocimientos técnicos, y también en los momentos finales del proceso, sobre todo durante las mezclas. Así que podríamos decir que es mi co-productor, mi ingeniero de mezclas y, por encima de todas esas cosas, mi mejor amigo.

El nombre de la banda proviene de una antigua leyenda europea. ¿Qué tiene que ver eso con la música que hacéis? Ralf me enseñó un cuadro de Peter Nicolai Arbo, Åsgårdsreien, que está en un museo de Dusseldorf y que refleja esta leyenda. Me impresionó, porque está pintado con una maestría asombrosa: las figuras parecen salirse del cuadro y el conjunto proyecta mucho drama y mucho ruido, cualidades que me interesan en la música y que tienen que ver con lo que estábamos grabando, así que me pareció interesante adoptar ese nombre.

Las canciones de Die Wilde Jagd son en general densas y calmadas, como si se movieran a cámara lenta. ¿De dónde surge un material así? Me gusta buscar una paleta de sonidos y modificarla poco a poco, construir las dinámicas con lentitud y dejar que sea la propia canción la que vaya desvelando sus objetivos poco a poco. Luego, una vez definidas las líneas generales, trabajo los contrastes entre masas de sonido y entre el ruido y la calma.

Entonces, ¿el punto de partida está en la improvisación? No diría que es exactamente improvisación, pero es cierto que no pienso en conceptos o puntos de partida cuando me siento a producir. Simplemente llego al estudio, conecto los aparatos y dejo que suceda la magia.

O sea, que eres una de esas personas que consideran el estudio como un instrumento más. El título del nuevo disco, que es también el nombre del estudio de Beck, sugiere esa idea. He pasado en ese estudio la mayor parte de los dos últimos años, así que el nombre parecía casi obligado. Y desde luego, se trata de un disco de estudio: nada de lo que hay grabado en él está probado antes en directo, y por otro lado muchas de las cosas que suenan serían difíciles de llevar a un escenario, salvo que desmontáramos todo el equipo que hay en el estudio de Ralf. Si buscas fotos en internet verás que es un espacio grande y repleto de detalles inspiradores, así que una de las metas que me propuse fue probar todos los instrumentos y cacharros que hay allí, e intentar buscarles un hueco dentro del disco.

Imagino que tener tantas posibilidades al alcance de la mano puede crear situaciones de bloqueo. Son gajes del oficio (risas), pero también hay ocasiones en las que te sorprende. Por ejemplo, cuando conectas varios aparatos entre sí y surgen sonidos que nunca habrías imaginado. En esos momentos el estudio parece tener vida propia.

Can hablaban de su estudio en términos parecidos. De hecho, una de sus canciones, Unfinished, está grabada de esa manera: encendiendo los aparatos del estudio y dejándolos a solas. No conocía esa anécdota, pero me siento muy identificado. De hecho, durante la grabación de Uhrwald orange han sucedido cosas parecidas. A veces el equipo estaba mal conectado, se producían distorsiones y efectos inesperados, y se producía la brujería: tras una serie de coincidencias, la canción se construye sola, con el estudio actuando como fuerza impulsora. Es una situación que también intento provocar cuando invito a otros músicos al estudio. Enciendo la grabadora y promuevo situaciones fuera de lo normal. Me gusta dejar que sucedan errores y cosas extrañas que luego se puedan añadir a las canciones.

La repetición también parece jugar un papel importante en tus canciones. Cuando grabo una buena base rítmica me gusta dejar que suene sin descanso durante horas. La escucho, y voy añadiendo pequeños cambios y modificaciones, ruidos y grabaciones de todo tipo, que hagan que el foco de la canción se vaya desplazando. Una buena canción es aquella que podría no tener final.

Imagino que, con esa manera de grabar, el trabajo de edición será fundamental. Después de dos años en el estudio, tiene que haber sido muy difícil quedarse sólo con el material que aparece en el disco. Te lo creas o no, la música que contiene el disco es toda la que fui capaz de grabar en ese tiempo. Soy muy lento trabajando, así que no puedo permitirme el lujo de escoger entre la música que hago. Lo que hay es lo que hay.

Antes me decías que no sueles pensar en conceptos o ideas antes de empezar las canciones. Sin embargo, Uhrwald orange parece reflejar una cierta idea conceptual. ¿Hay un trabajo de edición entre las distintas partes para dar esa sensación de unidad? A medida que las canciones van cogiendo forma aparecen ideas comunes, que me permiten trazar un arco narrativo. Y dentro de ese conjunto, cada canción es una parte de la historia que va floreciendo y desvelando su papel. Por supuesto, eso obliga a trabajar mucho las transiciones y los puentes entre las canciones.

Tus discos han aparecido en sellos como Bureau B, que está más orientado hacia el kraut rock y la kosmische, pero también en Correspondant, que es un sello de música de club. No me fijo mucho en ese tipo de distinciones, y además no soy capaz de pensar en los términos en que se mueve la música de baile, quizás porque nunca he tenido alma de DJ, siempre he preferido tocar en directo. Quiero decir, me gusta ir a los clubes pero como cliente, para disfrutar. Y si me paro a pensarlo bien, que haya gente del mundo de los clubes interesada en la música que hago es algo sorprendente.

Es curioso, porque varias de las remezclas que has grabado funcionan muy bien en la pista de baile. Tienes razón, imagino que es otra contradicción más (risas). Lo cierto es que resulta un desafío grabar algo que pueda funcionar en el club. Es algo emocionante, saber que una canción que has producido puede provocar esa idea de comunidad y conseguir que la gente conecte entre sí.

Hablando de tocar en directo, te pude ver el año pasado y me sorprendió que fueras con un batería y un equipo más bien escaso. ¿Cómo te las arreglas para tocar unas canciones tan complejas como las de Die Wilde Jagd con esas condiciones? Me gusta tocar con batería en directo por el tipo de energía que transmite. Y de hecho, en el disco nuevo hay muchas baterías reales porque producir baterías electrónicas para luego recrearlas en directo es un poco absurdo. En cuanto al equipo que llevo, depende mucho de las condiciones en las que vayamos a tocar. Pero es un reto interesante decidir qué efectos y qué aparatos tienes que llevar en función del tipo de set que quieres hacer. Y en cuanto al contenido de las canciones, también funciona de esa manera: hay que decidir qué elementos debes dejar intactos y cuáles son prescindibles, para que la canción mantenga el espíritu original y al mismo tiempo sea diferente.

Este año tocarás en Convenanza. ¿Estás preparando alguna sorpresa especial? Estoy muy excitado con ese concierto. Conozco el festival desde hace años, y se me ocurren pocos lugares mejores para tocar en directo. Se trata de un lugar muy especial, en el que todos los detalles y el sonido están muy cuidados. Así que trataré de hacer algo que esté a la altura.

www.diewildejagd.com

Entrevista: Vidal Romero
Foto: Markus Luigs

CONVENANZA 2018
21 y 22 de septiembre de 2018
Castillo de Carcassonne, Francia
Comprar entradas.
www.convenanzafestival.com

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