Estrenado en 1990 y dirigido por Jennie Livingston, “Paris Is Burning” pertenece a ese grupo de documentales atemporales que no dejan de dialogar con el presente. Un testimonio de cómo la creatividad puede convertirse en un acto de supervivencia. La película se adentra en la escena ballroom de Nueva York durante los años 80. Un ecosistema construido por personas negras y latinas de la comunidad LGBTQ+ que a través del baile y la reivindicación de derechos, crearon un espacio de expresión, protección y afirmación personal donde existir con dignidad. Más allá del brillo de lentejuelas, el film retrata una época marcada por el rechazo social, la violencia, la pobreza y la devastación del sida, sin perder nunca de vista la fuerza vital de quienes protagonizan esta historia.

Houses, poses y actitud: un lenguaje secreto convertido en revolución cultural

En “Paris Is Burning”, los balls funcionan como algo más que simples competiciones de baile nocturnas: son un sistema alternativo de valores donde se evalúan la actitud, la presencia escénica, el vestuario y la capacidad de encarnar ideales que, fuera de ese espacio, resultan casi inalcanzables. En este contexto surgen las houses, auténticas familias elegidas lideradas por una mother, que ofrecen un techo, apoyo emocional y acompañamiento a jóvenes con problemas o expulsados de sus hogares por su identidad o su orientación sexual. Jennie Livingston cede la voz a sus protagonistas y construye un relato directo, sin filtros, sostenido por figuras clave como Pepper LaBeija, Dorian Corey, Willi Ninja, Venus Xtravaganza u Octavia St. Laurent, todas ellas conscientes del momento cultural que atraviesan, y poder simbólico que representan.

Cast, 1991: Back row: Angie Xtrava, Kim Pendavis, Pepper Labeija, Junior Labeija. Middle row: David Xtrava, Octavia St. Laurent, Dorian Corey, Willi Ninja. Front: Freddie Pendavis. Courtesy of Janus Films.

Es en estos espacios es donde nace el voguing, una forma de baile creada por la comunidad LGBTQ+ afroamericana y latina de Harlem a finales de los 70 y durante los 80. Inspirado en las poses angulosas de las modelos de la revista Vogue, el baile combina precisión, teatralidad y gesto editorial como forma de autoafirmación y resistencia. Lejos de imitar el poder, lo exagera y lo reescribe. En 1990, Madonna lo llevó al centro de la cultura pop con su canción y videoclip “Vogue”, amplificando globalmente una expresión que hasta entonces era underground. El fenómeno abrió debates sobre apropiación, pero también generó visibilidad, oportunidades y reconocimiento para una escena marginal que llevaba décadas creando.

Venus Xtravaganza, Brooklyn ball, Eveningwear, 1986 © Jennie Livingston
Courtesy of Janus Films
Paris is Burning
Voguer, Brooklyn ball, 1986 © Jennie Livingston

“Paris is Burning”: brillo y precariedad que abre debates

Uno de los grandes aciertos de “Paris Is Burning” es no romantizar en exceso el contexto que retrata. Junto a la energía creativa y el ingenio verbal, el documental muestra una realidad atravesada por la pobreza, las enfermedades, la violencia, el racismo y la homofobia. Las entrevistas revelan aspiraciones claras: éxito, estabilidad económica, reconocimiento social. Sueños sencillos que, para muchas de las personas retratadas, parecen casi utopías.

Con el paso del tiempo, la cinta se ha convertido en una referencia clave para entender la cultura queer contemporánea. Su influencia es visible en la moda, la música, la televisión y el lenguaje popular. Sin embargo, también ha generado debates sobre representación, apropiación cultural y el papel de quien documenta realidades ajenas. Estas tensiones forman parte de su legado y refuerzan su complejidad como obra cultural. Más que ofrecer respuestas definitivas, el documental plantea preguntas sobre quién tiene derecho a contar ciertas historias y cómo se distribuye el reconocimiento cuando una cultura marginal alcanza visibilidad global.

Courtesy of Janus Films
Paris is Burning
Courtesy of Janus Films
Paris is Burning
Courtesy of Janus Films

En los años 80, la ciudad de Nueva York dio mucho de si en ámbitos artísticos, culturales y sociales. El documental “Paris Is Burning” da fe de ello. No es solo una mirada al pasado, sino una pieza que ayuda a leer el presente. Su valor reside en haber capturado un momento en el que la creatividad y la reivindicación funcionaron como escudo y como lenguaje común. Sin grandes discursos ni artificios, la película demuestra que, bailar, vestirse y ocupar el centro de la pista fue la forma de vida en la que toda una comunidad gritaba: ¡aquí estamos!

 

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