Aunque ahora viva en Berlín, Chen Moscovici es un personaje central dentro de esa familia de productores que han surgido en Tel Aviv en los últimos tiempos. Como Moscoman, fue de los primeros en publicar en sellos extranjeros (su currículo incluye grabaciones para I’m A Cliché, Eskimo o ESP Institute) y en salir a pinchar por Europa, abriendo el camino a todos los que vendrían detrás. Pero es que además dirige Disco Halal, la plataforma que más ha hecho por difundir las muchas virtudes que esta joven generación atesora. Su primer disco largo, A Shot In The Light (ESP Institute, 2016), confirma además que sus capacidades como productor no paran de crecer.

Sé que naciste en Tel Aviv, pero me gustaría saber alguna cosa más sobre tus años de formación. Cuándo empezaste a estar interesado en la música, si has estudiado algo relacionado con la música, alguna epifanía particular… Puede sonar a cliché, pero siempre me he sentido vinculado a la música. No sabría decirte si hubo alguna canción concreta que despertó mi curiosidad, pero sí puedo hablarte de la primera vez que escuché algo de música electrónica: fue “Popcorn”, y estoy seguro de que era esa canción porque recuerdo quedarme hipnotizado con el sonido del Moog. He estudiado piano, guitarra y otras muchas cosas; no soy del tipo de persona que perfeccionan un solo instrumento, sino de las que prefieren tocar varios de manera decente.

Tel Aviv suena como un destino exótico para la mayoría de los europeos, pero no como un lugar en el que la música electrónica tenga demasiada importancia. ¿Crees que crecer en un entorno aislado, alejado del circuito que forman capitales como Londres, París o Berlín, te ha influido a la hora de desarrollar un lenguaje propio? Los lugares no son necesariamente una influencia, hay gente con sonidos personales en todas partes del mundo. Pero sí creo que crecer en un sitio como Israel, que no tiene nada que ver con el resto de los países de Oriente Medio, afecta necesariamente a la manera en la que vives y en la que sientes la música. Se trata de una nación compuesta por multitud de gente distinta, que llegó desde lugares de todo el mundo y se unió para formar un país nuevo, así que las matemáticas son sencillas.

¿Cómo era la escena de clubes cuando empezaste a salir y cómo ha evolucionado? Te pregunto esto porque durante mucho tiempo Israel era un lugar al que peregrinaban los aficionados al Goa trance, pero últimamente Tel Aviv parece bullir con clubes y artistas interesantes. Israel sigue siendo en general Goa trance y música mediterránea, eso no ha cambiado. Y respecto a la escena, sigue siendo muy pequeña todavía. Pero quién sabe, el mainstream cambia de manera continua y es posible que nuestro momento esté todavía por llegar, igual que ha terminado sucediendo con todos los estilos que comenzaron en el underground. En cuanto a la historia, la gente cool de Tel Aviv siempre ha escuchado punk y post punk, rock basado en guitarras y tambores, que son elementos que pueden definir nuestro estilo. Añade a lo anterior la música disco y el house, y ya tienes la progresión que nos ha llevado hasta donde estamos. Por otro lado, a medida que te haces mayor tiendes a escuchar música más lenta, quizás más inteligente, e intentas también crear algo parecido. Por último, Tel Aviv es un destino top hoy en día, puedes preguntar a cualquier DJ y te lo confirmará, y eso es así porque sabemos cómo cuidar a la gente que viene de fuera, porque la comida es la mejor del mundo (excepto, quizás, la de Japón) y porque el público vive los conciertos y las sesiones con mucha intensidad. En Tel Aviv se sale de fiesta como si no hubiera un mañana, posiblemente porque ese mañana puede no llegar.

Para terminar con este asunto, la escena local parece ser compacta y bien avenida, con la mayoría de los artistas colaborando entre sí y ayudando a crear comunidad. ¿Es esta amistad el resultado de haber construido una escena desde la nada? Por supuesto, aunque tengo que añadir que ninguno de nosotros lo entiende como una escena, porque una escena es algo que un espectador ve desde fuera, y nosotros no queremos sentirnos como actores: sólo intentamos hacer nuestro arte y, como nos queremos los unos a los otros y somos grandes amigos, hacemos cosas juntos. También trabajamos con gente de otras partes del mundo pero, claro, cuando reúnes varios nombres que provienen de un mismo lugar la cuestión parece más grande de lo que es en realidad.

Comenzaste siendo DJ antes que productor. ¿Cuándo decidiste dar el salto a producir tu propio material? ¿Era una manera de añadir toques personales a tus sesiones? La verdad es que no suelo pinchar mis propios temas. Como te he dicho antes, soy músico además de DJ, así que la transición fue sencilla. La mayor dificultad, en realidad, fue encontrar la energía suficiente para sentarme en el estudio y mantener una dinámica de trabajo. En cuanto a la diferencia entre las dos actividades, pinchar es una manera de servir y presentar música a la gente; en mi caso de hacer bailar a la gente. Y a la hora de crear música intento que también tenga algún tipo de intención, que transmita emociones.

