Hay algo en la música de Abul Mogard que obliga a detenerse. Sus hilos se mueven lejos de la lógica o de la inmediatez. Unas composiciones que se expanden lentamente, invitando a una escucha profunda, casi meditativa. Con motivo de su paso por la 20ª edición del L.E.V. Festival en Gijón, donde estará presentando en directo “Quite Pieces”, el productor se ha sentado con nosotros para reflexionar sobre el tiempo, la identidad y la evolución de un proyecto artístico que nunca ha dejado de transformarse.
La música necesita tiempo
¿Recuerdas el momento en el que sentiste la necesidad de hacer música?
Sí, perfectamente. Tendría unos 14 años. Había estado trasteando con un pequeño teclado Casio que mi padre trajo de un viaje, y después de un tiempo le pedí uno con teclas de tamaño estándar.
Recuerdo que fui con mis padres a una tienda cerca de donde vivía, a las afueras de Roma, y salí de allí con un teclado italiano de la marca GEM. Tenía ritmos automáticos y algunos sonidos… en ese momento ni siquiera sabía lo que era un acorde, así que básicamente tocaba con la base de batería y un sonido de metales que me encantaba, muy en la línea del Italo-disco.
¿Cómo conectar ese impulso inicial con lo que escuchamos hoy en discos como “Quiet Pieces” o “In A Few Places Along the River”?
No estoy seguro de que haya una conexión directa. Simplemente nunca dejé de hacer música. Fui pasando por diferentes sintes, tocando por varios grupos, usando samplers… hasta que más tarde me mudé a Londres. Esto, con 22 años. Allí es donde todo empezó a tornarse en algo más serio y donde realmente aprendí a producir.
Lo que escucháis a día de hoy es el resultado de todo ese recorrido: trabajar en mis propios proyectos, como ingeniero de sonido o productor para otros, colaborar con gente de la que aprendí mucho… y también pasar muchas horas solo en el estudio, trasteando y probando cosas.
Espacio, acústica y escucha: el directo como organismo vivo
El proyecto de Abul Mogard nace, en parte, de la necesidad de volver a hacer música en solitario después de muchos años colaborando, en un momento en el que había perdido la confianza para terminar piezas sin depender de la opinión de otros.
Has actuado en ciudades muy distintas. ¿Cómo influye cada entorno en tu directo? ¿Y qué esperas del concierto en el L.E.V.?
El directo cambia mucho dependiendo del formato: si toco solo, en dúo con artistas como Grand River, Rafael Anton Irisarri o CoH, o en propuestas puramente audiovisuales. Pero más allá de eso, el concierto estará muy marcado por la atmósfera que genere el público y por la acústica del espacio. El sonido cambia en función del lugar. Sé que en L.E.V. Festival tocaré en un teatro antiguo, con historia, y es algo que me gusta especialmente. Son espacios cálidos, tanto por su acústica como por la relación que se establece con el público.
Contra la inmediatez: escuchar como acto de resistencia. En comparación con trabajos anteriores, “Quiet Pieces” parece más expuesto, más frágil. ¿Fue algo buscado?
Es curioso, porque yo no lo percibo necesariamente como más frágil. Quizá esa sensación viene de que el disco se mueve en el límite: entre la disonancia, la distorsión y, en algunos momentos, el silencio. Ese borde puede transmitir vulnerabilidad.
Abul Mogard: “Quien viene a mis conciertos ya está predispuesto a la experiencia de dejarse llevar poco a poco”
Tu música exige una escucha profunda. ¿Crees que el público actual sigue sabiendo escuchar así?
Requiere un poco de paciencia, ya que mi música tarda en evolucionar, así que no esperes alcanzar su punto álgido en 10 segundos. Veo tanto a jóvenes como a personas mayores en mis conciertos, quizás más acostumbradas a escuchar un disco o concierto completo de principio a fin.
