Veinte años después de su nacimiento, LEV 2026 ha logrando algo que muy pocos festivales consiguen mantener intacto con el paso del tiempo: sorprender. O como dirían por mi tierra: encandilar. Mientras buena parte de la electrónica contemporánea parece atrapada entre la nostalgia de club y el algoritmo visual de Instagram, la cuna asturiana volvió a convertirse durante unos días en una anomalía fascinante. Una ciudad tomada por frecuencias, sombras, glitches y arquitecturas imposibles.

FESTIAL 2026

La edición del 20º aniversario no miró atrás para celebrar su legado, sino que volvió a empujar hacia delante, reivindicando el riesgo, la inmersión y la escucha atenta como formas de resistencia cultural. Un episodio muy especial que contó con la precisión quirúrgica de Alva Noto, las esculturas digitales licuadas de Ryoichi Kurokawa, la energía física de NAH o el puro contraste visual con relatos como los de Anne Horel o Sven Sauer.

LEV 2026: dos décadas explorando los límites de la creación digital

El 20º aniversario de LEV confirmó algo que el festival lleva dos décadas construyendo desde la periferia asturiana: un espacio de referencia internacional para la experimentación audiovisual, donde sonido, arquitectura, tecnología y percepción se cruzan en tiempo real. La edición de 2026 no funcionó como un ejercicio nostálgico, sino como una reafirmación de su identidad, y de seguir explorando los límites de la creación digital contemporánea.

Incluso acaparando nuestra atención con lecciones sociales expresadas de una manera distinta, desde luego originales, como ocurrió con Myriam Bleau y Pierce Warnecke demostrando el vínculo contradictorio que tenemos con las redes sociales; o Tacit Group abriendo horizontes donde el saber humano se enfrenta, por partida doble, a la IA. El coreano lo hizo con aderezos de entretenimiento (versión musical del Tetris a tres bandas muy especial) e incluso humor.

LEV 2026
Myriam Bleau y Pierce Warnecke. Fotografía de Elena de la Puente
LEV 2026
Tacit Group. Fotografía de Elena de la Puente

Brillando en la oscuridad de LEV 2026: Alva Noto, Ryoichi Kurokawa

Entre los nombres más destacados de esta edición estaba Alva Noto. El alemán presentó la pieza “HYBR:ID UNI PARA”, en el Teatro de la Laboral. El artista volvió a demostrar por qué continúa siendo una figura esencial dentro de la electrónica experimental: precisión minimalista, sincronía matemática entre audio y visuales y una puesta en escena donde la abstracción digital adquiere dimensión física. La propuesta profundiza en su investigación sobre frecuencia, repetición y percepción, construyendo un espacio hipnótico donde imagen y sonido parecen operar como un único organismo. Por momentos, incluso, fue tarea imposible mantenerse pegado al sillón. Tiró de secuencias electro muy pulsantes.

También destacó la presencia de Ryoichi Kurokawa con “nD”, una obra concebida como experiencia inmersiva total. Kurokawa trabajó sobre la idea de ruina, fragmentación y reconstrucción digital mediante arquitecturas visuales en constante transformación. Su directo osciló entre lo microscópico y lo monumental, lo orgánico y lo correoso, generando una sensación de suspensión temporal donde lo abstracto y lo material terminaban por confundirse. La actuación reforzó la histórica relación entre el artista japonés y el festival, que lo ha acompañado durante distintas etapas de su trayectoria.

LEV 2026
Alva Noto. Fotografía de Elena de la Puente
LEV 2026
Ryoichi Kurokawa. Fotografía de Elena de la Puente

Físico y radical

Dentro de las propuestas más radicales y físicas de esta edición apareció NAH, cuya aproximación al sonido llevó el cuerpo y la intensidad rítmica al límite ¿no le sangraron las manos? Su actuación diurna en el Muséu del Pueblu d’Asturies conectó noise, percusión industrial y performance desde una lógica casi ritual, introduciendo una energía abrasiva que contrastó con otras líneas más contemplativas del festival. La inclusión de NAH subrayó precisamente una de las virtudes históricas de LEV: la convivencia entre la sofisticación audiovisual y las propuestas sonoras más imprevisibles y extremas.

LEV 2026
NAH. Fotografía de Julián Rus
LEV 2026
Directo de NAH. NAH. Fotografía de Julián Rus

Umbráfono, luz que suena

Uno de los proyectos más singulares del aniversario fue “Umbráfono” de Enrique del Castillo, presentado en la recién incorporada Iglesia de la Laboral. La pieza convirtió el celuloide en materia sonora mediante lectores ópticos construidos por el propio artista, capaces de traducir luz y película analógica en sonido. Más que una performance, “Umbráfono” funcionó como una arqueología tecnológica viva: una reivindicación de lo mecánico y lo físico frente a la desmaterialización digital contemporánea. El espacio elegido —la monumental iglesia reabierta tras años de restauración— amplificó todavía más el carácter litúrgico y espectral de la propuesta. Realmente me maravilló, solo hay que ver videos y fotos donde aparezco como un ser azul ensimismado, a solo dos metros frente a él.

