Películas -todas dirigidas por el enfant terrible Gaspar Noé– que desde su estreno no han parado de generar controversia y debate como la impulsiva Irreversible (2002), Enter the Void (2009) o Love (2015) ya tienen su relevo. Lo nuevo del cineasta bonaerense se llama Climax y es todo un arsenal de intenciones. Además se ha alzado con el Premio a la Mejor Película de Sitges 2018, que también triunfó semanas atrás en la Quincena de Realizadores en el Festival de Cannes.

Se trata de un filme donde sin respirar, se nos abrirá un puente entre el entusiasmo de coreografías de baile urbanas, hipnóticas o contorsionistas, y una tensión incómoda que se irá desatando poco a poco, hasta volverse irremediablemente en algo truculento. Sofocante.

Primero los bailes y el musicón

Claustrofobia y descontrol que el espectador va sintiendo perfectamente a la vez que los chicos van bebiéndose una sangría. Oh sí, esa sangría del demonio. A mí me pasó, sobretodo calor e inquietud. Eso que soy duro de roer. Una especie de musical contemporáneo plagado de referencias al sexo (insoportables los hermanos), la homofobia, amores perros, machismo, política, banderas. La trama se basa en un hecho real acaecido durante tres días en un internado abandonado de Francia en 1996 cuando una compañía de danza decide montarse su propia “rave” tras unos ensayos, el último de una obra que preparaban.

Banda sonora repleta de verdaders himnos

Dicha fiesta comienza exultante de bailes chulos, bravura y piques sanos, con un Daddy (Kiddy Smile) pinchándose verdaderos himnos de un par de generaciones que apostaron por la música de baile: Supernature de Cerrone, Born to Be Alive de Patrick HernándezFrench Kiss de Lil Louis o Pump Up the Volume de M / A / R / R / S (en su versión americana; soy muy fan de este tema que curiosamente apareció en la B.S.O. de otra película que también se las traía, American Psycho). Sin embargo, el buen rollismo irá poco a poco en decadencia culminando en una trifulca llena de confusión de consecuencias inesperadas.

“Tonight, this dancefloor is hell. And we are the devils. I wanna see you dance, and this is hell” que expresaran a los cuatro vientos allá por el año 2001 Brooklyn Bounce en su Hell is the Dancefloor. Momento ideal este para, además de citar por encima otros artistas que prestan su música en esta función descontrolada (Aphex Twin, Wild Planet, Doplereffekt, Soft Cell, Giorgio Moroder, Gary Numan) nombrar al componente de Daft Punk, Thomas Bangalter, quien aporta un tema inédito a la postre tan, pero tan revelador: Sangría. Y es que sí, ese potaje líquido que la mayoría de nosotros hemos bebido más de una vez sin darle demasiada importancia, como si de un zumo de frutas y vino se tratase, se convertirá en el detonante principal de convertir la velada en un descenso a los infiernos.

Devoción por el cine de terror

Es fascinante como Gaspar Noé, partiendo de un inicio poco convencional, un casting frente a una cámara estática a modo de entrevista, nos llenará de pistas sobre sus intenciones si escuchamos, pero también bicheamos con la mirada alrededor. Que lo haremos. Esa televisión retro –creo recordar una Schneider- donde se reproduce el casting a todos los actores / bailarines en una cinta VHS se rodea de pilas con películas de terror (las míticas Suspiria de Dario Argento, Zombie de Lucio Fulci, Demons, incluso Un perro andaluz de Luis Buñuel) y libros de Oscar Wilde, Nietzsche, sobre suicidio o de temática hippie sesentera, es sin duda alguna un micro-universo revelador.

Observado el interesante sondeo a los muchachos se nos irá poco a poco introduciendo en, primero, las indiscutibles dotes para el baile de la mayoría de ellos (alguno como Thea Carla Schott haciendo de Psyche, que menuda gracia, venía harta del tema drogas en su casa de Berlín para meterse en la boca del lobo… pues de arte en movimiento, lo justo, eso sí, protagoniza una de las escenas más desternillantes del filme y lo cierto es que su presencia se agradece todo el rato), para luego irnos rebanando el cerebro con conversaciones cargadas con balas, giros que se van volviendo cada vez más destructivos, en ocasiones hasta alcanzar actos irreparables.

El abismo, a punto de caramelo

Pasan los minutos, y ‘la graduación de alcohol adulterado los degrada’. Mientras tanto, notas que el público de la sala no para de sentir sensaciones acaloradas e incómodas. Pasamos de no pestañear mirando coreografías imposibles con música sonando a todo trapo, a sentirnos molestos. El bullicio, los movimientos de cámara aéreos o del revés, los tonos rojizos y eléctricos, las sombras, los espejos enturbiados, ese calor claustrofóbico que contrasta con el paisaje nevado que tienen fuera y por supuesto con la merma física y mental de los actores. Poco a poco los actores están más enzarzados en una disputa sin salida para saber quién coño ha provocado ese estatus de delirio cada vez menos gracioso, y sí más angustioso y violento.

El reparto

Antes de animarme con una manta de spoilers –prefiero que la vean, la padezcan y se desmoronen con ellos- no cierro el grifo sin mencionar que el reparto está indiscutiblemente encabezado por Sofia Boutella (la conocemos por Star Trek: Beyond, La momia o Atómica) interpretando a una chica de armas tomar: Selva. El resto, una actriz secundaria como Sarah Belala, pero sobretodo un buen elenco de ‘dancers’ donde destacan gente como Strauss Serpent, Romain Guillermic (cuya actuación me convenció bastante… espero verle en más películas) o Kendall Mugler alías “Rocket”, dándolo todo en la pista de baile al son de la música supervisada por Steve Bouyer y Pascal Mayer.

a24films.com

Texto: Bruno Garca

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *