Surrealismo, color y trabajo manual. Tres conceptos básicos con los que podríamos describir Cocolia de una forma simplista, aunque este estudio catalán es de todo menos simple. Formado por Raúl y Mireia, Cocolia nace como un estudio de diseño gráfico para evolucionar de forma natural a la dirección de arte y la creación de sets. La necesidad de experimentar con diferentes lenguajes visuales y cultivar sus propios proyectos personales les llevaron a crear una psicodelia impecable como lenguaje propio, marca inconfundible de la casa. Hablamos con ellos de su gusto por ensuciarse las manos, del color y la creatividad.

Sois dos creativos con una identidad propia muy marcada. ¿Cómo hacéis para confluir a la hora de afrontar un proyecto para un cliente? Esta es una de las características de Cocolia. Por un lado encontramos a Mireia, con una visión más detallista y perfeccionista en los proyectos, y por otro lado a Raúl, que aporta un aire más surrealista y loco en los trabajos. Así los proyectos son más ricos e interesantes. La suma de estos dos criterios nos da mayores soluciones formales. Según la magnitud del proyecto uno de nosotros se encarga de liderar y coordinar el trabajo, y si requiere más energía lo lideramos entre los dos. Un amigo nos dice que somos como un rotulador con dos puntas diferentes…

Como estudio, Cocolia ofrece una oferta integral de servicios destinados a la comunicación visual a todos los niveles. Según vuestra experiencia, ¿están las marcas y las empresas españolas concienciadas de la importancia que tienen en el mercado la imagen y la identidad corporativa? Cada vez son más las marcas que están apostando por generar contenido visual para estar presentes en Internet. En este caso, Internet nos ha sido de gran ayuda. Respecto a los proyectos de diseño gráfico, cada vez son menos, porque estamos dejando a un lado los proyectos de identidad corporativa, editorial, web… para centrarnos en trabajos más manuales y creativos como dirección de arte y set design. Nos encanta ensuciarnos las manos y también la ropa.

A estas alturas se os conoce bien en el sector por la impronta única que dejáis en vuestro trabajo, y los clientes acuden a Cocolia en busca de algo muy concreto, pero ¿cómo son los comienzos de un estudio como el vuestro en busca de trabajo? En los inicios dedicábamos un día a la semana a experimentar nuevos lenguajes visuales, realizábamos talleres propios de composición de bodegones, fotografía, pintura… no sabíamos muy bien el motivo, pero nos dejábamos llevar por nuestra intuición. Estos talleres se transformaron en algo más cuidado, cada vez comenzamos a dedicar más tiempo a los proyectos personales y trabajos experimentales. Con el tiempo decidimos mostrar en redes los autoproyectos con los que queríamos trabajar. Así mostrábamos nuestro estilo, para que nos llamaran futuros clientes.

Ambos coincidís en la importancia, y la necesidad, de dar el salto de la pantalla al trabajo manual. Tal vez focalizarse demasiado en el trabajo a través del ordenador oxida la capacidad de experimentación plástica, reduciendo las posibilidades creativas, sobre todo para personas que como vosotros podéis llegar a transformar objetos cotidianos y restos de materiales en obras de arte. ¿Hay que mancharse de vez en cuando? Es superinteresante desconectar del ordenador y trabajar (y pensar) con las manos, Para nosotros es algo esencial y muy necesario. Es muy pesado estar todo el día enganchado delante del ordenador. También nos gusta mucho pintar y remodelar objetos que encontramos por la calle y en la basura. Aquí lo pintamos todo, damos una segunda vida a los objetos convirtiéndolos en piezas nuevas y distintas.

Por separado sois dos mentes inquietas que se mueven por caminos distintos, dentro de un mismo universo, la creatividad. Mireia, eres ilustradora y profesora en Idep Barcelona, y Raúl, tú eres además uno de los fundadores de Blanc, festival de diseño gráfico de Barcelona que ya cuenta con dos sedes, una en Valencia y otra en Madrid. Además, los dos trabajáis a nivel individual por amor al arte. ¿Cómo se compaginan tantos proyectos a la vez? Buscamos tiempo de donde sea, alguna noche, algún fin de semana… pero siempre es gratificante encontrar un momento para crear piezas o definir el Blanc Festival. Al final el trabajo y los autoproyectos se mezclan, convirtiéndose en momentos muy ricos. Siempre es difícil compaginar el trabajo del estudio (pagan facturas) con los proyectos personales (inversión a largo plazo), pero cualquier momento es bueno para encontrar un ratito para pintar o preparar un set. A nivel interior nos sentimos bien con estos ejercicios.

