En un momento en el que la imagen se ha vuelto moneda corriente —autorretratos que se acumulan en las redes, rostros que pasan ante nuestros ojos a velocidad de vértigo—, resulta paradójico que los jóvenes tengan tantas herramientas para mostrarse y tan pocos lugares donde detenerse a pensar quiénes son. La exposición “Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo”, que puede verse en el CCCB hasta el 17 de mayo, se propone precisamente abrir ese espacio de pausa y reflexión.

El proyecto reúne a más de trescientos jóvenes de Cataluña, Lituania y Rumanía que han construido un retrato generacional a través de la fotografía, el cine, los textos y la música. Impulsada por la asociación cultural A Bao A Qu junto con la investigadora Érika Goyarrola y las entidades Meno Avilys (Lituania) y Contrasens (Rumanía), la muestra invierte la mirada habitual. Y es que no son los adultos quienes describen a la juventud, sino los propios jóvenes de todos estos países quienes se narran. Porque hay algo en la experiencia de tener diecisiete años que trasciende fronteras.

Una anatomía de la primera vez

¿Qué significa tener 17 años? Significa amor, pasión, ilusión y confusión también. La adolescencia se define por una intensidad eléctrica y contradictoria: la urgencia de ser alguien mientras se habita la incertidumbre más absoluta. A los 17 años, la identidad es un territorio en construcción, un equilibrio precario entre el deseo de autenticidad y el peso de la mirada ajena. Es el escenario de las primeras veces —el amor,  la decepción, la lealtad extrema de la amistad—, una etapa donde el autodescubrimiento convive con el miedo al juicio externo. En ese tránsito, la personalidad no es algo que se posee, sino algo que se busca entre el ruido de las expectativas y el silencio de las dudas propias.

Yasmina Fouia. Mireia, Àlex, Lucía i Lucía, Terrassa © A Bao A Qu – Institut Les Aimerigues
Monchi García. Adrià i Monchi, Pals © A Bao A Qu – Institut Bellvitge

“Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo”: la mirada de quien aún está construyéndose

Cuando entras en la sala -1 del CCCB, lo primero que ves son rostros. Decenas de jóvenes mirando directo a cámara, sin pose, sin filtro. No es la mirada desafiante del rebelde sin causa ni la fragilidad edulcorada del coming-of-age hollywoodiense. Es otra cosa, la mirada de quien aún está construyéndose y lo sabe. El resultado es un mosaico de experiencias. Fotografías, filmaciones y escritos se despliegan por la sala como fragmentos de un mismo relato colectivo. Lo que emerge es un territorio de inquietudes compartidas, aspiraciones y temores que atraviesan una edad que no es ni la niñez ni lo adulto, sino ese umbral donde todo está aún por decidirse.

El proyecto es fruto de un proceso de creación colectiva de dos años, en el que los estudiantes de siete institutos de Barcelona, L’Hospitalet y Terrassa han trabajado acompañados por las fotógrafas Ingrid FerrerTanit PlanaMònica Roselló y Berta Vicente Salas, además de los artistas, cineastas y dramaturgos Xavier BobésJaume Claret MuxartRaquel CorsPep GarridoMikel GurreaMartí MadaulaSergi Portabella y Jaime Puertas Castillo. Su papel, más que dirigir, ha sido facilitar herramientas para que los jóvenes construyan su propio lenguaje visual y narrativo.

Cristina Mardare. Alexandra, Timișoara. Contrasens / Júlia Giménez. Àxel, L’Hospitalet de Llobregat. Institut Bellvitge / Hajar Hannouk, Ainara Jaenada, Minerva Sedeño i Laura Sánchez. Miriam, Terrassa. Institut Les Aimerigues / Alex Sebastián. Yixin, L’Hospitalet de Llobregat. Institut Bellvitge / Zouhair Fardous, Hatim Hadioui i Abdoulie Sarr. Gouano, Barcelona / Alexia Petisco. Indira, L’Hospitalet de Llobregat. Institut Bellvitge / Aarón Pérez i Minerva Sedeño. Belit i Santino, Terrassa. Institut Les Aimerigues / Júlia Escobar. Aroa, Barcelona. Institut Doctor Puigvert / Akram El Bouchaibi. Lucía, Terrassa. Institut Les Aimerigues / Carla Pujadas, Júlia, Barcelona. Institut Doctor Puigvert. Fotografías: © A Bao A Qu