En este sentido, es interesante señalar que siempre has grabado muchos edits. Y que por lo general, tus preferencias escapan de lo que es habitual en las pistas de baile, para centrarse en canciones que parecen difíciles a primera vista, cosas de Billy Idol, Nick Drake o Phil Collins, por ejemplo. Así que me preguntaba si te tomas esto como una manera de mejorar tus habilidades en el estudio o si es que te gusta añadir acentos freak a tus sesiones. No sabría decírtelo con seguridad, pero es posible que sí intente ponerme desafíos a mí mismo, porque cada vez que entras al estudio es como ir a la escuela: siempre aprendes algo nuevo. Pero en general grabo edits de canciones que me gusta escuchar en las sesiones de mis amigos, y aunque tengo muchos edits de temas desconocidos, también me gusta utilizar canciones que habitualmente están minusvaloradas, porque son demasiado blandas o demasiado pop, y llevarlas a mi terreno.

Tu primer EP en vinilo, Dark horse, definió tu estilo de una manera precisa: percusiones complejas, grabaciones de campo extravagantes, voces fantasmales y multitud de capas superponiéndose, todos esos elementos encajando entre sí para crear un efecto hipnótico. ¿Cómo realizas tus producciones? Suelo partir de alguna idea sencilla. Dark horse empezó a tomar forma mientras jugueteaba con mi teclado Casio: toqué algunos acordes de bajo en él, una cosa llevó a la otra y después de tres horas tenía el tema casi listo. Pero la verdad es que no existe una manera correcta de hacer un tema, lo normal es que surja a partir de algún zumbido que resuena en tu cabeza y que termina saliendo al exterior de una u otra manera.

Otra cosa muy habitual en tus temas es la presencia de sonidos y detalles que recuerdan a la música de los ochenta, en especial a la new wave. ¿Se trata de un gesto aprendido por haber tocado en bandas, digamos, “convencionales”? Nunca he tocado en bandas de pop, pero me gusta la buena música, sé cómo apreciarla y además no me considero un elitista. Los ochenta fueron buenos años, los del comienzo real de la música electrónica, aunque hubiera cosas anteriores: la música disco estaba en su mejor momento, aparecieron el house y el techno, el rock’n’roll también era más aventurero… posiblemente se trata de la última era auténtica, antes de que entráramos en esta época en la que todo es un reciclaje continuo. Hay mucha gente que surgió en esa década de la que me considero fan: desde el gótico oscuro de The Cure a The Smiths, desde Billy Idol a las fantásticas baterías que producía Phil Collins casi todo suena bien. Nosotros intentamos hacer algo parecido, aunque menos cursi.

También hay melodías y recursos habituales del pop en muchos de tus temas. Las estructuras suelen ser reconocibles como “de baile”, pero al mismo tiempo existe la sensación de estar escuchando algo parecido a una canción pop. Algo que, por cierto, también pasa con artistas cercanos a ti, como Red Axes, Autarkic o Vox Low. Es la única forma en la que sé hacerlo. Me aburro con facilidad cuando intento hacer temas funcionales para DJs, y además existen muchos productores que los hacen mucho mejor que yo. Soy una persona melódica, así que lo asumo.

Por último, es también común en tus producciones que aparezcan sonidos y fragmentos con aires orientales. Es algo que se ha convertido en moneda común por parte de muchos productores en tiempos recientes, pero que en tus manos (y en las manos de tus colegas de ciudad) suena mucho más natural, más alejado del cliché. Es todo una cuestión acerca del lugar en el que hemos crecido. Es un melting pot en el que se mezclan muchos sonidos diferentes, así que es normal que para nosotros resulte muy natural manejarlo. Tampoco es algo nuevo, lo podías escuchar en las canciones de Minimal Compact, una banda de Tel Aviv que en los ochenta ya tenía la misma onda.

Tus últimos EPs muestran un acercamiento más descarado hacia fórmulas de baile. ¿Tiene algo que ver con tu reciente mudanza a Berlín y el hecho de involucrarte más a fondo en la escena de clubes de la ciudad? Sí y no. Si pinchas más a menudo, es normal que te entren más ganas de crear temas que puedan funcionar en la pista de baile. Pero no es lo único que hago.

De hecho tu primer disco, A shot in the light, parece pensado antes para escuchar en casa que en el club. Hay temas que se pueden bailar, por supuesto, pero a mí me da la impresión de que funciona en conjunto, como si fuera una especie de viaje. Creo que se puede pinchar desde el primer hasta el último tema, pero que al mismo tiempo se puede escuchar en casa. Desde luego, esas eran las ideas con las que lo hice, así que me alegra ver que de algún modo lo he conseguido. Pero tampoco quiero explicar muy a fondo los conceptos que hay detrás del disco: en tu pregunta tienes tu respuesta.

Para terminar la entrevista, me gustaría hablar de tu sello, Disco Halal. Aunque vives en Berlín, el sello sigue teniendo la vista puesta en Tel Aviv. ¿Cómo ha ido evolucionando? Comenzó siendo algo que compartía con mis amigos, por eso estaba centrado en bandas y artistas de la ciudad, pero poco a poco está mirando hacia otras partes del mundo. Como todo lo que suelo hacer, ha crecido de una manera orgánica. Lo utilizo para publicar música que me gusta, hecha por gente a la que respeto, como Autarkic, Naduve, Simple Simmetry o muchos otros que se incorporarán a la familia en 2017. Así que, aunque me gustaría decir que es un sello cien por cien Tel Aviv, la verdad es que cada vez es más internacional. Es para mis amigos. Si puedo ayudarles con su música, ¿por qué no hacerlo?

 

soundcloud.com/moscoman

Entrevista: Vidal Romero

Entrevista selección Jägermusic.

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