Enrique del Castillo. Fotografía de Elena de la Punte
Iglesia de la Laboral. Fotografía de Elena de la Punte

Abul Mogard, Corin, μ-Ziq, Jlin, Sara Muñiz

En conjunto, esta vigésima edición volvió a evidenciar la capacidad de LEV para transformar Gijón en un laboratorio expandido de multiplicidad y percepciones. Para muestra, lo heterogéneo en propuestas como las de Abul Mogard, Corin, μ-Ziq y Jlin. Mientras el primero, el versado artista italiano Abul Mogard nos atrapaba con su imponente sobriedad y manta de atmósferas y drones, Corin nos sumergía con la obra “DIWA” en sus ancestros filipinos a través del arte del kulintang -todo un símbolo de la cultura del gong-carillón- y visuales plagados de volcanes e imágenes antropomórficas.

Abul Mogard. Fotografía por Elena de la Punte
Corin. Fotografía de Elena de la Puente

Y ya con los BPM a flor de piel, el británico μ-Ziq -ese mago y visionario que es Mike Paradinas- ofreció en ‘La Nave’ innovación y motor de alta potencia para instigar al baile. Para más inri acompañado del checo -pero residente en Barcelona- Jan Moravec aka ID:Mora, dándole al espectáculo un plus de juerga con construcciones bizarras en 3D, formas divertidas, ácidas y abstractas.

La norteamericana Jlin, por su parte, se sacudió el jetlag de encima con su mejor defensa: ritmos urbanos complejos y asilvestrados. Desató su particular tormenta tribal y matemática en ese escenario techado que tanto me gusta y contrasta con el resto: el Tendayu del Muséu del Pueblu d’Asturies.

Dentro de las propuestas de LEV 2026, en el siempre pletórico de vida y verde Jardín Botánico Atlántico, me quedo con la compositora y musicóloga local Sara Muñiz. Con sencillez, maestría y cercanía demostró su pasión por la música, y por la gente, a través de las atmósferas y loops que sumaban las cuerdas de su violín. Increíble la precisión y como abría bucles interactuando con el pie desnudo.

μ-Ziq. Fotografía de Elena de la Puente
Jlin. Fotografía de Julián Rus
LEV 2026
Sara Muñiz. Fotografía de Iván Martínez
Jardín Botánico Atlántico. Fotografía de Iván Martínez

Instalaciones destacadas en LEV 2026: Sven Sauer, Anne Horel

Entre las instalaciones más sugerentes de esta edición destacó “Deviation”, del artista alemán Sven Sauer, presentada en la Colegiata del Palacio de Revillagigedo. La pieza trabajaba sobre la percepción espacial y la desorientación visual mediante haces lumínicos, estructuras geométricas y una composición sonora envolvente que transformaba el interior del templo en un entorno casi inmaterial. Una especie de deriva sensorial entre lo físico y lo digital. La instalación conectaba muy bien con una de las líneas curatoriales más visibles de este LEV 2026: el diálogo entre patrimonio arquitectónico y experimentación tecnológica contemporánea.

Muy distinta, aunque igualmente absorbente, fue “La señal está abierta”, de la artista y cineasta francesa Anne Horel, instalada en la Capilla de San Esteban del Mar del Natahoyo. La propuesta mezclaba vídeo, cultura digital, estética medieval y lenguaje pop para construir una experiencia inmersiva atravesada por la saturación visual y la hiperconectividad contemporánea. Horel utilizaba además ASMR para convertir la capilla en una especie de flujo permanente de señales. El contraste entre el espacio religioso y la iconografía digital reforzaba precisamente una de las tensiones más interesantes de la obra: cómo los nuevos entornos virtuales están redefiniendo nuestra relación con la atención, la memoria y la experiencia colectiva.

El gerundense Carles Castaño -quien pasó por la pasada edición de L.E.V. en Matadero, Madrid- presentó en la Escuela de Comercio “*****2025/…”, una experiencia de realidad mixta donde, tras colocarte las gafas de realidad virtual, te veías inmerso en un entorno de fantasía y distopía, plagado de formas y seres cuyo comportamiento no dejaba a nadie indiferente. Una nueva mirada crítica cargada de ironía hacia la sociedad actual.

Deviation, del artista alemán Sven Sauer. Fotografía de Elena de la Punte
LEV 2026
La señal está abierta de Anne Horel. Fotografía de Elena de la Punte
*****2025/ de Carles Castaño

Un festival trasformado en necesidad cultural

Destaco siempre la dimensión urbana del festival, llevando el recorrido del público más allá de los escenarios tradicionales y consolidando una de las señas de identidad del LEV: activar espacios patrimoniales de Gijón mediante nuevas formas de escucha, luz e inmersión audiovisual. Y quizá ahí también está la verdadera singularidad de la cita, no escapar del presente, sino obligarnos a reivindicarnos y a movilizarnos para conectar y comprender mejor lo que nos depara un incierto futuro. Dos décadas después, el festival LEV continúa siendo absolutamente necesario.

Texto: Bruno Garca

 

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SONORAMA RIBERA 2026

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