Una muestra que va más allá de la contemplación

El recorrido expositivo está concebido como un espacio habitable, no solo como un lugar de contemplación. Elementos escenográficos, lumínicos e instalativos invitan a detenerse, a escuchar conversaciones, a leer textos escritos a mano, a tumbarse en ciertos espacios, incluso a escribir mensajes para otros visitantes. No hay una dirección única, cada persona traza su propio camino.

Tras la sala inicial, una instalación sonora recoge conversaciones entre los participantes sobre temas que pesan como el futuro, la identidad, los miedos. En las siguientes salas aparecen las habitaciones propias, los paisajes del barrio, los amigos, los objetos que condensan afectos. Pequeñas pantallas intercalan vídeos y textos escritos en primera persona. Al fondo, una sala con luces tenues y una bola de discoteca proyecta un corto rodado durante una fiesta.

En medio de todo esto, como un espejo temporal, se exponen por primera vez en Barcelona las treinta fotografías que Johan van der Keuken tomó a sus amigos en 1955, cuando él también tenía diecisiete años. Aquel libro, “Wij zijn 17”, causó controversia en su momento. En aquellos tiempos las fotos de van der Keuken causaron indignación por presentar a los jóvenes no riendo o jugando, sino con una actitud introspectiva que desafiaba la imagen oficial que la sociedad esperaba de ellos. Setenta años después, ese gesto radical —la juventud hablándose a sí misma— sigue siendo el núcleo de esta exposición.

Tenemos diecisiete años
Johan van der Keuken. «Wij zijn 17» (1955). © Noshka van der Lely

Instalaciones y piezas sonoras

La muestra incluye además diversas instalaciones concebidas en colaboración con los participantes. Entre ellas destacan dos piezas sonoras de Xavier Bobés y Albert Coma, un proyecto audiovisual firmado por Martí Madaula y un mural de la ilustradora Núria Inés (Tintafina). A estas propuestas se suma una película desarrollada dentro del proyecto Cinema en curs —impulsado por A Bao A Qu— y montada junto a la cineasta Meritxell Colell.

El recorrido culmina con una instalación audiovisual que reúne composiciones musicales creadas por algunos de los jóvenes participantes y por la entidad Xamfrà. De este modo, la exposición amplía el lenguaje expositivo tradicional y construye un paisaje sensorial donde imagen, sonido y palabra dialogan entre sí.

“Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo”: la adolescencia es futuro

Quizá lo más valioso de “Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo” es lo que no hace. No intenta definir la adolescencia desde fuera. Tampoco diagnosticarla ni juzgarla. No reduce la adolescencia a un conjunto de síntomas o a un mercado. Simplemente la muestra. Y al mostrarla, desmonta los lugares comunes con los que los adultos solemos mirar a los jóvenes, como ángeles o como monstruos, nunca personas en proceso.

Lo que hace especial esta muestra no es solo la calidad de las imágenes, algo habitual en las exposiciones del museo, sino el contexto del que surgen. Y como todos fuimos adolescentes, resulta perturbador que, tras visitarla, uno no puede evitar preguntarse, ¿cuándo dejamos de tener tan claro lo que sentíamos? La exposición nos recuerda que la adolescencia no es un problema a resolver, sino una potencia a escuchar. Y que, como escribió un joven en redes, tener diecisiete años es tenerlo todo flotando. El resto, ya se sabe, es intentar que no se caiga.


“Tenemos diecisiete años. Un retrato colectivo”
Hasta el 17 de mayo de 2026 en Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB)

Texto: María Muñoz
Foto cabecera: Hajar Ahannouk, Ikhlas Daoudi, Achraf El Idrissi, Ivet Lázaro, Miriam Reyes Autorretrat al barri de Roc Blanc, Terrassa. © A Bao A Qu – Institut Les Aimerigues

 

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