Supongo que el público que asiste a mis conciertos o escucha mi música está preparado para esto, para sumergirse poco a poco en ella.
Trabajas con piezas muy largas. ¿Cómo se aborda algo así?
En realidad no es tan distinto de una pieza corta. Simplemente hay composiciones que necesitan más tiempo para desarrollarse.
Me interesa mucho jugar con la percepción del tiempo: que una pieza de veinte minutos no se sienta como tal, sino como un momento suspendido, casi detenido, en el que puedes sumergirte y reflexionar.

Abul Mogard: “Necesito sentir que la música realmente me represente”
¿Qué papel juega la lentitud en tu forma de trabajar?
Es fundamental, ya que no conviene apresurar ningún tipo de evolución artística. Hay que tomarse el tiempo necesario para crear algo de lo que uno no se avergüence al escucharlo dentro de unos años.
Intento mantener cierto control de calidad: cuando publico música, necesito sentir que realmente me represente.
Tu proyecto ha jugado con la identidad y el anonimato. ¿Ha cambiado tu visión sobre eso?
Sí, al principio del proyecto me sentía más seguro trabajando de forma anónima, ya que me daba cierta libertad para hacer lo que quisiera. Poco a poco esto cambió, y percibir l a imagen del “señor viejo que hace música” se convirtió en una especie de limitación.
Sentía que todo tenía que sonar como Abul Mogard en lugar de seguir mi propia experimentación y desarrollo, así que me pareció el momento adecuado para revelar quién estaba detrás del proyecto y simplemente aceptar esta nueva forma de trabajar.
Crear sin interferencias
Tu música es difícil de ubicar en el tiempo. ¿De dónde surge esa paleta sonora?
Es algo bastante natural. Intento hacer música de forma intuitiva, centrándome en lo que me emociona como oyente. Ese es mi principal criterio.
Has comentado alguna vez que tu música se ha vuelto más compleja con los años…
Sí. Al principio las piezas eran muy rápidas de hacer, a veces reutilizando material de otros proyectos. Podían ser incluso un único sonido desarrollado de principio a fin.
Con el tiempo, y también por el uso de herramientas más complejas, empecé a trabajar con más capas, con texturas más entrelazadas. Y ese camino es el que sigo explorando ahora.
Sentía que todo tenía que sonar como “Abul Mogard”, en lugar de seguir mi propia evolución. Por eso decidí revelar quién estaba detrás del proyecto y asumir esta nueva etapa.
Abul Mogard: “Mi principal inspiración sigue siendo lo que veo, lo que experimento y lo que escucho”
¿Sientes que tener tu propio sello, Soft Echoes, te permite un proceso creativo más intuitivo o menos limitado?
Tener mi propio sello me da libertad total para decidir cuándo y cómo publicar. Solo lanzo música cuando siento que está lista y que es el momento adecuado para que exista.
Muchas ganas de verlo el próximo 1 de mayo en el Teatro de La Laboral dentro de una nueva edición, una realmente especial donde se cumplen dos décadas de existencia, del L.E.V. en Gijón.
Y es que, en un panorama dominado por la velocidad y la saturación, la propuesta de Abul Mogard se sitúa en un lugar casi contracultural. Su música no busca imponerse, sino desplegarse lentamente, invitando a quien escucha a habitarla sin prisa. Porque, como él mismo sugiere, hay experiencias que solo pueden existir cuando el tiempo deja de importar.
Texto: Bruno Garca
Fotografía cabecera: Abul Mogard + Marja de Sanctis © Igor Romanov
Información y entradas de L.E.V. Gijón 2026 en: levfestival.com






Espacio reservado para publicidad
Parece que estás usando un complemento para bloquear la publicidad.
Nos esforzamos por mostrar publicidad que sea relevante para ti de la forma menos intrusiva posible.
Por favor, ¡considera añadir nuestra página a la lista de excepciones de tu bloqueador de publicidad para apoyar a OCIMAG!