Cactus ya no necesita carta de presentación. Lo que empezó como una propuesta fresca dentro del circuito valenciano se ha convertido en un proyecto sólido, reconocible y con discurso propio. Con “Backstage”, su cuarto trabajo, el grupo da un paso más allá: muestran más músculo sin perder ni un gramo de la energía que les ha llevado a conquistar escenarios y festivales. El disco publicado a través del sello Delirics funciona como una especie de celebración constante de la vida, la noche y los vínculos efímeros que la atraviesan.
Cactus: un sonido que es marca propia
Si algo queda claro en “Backstage” es que Cactus ha encontrado su lugar. La mezcla de pop electrónico, ritmos latinos y base urbana sigue siendo el eje central, pero aquí suena más cohesionada que nunca. No hay experimentos gratuitos: todo encaja dentro de una narrativa que fluye con naturalidad. Los adelantos ya marcaban el camino.
“No són com nosaltres” recupera su lado más combativo, con una actitud que bebe del hip-hop y un discurso que reivindica identidad. En cambio, “Un besito ràndom” se sitúa en el extremo opuesto: pura noche, espontaneidad y ese instante fugaz que puede cambiarlo todo. Ese equilibrio entre mensaje y fiesta es, probablemente, la clave del éxito de Cactus. No renuncian a decir cosas, pero saben que su lenguaje principal sigue siendo el cuerpo en movimiento.
Fiesta y baile como denominador común
Lo interesante de este disco es cómo convierte lo cotidiano en relato. Aquí hay amor, dudas, identidad, futuro… pero todo pasado por el filtro de una generación que vive entre la pista de baile y la incertidumbre. En ese sentido el disco es muy hedonista en canciones como “Baleària” o “La Plaça” donde colaboran Jazzwoman y Xanguito respectivamente.
Cactus entiende que la fiesta no es evasión, sino contexto. Que en medio de un beat electrónico también caben preguntas importantes. Y lo hacen sin caer en la pretensión: su tono sigue siendo directo, accesible y, sobre todo, honesto. Algo que queda reflejado en canciones como “Pals que vindran“ o el desamor tratado en “Diuen x ahí”.
“Backstage” no busca grandes respuestas, pero sí captura momentos. Y ahí es donde conecta: en lo pequeño, en lo inmediato, en lo que todos hemos vivido alguna vez. Un claro ejemplo de esto es la divertida “Noche loca en Benidorm” o la desacomplejada “Candy Crush” donde hacen equipo con Tito Pontet para crear un mestizaje latino que da más color a la propuesta., que también es muy evidente en “La Batxateta”. En el disco hay varios hits de los que podrían arrasar en cualquier verbena como puede ser “Apega’t a mi” una décima canción para cerrar el álbum por todo lo alto.
De las comarcas al foco
El proyecto nace de jóvenes artistas de las comarcas centrales valencianas, aunque con el tiempo ha evolucionado hasta consolidarse como una formación más amplia sobre el escenario, con hasta seis músicos en directo. Además, sus integrantes cuentan con experiencia previa en otros proyectos, algo que se percibe en la solidez de su propuesta.
En apenas unos años, Cactus ha pasado de ser una promesa a convertirse en uno de los nombres más destacados de la escena urbana valenciana. Su capacidad para combinar hip-hop, electrónica y actitud pop les ha permitido construir un sonido propio dentro del llamado “electrourban”. Ese crecimiento ha sido rápido, pero no improvisado. Cada paso ha servido para reforzar una identidad que ahora, en “Backstage”, se presenta completamente definida.
El directo de Cactus como verdadero hábitat de la banda
Si hay un lugar donde Cactus se siente realmente cómodo es el directo. No es casualidad que hayan cerrado festivales como Feslloc, Festivern o Festardor —este último durante dos años consecutivos—. Al igual que otros artistas de la escena urbana independiente, Cactus se consolida como una apuesta segura para el público.
La nueva gira arrancará el 28 de marzo en el Llos Festival en Aielo de Malferit (València), y continuará el 4 de abril en el XocoRock de Bocairent (València). Dos citas que servirán para comprobar cómo este nuevo repertorio se transforma sobre el escenario, donde sus canciones ganan músculo y sentido. Porque si algo define a Cactus es su capacidad de convertir cada concierto en una experiencia colectiva.
Con “Backstage”, Cactus no solo reafirma su posición dentro de la escena valenciana: la amplía. El disco no busca reinventar su fórmula, sino perfeccionarla y dotarla de mayor profundidad y matices. El resultado es un trabajo que suena a presente, pero que también apunta hacia el futuro. Un equilibrio difícil que pocas bandas consiguen mantener. Cactus lo hace sin perder frescura, sin perder pulso y, sobre todo, sin perder de vista lo que les ha traído hasta aquí: hacer que todo el mundo, al menos por un rato, quiera bailar.
Texto: Sergio Bifeis





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