Al principio se trataba sólo de un divertimento, un blog de andar por casa que Andy Ferguson y Matthew McBriar utilizaban para intercambiar música con algunos amigos y echar unas risas. Pero la inesperada popularidad de aquella página web les estalló entre las manos, empujándoles a convertirse primero en DJs y luego en productores. Una evolución que estos dos irlandeses han ido trabajando con cuidado y esmero, y que ha terminado por cristalizar en el homónimo Bicep (Ninja Tune, 2017), un disco brillante y expansivo, de espíritu psicodélico y detallismo obsesivo, que resume la historia de la música electrónica inglesa en poco menos de una hora.

 

Sin duda, Ferguson y McBriar tuvieron la suerte de estar en el momento y lugar apropiados: a mediados de la década pasada estaba comenzando la transición de las revistas de papel hacia las digitales (publicaciones del tipo de Pitchfork, Fact o Resident Advisor, que aún no se habían convertido en esos monstruos omnipresentes que son en la actualidad), y los servicios de streaming como Spotify o Deezer eran poco menos que marginales. Ante ese panorama, los blogs de música constituían la manera más fresca y directa para descubrir artistas de nuevo cuño, y feelmybicep.com era uno de los más populares. “Nunca pensamos que el blog pudiera llegar a tener tanto éxito”, confiesa Ferguson desde las oficinas de Ninja Tune en Londres. “Nuestra intención era compartir la música que nos gustaba con varios amigos de toda la vida, que habían tenido que mudarse lejos de Belfast. Era un proyecto familiar y realizado sin ninguna pretensión, así que lo mismo colgábamos cosas nuevas que habíamos descubierto y nos parecían interesantes, que viejos temas ripeados de discos que tuviéramos por casa”. Una selección desprejuiciada y llena de buen gusto, que llamó la atención de algunos promotores locales. “Debido al éxito del blog comenzaron a llamarnos para pinchar en algunos clubes. Al principio no nos lo tomábamos muy en serio y actuábamos como selectores, poniendo una canción detrás de otra, pero llegó un momento en el que vimos que aquello se estaba convirtiendo en algo parecido a un trabajo y decidimos que teníamos que aprender a pinchar, aunque fuera de una manera rudimentaria”.

En paralelo a esas sesiones comenzasteis a grabar edits y algunos temas propios. Comparadas con lo que hacéis ahora, aquellas producciones resultan muy básicas, poco más que un puñado de loops y arreglos que iban entrando y saliendo de la mezcla. Empezamos con un portátil y algunos programas de software muy elementales, así que no dábamos para mucho más (risas). Pero poco a poco fuimos comprando equipo, añadiendo sintetizadores, cajas de ritmos y pedales de efectos a nuestro estudio. Hace poco lo hemos reconstruido, cambiando algunas piezas que se nos habían quedado pequeñas por sintetizadores modulares, una mesa de mezclas más grande y un teclado Wurlitzer, del que nos sentimos muy orgullosos.

Dominar todo ese arsenal parece mucho trabajo. Cuando comenzamos a comprar equipo, nos dimos cuenta de que no podíamos manejar todo aquello de manera autodidacta, así que decidimos estudiar y hemos estado dando clases de piano y de teoría musical durante varios años. Es algo que mucha gente olvida o desprecia, sobre todo en el mundo de la música electrónica, pero que resulta fundamental si no quieres estar dándote cabezazos cada vez que pones las manos en lo alto de un sintetizador. Ha sido un proceso lento, pero hemos aprendido mucho acerca de cómo tenemos que trabajar y de qué tipo de estudio necesitábamos construir para dar forma a los sonidos que escuchamos en nuestra cabeza. Ahora mismo tenemos una máquina perfectamente engrasada y sincronizada, lista para funcionar en cualquier momento.

Los primeros maxis de Bicep aparecieron en sellos como Traveller o Throne Of Blood, pero hace cinco años decidisteis montar vuestro propio sello. Teníamos muy buena relación con la gente de Traveller y Throne Of Blood, pero al final cada sello posee una agenda y unos gustos propios, que no siempre coincidían con los nuestros. Así que creamos Feel My Bicep para tener más libertad, para poder decidir qué material queríamos publicar y cuándo nos convenía hacerlo. Después comenzamos a editar discos de otros artistas que nos gustan, pero se trata de un proceso que ha sucedido de una manera muy natural. Como en todo lo que hacemos, intentamos no correr demasiado.

Vuestro disco de debut explora muchos estilos de música, pero también distintas maneras de producir y de trabajar con el sonido. ¿Pretendíais poner a prueba vuestros propios límites de algún modo? Puede haber algo de eso, pero la verdad es que no teníamos ningún concepto previo. Fuimos grabando todas las cosas que se nos pasaban por la cabeza, experimentando con las fuentes de sonido y las estructuras y al final teníamos entre las manos más de cincuenta canciones, entre las que escogimos unas cuantas para trabajarlas más en profundidad. Ha sido un proceso largo, que ha durado un año y medio, y que ha pasado por varias versiones, muy diferentes entre sí.

Imagino que a muchos de vuestros seguidores les habrá sorprendido, porque se trata de un disco con pocas canciones de baile. De hecho, parece pensado antes para la escucha casera que para pincharlo en un club. No queríamos enfocarnos demasiado en la pista de baile porque eso es algo que tenemos ya muy trillado, y uno de los motivos por los que decidimos grabar un álbum era nuestra voluntad de aprender algo con la experiencia. Nos apetecía probar ideas que no hubiéramos explorado antes, reciclarnos e investigar las posibilidades del estudio. Ponernos a prueba, como tú decías antes. Así que el resultado es una mezcla de ritmos, texturas y melodías que de algún modo definen lo que somos en este momento, y que desde luego están pensadas para escuchar en casa, que es donde se pueden apreciar todos los detalles minúsculos y los cambios de dinámica en los que hemos trabajado de una manera obsesiva. De todos modos, también hemos grabado algunas pistas más bailables, que aunque no encajaban con la atmósfera del disco irán apareciendo en los maxis que publiquemos en los próximos meses.

En el disco se intuyen muchas influencias que provienen de la música electrónica de los noventa; algo que no me sorprende, porque en vuestro sello ya habías publicado maxis con remezclas de bandas como 808 State o Blaze. Se trata de los discos que escuchábamos cuando éramos jóvenes, así que es normal que algo de ellos se haya filtrado en nuestra propia música. Pero creo que esas influencias que notas tienen mucho más que ver con el equipo que utilizamos en el estudio, que incluye muchos sintetizadores de los ochenta y de los noventa. Además, por mucho cariño que le tengamos a esa música, no nos gustaría que nos vieran como una banda revivalista.

Imagino que trasladar el contenido del disco al directo será también un reto, tanto por la cantidad de equipo que tenéis que mover como por el propio tono reposado de muchas de las canciones. Para el directo estamos trabajando con un equipo más reducido, que nos permita salir de gira de una manera cómoda. Y también estamos dando forma a versiones diferentes de las canciones, para hacerlas más crudas y rápidas, y también para poder integrarlas dentro de un entorno visual. Estamos trabajando ahora mismo en todo esto, y está siendo un proceso largo porque queremos disponer de una cierta libertad, no nos gustan los espectáculos muy rígidos. Pero confío en que lo tendremos a punto la próxima vez que toquemos en Barcelona.

www.feelmybicep.com

bicep.lnk.to/bicep

Entrevista: Vidal Romero
Foto: Ben Price

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