Vuestro estudio, vuestros trabajos, vuestros proyectos personales… todo está inundado de mucho color. Vuestro uso de la paleta cromática es casi orgiástico. Habladnos de esa maravillosa obsesión que tenéis por el color. Mireia comenzó de muy pequeña a pintar, siempre llevaba su cajita de pinturas para dar vía libre a su creatividad. Raúl, cuando era un poco más joven, pintaba grafitis en todas las paredes que encontraba. Con los años hemos podido aplicar estas técnicas a nuestro trabajo y proyectos personales. El color transmite energía, vitalidad y empatía, nos encanta que todo esté inundando de color, ya sea con pintura acrílica o con sprays.

Cocolia, además, ofrece talleres para motivar la creatividad interior del alumno, pero ¿quiénes son los destinatarios de estos workshops? ¿Somos todos creativos en mayor o menor medida? ¿O solo algunos pocos la tienen y pueden llegar a desarrollarla con resultados? Llevamos cuatro años impartiendo la clase de creatividad en Idep Barcelona en las áreas de diseño gráfico, fotografía y moda. Creemos que todo somos creativos, algunos con mayor facilidad que otros, pero sí que es cierto que la creatividad se puede trabajar. Si realizamos ejercicios para motivarla nos puede dar soluciones fantásticas e ingeniosas. Al final todo se basa en la constancia.

¿Cómo es trabajar con personas cuya creatividad florece bajo vuestra guía? A todos nuestros colaboradores (fotógrafos, grafistas, asistentes…) les damos libertad creativa para que los proyectos sean mucho más ricos e interesantes. De esta manera cada uno se siente cómodo y proyecta lo mejor de uno mismo.

Nos gustaría que nos mencionaseis una pelícu- la, una canción y un libro que os hayan removido por dentro en algún momento de vuestra vida. Mireia: Película: Amélie, Dir. Jean-Pierre Jeunet, 2001. Es una película francesa que siempre he amado, de las pocas que me compré en DVD y que he visto más de tres veces. La atmósfera creada por Jean-Pierre Jeunet es increíble, por su cromatismo, por su música y por la propia historia de la protagonista. Consiguió enamorarme y mimetizarme con ese mundo. Canción: Around the world, Daft Punk, Dir. Michel Gondry, 1997. ¡Siempre que la escucho me suben las pulsaciones! Daft Punk son grandes y musicalmente un referente. Se han dejado apoyar por muchos y muy buenos creativos. En el videoclip, dirigido por otro grande, Michel Gondry, la puesta en escena es visualmente innovadora y te atrae, es una repetición perfecta, un gran ejemplo de la perfecta unión entre imagen, movimiento y música. La repetición es bella. Libro: La máquina de follar, Charles Bukowski, 1978. Lo leí en la universidad y fue un libro que me impactó. Supongo que eso era fruto de mi ingenuidad. Tendría unos 18 años y era el primer libro que me hacía leer un profesor y que ponía la palabra follar en la portada. Lo segundo que me sorprendió fueron los tintes surrealistas que la novela iba cogiendo a medida que engullía las páginas. Lo obsceno, el morbo y el desorden son conceptos que siempre me han atraído, los tabúes no van conmigo. ¡La recomiendo!

Raúl: Película: ¡Soy más de series! Actualmente me interesan más las series, me parecen mucho más entretenidas y con tramas más elaboradas y trabajadas. Algunas de las cosas que voy viendo son Peaky Blinders, Fargo, Breaking Bad, Sherlock… las básicas para pasar un buen momento y poner el encefalograma plano. Canción: Pump up the jam, de Technotronic, 1990. Fue uno de esos videoclips de finales de los ochenta que me impactaron, una música, ritmo y melodía totalmente contagiosos, y sobre todo con una estética alucinante. Son de esos temas que te cargan las pilas. ¡Parece que en aquella época se lo curraban más! Libro: Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1932. Un profesor en la escuela de diseño me lo recomendó. La novela describe un mundo en el que finalmente se han cumplido los peores vaticinios: triunfan los dioses del consumo y la comodidad, y el orbe se organiza en diez zonas en apariencia seguras y estables. Sin embargo, este mundo ha sacrificado valores humanos, y sus habitantes son procreados en una cadena de montaje.

 

www.cocolia.cat

Entrevista: Rosario Muñoz

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